El futuro de la Antártida está en juego

El futuro de la Antártida está en juego

El futuro de la conservación antártica está en juego. Veinticuatro países y la Unión Europea se reunirán esta semana en Hobart, Australia, con el objetivo de votar sobre una propuesta para extender la protección de los océanos alrededor del Polo Sur. Tras varios intentos fallidos, hay importantes intereses geopolíticos en juego.

Por Fermín Koop

29 de octubre de 2018

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El futuro de la conservación antártica está en juego. Veinticuatro países y la Unión Europea se reunirán esta semana en Hobart, Australia, con el objetivo de votar sobre una propuesta para extender la protección de los océanos alrededor del Polo Sur. Tras varios intentos fallidos, hay importantes intereses geopolíticos en juego.

La Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), una organización internacional que regula el uso de recursos en la Antártida acordó en el 2002 la creación de una red de áreas marinas protegidas (AMP), en línea con la recomendación de científicos, ambientalistas y la sociedad civil a nivel global de proteger el 30% del océano para el 2030.

“La Antártida es la última frontera donde aún no ha llegado la explotación de los recursos naturales a nivel industrial”, dijo Milko Schvartzman, especialista argentino en conservación marina. Argentina es una de las siete naciones que mantiene un reclamo territorial sobre la Península Antártica. También tiene la mayoría de las bases y personal localizado en la zona.

“Es uno de los pocos lugares en el mundo que no ha sido afectado por la actividad humana y por esta razón es esencial para la investigación científica”, agregó Schvartzman.

Sin embargo, hasta ahora el progreso ha sido lento. En el 2009, los estados miembros de la CCRVMA acordaron la primera área marina protegida, que cubre 94,000 kilómetros cuadrados al sur de las Islas Orcadas del Sur. Luego, en 2016, la Comisión llegó a los titulares cuando negoció con éxito el parque marino más grande del mundo, cubriendo 1,55 millones de kilómetros cuadrados en el Mar de Ross.

Estos logros generaron esperanzas de avances similares durante las consecuentes reuniones anuales, que buscan expandir las actuales AMPs y crear otras nuevas. Pero las discusiones se prolongaron. Los países se han opuesto a la extensión de las AMPs, afirmando su derecho de acceso a aguas ricas en kril y otros recursos como minerales y petróleo.

Foto: Reeve Jolliff
Foto: Reeve Jolliff

Las propuestas

Hay tres propuestas sobre la mesa en el marco de las conversaciones que se llevarán adelante este año. Cada una es distinta y con diferentes esperanzas de avance.

La propuesta más antigua es la de proteger tres grandes bloques de océano y fondo marino a lo largo de la Antártida Oriental, en una zona rica en corales de agua fría y en los campos de forrajeo de pingüinos. En las conversaciones de la CCRVMA esta fue una iniciativa que se ha discutido durante seis años consecutivos, pero sin lograr ningún progreso significativo.

Con los años, la propuesta se ha reducido. Inicialmente, se propusieron siete áreas que cubren 1.9 millones de kilómetros cuadrados de océano; esto se disminuyó a tres áreas que cubren 1 millón de kilómetros cuadrados. Protegerá ecosistemas y características únicas, incluidos los sitios donde se forma el agua del fondo antártico (esta es el agua más fría del océano, la cual posee una influencia considerable sobre cómo se mueven las corrientes).

La segunda propuesta (ahora en discusión  en el comité científico, constituyendo una etapa previa antes de su tratamiento en comisión), es crear un AMP de 1,8 millones de kilómetros cuadrados en el área del Mar de Weddell y adyacente a la Península Antártica. En el caso de crearse, sería la reserva natural más grande del mundo.

El AMP de Weddell fue presentado originalmente por la UE y desde entonces ha ganado el apoyo de varios países. Greenpeace lanzó una campaña con el objetivo de presionar a los gobiernos para que la aprobaran y obtuvo el apoyo de dos millones de personas. Se espera que la propuesta llegue a la comisión este año, donde se discutirá su aprobación.

“Esto crearía un refugio seguro para los pingüinos, las ballenas y el krill, salvaguardando su entorno”, dijo Louisa Casson, activista sénior de océanos en Greenpeace. “El mar de Weddell es uno de los lugares más prístinos del planeta. Tenemos la oportunidad de protegerlo antes de que se genere algún tipo de daño “.

Finalmente, Argentina y Chile han trabajado de forma conjunta en una propuesta para crear un AMP al oeste de la Península Antártica. Se encuentra en una etapa temprana y se presentará al comité científico en la reunión de este año. El área es particularmente vulnerable a los impactos del turismo, la actividad pesquera y el calentamiento global.

“Es el área de la Antártida y el mundo más afectado por el calentamiento global. Ha habido una disminución masiva en la cantidad de hielo. La Antártida es el centro de la pesca de krill”, dijo Rodolfo Werner, asesor principal de la Coalición Antártica y Océano Austral (ASOC), que ha asistido a las reuniones de la CCRVMA durante más de diez años.

¿Qué es lo que está en juego?

La falta de extensión de las AMPs en la Antártida podría generar graves consecuencias para sus ecosistemas, concuerdan los expertos, especialmente considerando que después del 2048 se espera que el protocolo ambiental actual y vigente que prohíbe la minería (el Tratado Antártico) sea revisado.

Los geólogos estiman que la Antártida posee al menos 36 mil millones de barriles de petróleo y gas natural, aunque las evaluaciones varían ampliamente. Una combinación de cambio climático y pesca a escala industrial ya está amenazando a la población de kril en las aguas antárticas. La población de pingüinos podría disminuir en casi un tercio hacia fines de siglo debido a los cambios en el kril, cuyo tamaño podría reducirse hasta en un 40 por ciento.

Las poblaciones de krill ya han disminuido en un 80% desde la década de 1970, gracias a una expansión de la industria de pesca de kril, que se prevé que crezca en el orden del 12% anual en los próximos tres años.

Al mismo tiempo, se registró una tendencia alcista en el turismo en la Antártida desde el 2011, con 41,966 personas que llegaron durante el período 2017-2018, significando un crecimiento del 16 por ciento en comparación con el período anterior, según la Asociación Internacional de Operadores de Turismo en la Antártida (IAATO). Todo ello ejerciendo una enorme presión sobre la biodiversidad en la zona.

Resultados probables

Existen sentimientos encontrados entre los expertos consultados por chinadialogue. Algunos tienen la esperanza de que se aprueben las nuevas protecciones, mientras que otros son más escépticos.

Para Mike Walker, coordinador para Europa de ASOC, quien trabajó en la campaña del Mar de Ross, la reunión de este año “se encuentra en una mejor posición” que la del año pasado, gracias a los esfuerzos diplomáticos realizados durante su preparación.

En cambio, para Mariano Aguas, jefe del programa antártico de la ONG argentina Vida Silvestre, “no habrá mucho progreso” debido a las diferentes posiciones de los países.

“La CCRVMA arriesga su reputación si no realiza ningún avance durante este año”, dijo Andrea Kavanagh, directora de trabajo antártico de Pew y Océano Austral. “Prometieron tener una red de AMPs para preservar la biodiversidad en el área. Si no pueden hacer eso ponen en tela de juicio cuáles son sus prioridades “.

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Posiciones de los países

Bajo las reglas de la CCRVMA, los 25 miembros de la comisión -24 países y la Unión Europea- deben acordar la adopción de una propuesta. La necesidad de un consenso universal ha generado que el progreso sea especialmente desafiante, dados los diferentes intereses entre los países negociadores.

Se reduce a un debate entre los países principalmente occidentales que buscan establecer AMPs de protección absoluta (donde las industrias vinculadas a la pesca, minería, perforación y otras industrias extractivas estén prohibidas), y aquellos países que desean mantener los derechos de pesca y otras formas de extracción, como China y Rusia, según afirmó el Dr. Nengye Liu, profesor titular de la Universidad de Adelaide.

“El debate es entre la pesca y los estados de conservación. Ha habido un cambio entre los países desarrollados que están presionando para que no haya actividad en las AMPs. “Esto no ha sucedido todavía en China, que se ha convertido en el mayor productor de pesca marina del mundo en la última década”, dijo.

“China está avanzando hacia una pesca sostenible, lo cual significa que quieren seguir pescando en el futuro”, agregó el profesor.

China comenzó a pescar krill antártico en el 2009 y ha ampliado rápidamente sus actividades. Junto con Noruega y Corea del Sur, se encuentran entre las mayores naciones pesqueras de krill antártico, con Noruega a la cabeza en términos de capacidad de captura y procesamiento, y China en el número de embarcaciones.

En 2017, el decimotercer Plan Quinquenal de China, destinado a la tecnología de la industria pesquera, requería que el país aumentara su capacidad de pesca y procesamiento de kril. Pero un libro blanco sobre la actividad de China en la Antártida, publicado el mismo año por la Administración Estatal Oceánica, incluía la protección del medio ambiente como un principio clave.

“China no se opone a las AMPs, pero quieren tener más tiempo para poder pensar en ello”, dijo Jiliang Chen, investigador de Greenovation Hub y especialista en la política antártica de China.

“Hay un acuerdo general de que debe establecerse una red, pero los países pesqueros (como China) tienen más preocupaciones”.

Un estudio realizado por Greenpeace analizó los movimientos de los barcos de pesca de kril en la región y descubrió que operaban cada vez más “en las inmediaciones de las colonias de pingüinos y zonas de alimentación de ballenas”. También resaltó el gran número de incidentes de barcos de pesca involucrados en aterrizajes, derrames de petróleo y accidentes.

Reconociendo su rol, un grupo de compañías responsables del 85% de la pesca de kril en aguas antárticas anunció una “parada voluntaria y permanente” para sus operaciones en áreas claves, incluidas las “zonas de amortiguamiento” alrededor de los criaderos de pingüinos. La medida había presionado a los gobiernos para que actuaran más rápido en la AMP.

Los expertos concuerdan en que las reservas marinas antárticas ofrecen una oportunidad única para conservar y estudiar áreas naturales que en gran parte se encuentran intactas. Aunque el estado de la AMP hace poco para evitar los efectos del cambio climático, puede ayudar a garantizar que las otras actividades no exacerben los impactos.

Al mismo tiempo, los parques marinos antárticos forman parte de un esfuerzo internacional más amplio para proteger el 10% de los océanos del mundo en AMPs para 2020, un objetivo desafiante considerando que menos del 4% está protegido.

“Mirando hacia atrás, se ha avanzado mucho. Lleva mucho tiempo, pero así es como funciona “, dijo Kavanagh.

“Los países que sólo se preocupaban por la pesca ahora están asumiendo compromisos. Rusia ha hecho un gran trabajo en áreas protegidas en el Ártico. China está realmente preocupada por el cambio climático. Hay muchas razones para tener esperanza y ser positivo.”

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La apuesta de Argentina a imitar el boom del salmón de Chile choca con los ambientalistas

La apuesta de Argentina a imitar el boom del salmón de Chile choca con los ambientalistas

Cuestionan el modelo de producción y el impacto en la biodiversidad. El interés de Argentina y Chile en expandir la producción es en respuesta a una mayor demanda, en particular desde China. Argentina comenzó estudios de factibilidad para iniciar la producción en el país, específicamente en el Canal de Beagle, en Tierra del Fuego.

Por Fermin Koop

5 de septiembre de 2018

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Luego de la rápida expansión en Chile, Argentina quiere avanzar en la instalación de granjas de salmón en la Patagonia. El proyecto, en una etapa de pruebas, es cuestionado por organizaciones ambientales por su modelo de producción e impactos en la biodiversidad.

El interés de los países del Cono Sur en la industria salmonera llega en respuesta a una mayor demanda del producto en diversas partes del mundo, entre ellas China. El gigante asiático es el mercado que más ha crecido para el salmón chileno, duplicando en el primer semestre del año la cantidad exportada, de acuerdo a cifras oficiales.

“China es un mercado muy relevante y somos optimistas de que va a seguir creciendo. El consumo está en aumento y el salmón ya es parte de su dieta. Hace muchos años estábamos esperando que esto ocurriera”, sostuvo Arturo Clement, presidente de SalmonChile, cámara que agrupa a las empresas productoras de Chile.

Argentina impulsa la industria del salmón

Con miras a dicho interés, Argentina comenzó estudios de factibilidad para iniciar la producción en el país, específicamente en el Canal de Beagle, en Tierra del Fuego. El primer paso será evaluar los sitios potencialmente adecuados para la producción, de acuerdo a voceros de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura.

Pero dichos estudios son vistos como una mera formalidad para especialistas en biodiversidad y organizaciones ambientales, que vienen siguiendo hace años el interés de expandir la producción en la Patagonia.

Su desarrollo, aseguran los expertos consultados, viola el Convenio de Diversidad Biológica, un acuerdo internacional firmado por Argentina y Chile que prohíbe la introducción de especies exóticas como el salmón.

“Hay grandes chances de que se instalen las salmoneras. Tienen el capital y los inversionistas interesados. Estamos sumamente preocupados: avanzar con su desarrollo provocaría daños irreversibles al ambiente”, sostuvo Alexandra Sapoznikow, coordinadora del Foro para la Conservación del Mar Patagónico y Áreas de Influencia.

Organismos invertebrados únicos de la región, como corales de agua fría y esponjas, se verían afectados por la introducción de esta especie, afirman especialistas.

En Chile y Noruega, principales productores mundiales de salmón, los pescados viven a base de alimento balanceado a base de harina de soja y gran parte de este termina en el fondo marino, generando exceso de nutrientes y baja cantidad de oxígeno en el mar.

“Cada jaula contiene entre 30.000 y 50.00 salmones, los cuales defecan todo el día y contaminan el mar. Las feces se descomponen y producen nitrógeno y oxígeno, alterando la calidad del agua y y favoreciendo el desarrollo de algas”, sostuvo Juan Carlos Cárdenas, director de la ONG chileana Ecoceanos.

Además, los salmones frecuentemente se escapan de las jaulas y amenazan los pescados nativos.

“El salmón no es una especie nativa y eso trae problemas. Como es carnívoro, devora a otras especies alrededor y compite con ellas”, afirmó Estefanía González, coordinadora de Océanos en Greenpeace Chile. “La Patagonia tiene condiciones geográficas únicas y una gran diversidad ambiental. Una actividad industrial e intensiva de una especie exótica no es compatible con esa diversidad”.

Argentina y Chile podrían aprender mucho de sus experiencias pasadas. Un siglo atrás, ambos introdujeron la trucha a los ríos patagónicos, principalmente para pesca deportiva. Sin embargo, la reproducción descontrolada llevó a que los números de la especie invasiva crecieran rapidamente, generando impactos devastadores en los ecosistemas acuáticos locales.

Chile, el mayor productor regional

La mayor parte del salmón rosado que se come hoy en América Latina proviene de criaderos chilenos. El país trasandino exporta principalmente dos especies: Salmon salar (más conocido como salmón del Atlántico) y Salmon coho (también llamado salmón del Pacífico).

Las cifras oficiales marcan que Chile exporta 820.000 toneladas de salmón por año al mundo, que representan unos u$s 4.700 millones de dólares. Estados Unidos, Japón, Brasil y Rusia son los mayores destinos de exportación, con un rol creciente de China, habiendo enviado 24.000 toneladas al gigante asiático en la primera mitad del año.

Se espera que las exportaciones chilenas a China crezcan todavía más de la mano de un mayor consumo de productos de mar. China actualmente consume 37% de la producción global de productos de mar, una cifra que superará el 50% en la próxima década. Sin embargo, hay una relación inversa con la calidad de la comida importada.

“Chile ofrece un salmón más económico y de peor calidad que el noruego. Sus ventas a los mercados más exigentes como Estados Unidos están cayendo, mientras que las exportaciones a los países con reglas más débiles no paran de crecer”, sostuvo Alex Muñoz, director para América Latina de la iniciativa Océanos Prístinos de National Geographic.

Diversas prácticas utilizadas en la producción de salmón son frecuentemente cuestionadas por especialistas.

Por ejemplo, las jaulas de producción están rodeadas de redes con pinturas en base a metales pesados como el cobre, para así evitar que se adhieran organismos marinos. Dichas sustancias son altamente tóxicas y dañinas para la biodiversidad.

Al mismo tiempo, se utilizan colorantes para que la carne del salmón sea rosada, ya que en realidad al producirlo de manera industrial la carne es de color blanco. El salmón silvestre se alimenta de camarones y cangrejos y eso es lo que le da su particular color.

Consumo de antibióticos

La producción industrial de salmón puede significar problemas para la biodiversidad, pero también para los consumidores, expuestos a los altos niveles de antibióticos que se usan en la producción.

Oceana, una ONG chilena, estima que por peso, Chile usa alrededor de 700 veces más antibióticos que Noruega para producir salmón. Mientras que Chile produjo 727.8 toneladas de salmón usando 382.5 toneladas de antibióticos en 2016, el último año del que se tiene información, Noruega produjo casi el doble (1.233 toneladas) usando 523 kilos, o media tonelada, de antibióticos.

De acuerdo con la cámara salmonera chilena, el salmón llega a los consumidores sin antibióticos, los cuales se usan como promotores de crecimiento y no de manera preventiva.

El productor debe respetar un período de carencia, es decir, dejar pasar un lapso para que el pez metabolice el químico y lo elimine de su cuerpo. Sin embargo, esto no ocurre en todos los casos y los antibióticos a través de la ingesta de salmón pueden generar resistencia a los mismos.

Es por ello que la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) han pedido a las empresas que utilicen los antibióticos de manera responsable.

“Se usa una cantidad exorbitante de antibióticos y no hay regulaciones que controlen su uso. La industria le da antibióticos a salmones sanos para evitar que se enfermen”, sostuvo Cárdenas.

China comenzó a importar salmón chileno luego de un conflicto diplomático de más de cinco años con Noruega. Mientras tanto, las preocupaciones acerca de la seguridad alimenticia crecieron en el país asiático, considerando las nuevas regulaciones que autorizaron categorizar y vender a la trucha como salmón.

Pero mientras que Chile y Argentina buscan capitalizar el crecimiento del consumo del salmón y las reglas flexibles de China, en otras partes del mundo las importaciones están cayendo.

Grandes cadenas de supermercados de Estados Unidos y Canadá han rechazado en los últimos años las importaciones de salmón de Chile por su alta cantidad de antibióticos. El caso del estado de Washington, en Estados Unidos, es el más reciente respecto a la prohibición instalar centros de cultivo.

Para Muñoz, ignorar todo esto generaría un desastre ambiental.

“La Patagonia argentina es uno de los últimos ecosistemas salvajes y prístinos del mundo. Argentina cometería un error histórico si desarrolla la salmonicultura. Es una especie exótica e invasora que genera un problema ambiental difícil de resolver”

Fermin Koop en Diálogo Chino | Foto: Martin Bernetti – AFP

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