Rodrigo Fresán: “Ser lector implica una disciplina tan rigurosa como la de ser escritor”

Rodrigo Fresán: “Ser lector implica una disciplina tan rigurosa como la de ser escritor”

El escritor argentino residente en Barcelona visitó el país para participar del FILBA y conversó con Red/Acción. La literatura, la situación política y cultural del país, y esa inentendible pasión por Crepúsculo, en los ojos de uno de los mejores escritores de nuestro país.

Por Joaquín Sánchez Mariño

29 de octubre de 2018

Rodrigo Fresán 001







Malas maneras de conocer a un escritor: poner su nombre en Google, leer solapas o reseñas, hacer caso a carteles en la calle. Buenas maneras: de casualidad, eligiendo un completo desconocido para hacerse el anti sistema, leer un escritor recomendado de manera insistente por otro escritor que ya conocimos y nos gusta.

Si ponemos Rodrigo Fresán en Google aparecen algunas fotos, el dato de que nació el 18 de julio de 1963, y la siguiente leyenda: “Rodrigo Fresán es un escritor y periodista argentino”. Poco dice de sus libros. En lo personal lo conocí leyendo a Roberto Bolaño, que hablaba de él como el tipo vivo que más libros había leído en el mundo (incluso más que el mismo Bolaño).

Como soy el autor del manual de buenas prácticas para conocer a un escritor que improvisé tres párrafos arriba, me arrojé sobre el primer libro que encontré de Fresán con devoción. Se trata de Historia Argentina, un volumen de cuentos que publicó a principios de los ‘90. Fresán tenía por entonces 27 años y de la noche a la mañana se convirtió en la estrella literaria del país. El libro se hizo líder en ventas y todo cambió para siempre. ¿Era un libro fácil? No. ¿Se hablaba de vampiros o de algún crimen nórdico? No. Era −es− un libro rarísimo, entre hermenéutico y pop, ágil e indefinible. Va extracto de solapa: “Con su primer libro (que contiene, dice, el germen de todos los libros posteriores), Rodrigo Fresán causó conmoción y fue considerado el abanderado de la llamada ‘joven narrativa argentina'”.

Otro extracto, acaso más representativo: “Aparecidos, desaparecidos, desaparecedores profesionales y amateurs, Mickey Mouse, Eva Perón, golpes de Estado, estados depresivos, Estados Unidos, tiempo tormentoso, truenos y rayos”.

Como fuera, yo no lo leí por eso sino por las palabras de Bolaño. No fallé: la impresión que me causó fue tal que diez años después de aquel descubrimiento supe que venía al FILBA (Festival Internacional de Literatura) y quise entrevistarlo. Así lo hice.

En el medio, de aquel prodigio a hoy, Fresán escribió Vidas de santos, La velocidad de las cosas, Mantra, Jardines de Kensington y El fondo del cielo. Se fue a vivir a Barcelona (ahí conoció a Bolaño, justamente), y este año ganó los premios Roger Caillois a su trayectoria (en Francia), y el Best Translated Book Award a la mejor novela extranjera (en Estados Unidos), por las dos primeras partes de una trilogía de más de 2 mil páginas: La parte Inventada (2014), La parte soñada (2017) y resta salir La parte recordada (que se publica en octubre del 2019).

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-¿Cómo te llevás con los premios?
-Me llevo genial porque nunca me presenté a ninguno. Los premios que tuve son premios que me los dieron, no premios en los que uno elige concursar. Los premios apetitosos son generalmente a manuscritos inéditos compitiendo con otros manuscritos inéditos, y a mí me parece mucho más lícito y honesto que compitan libros que ya están editados. En los otros premios siempre hay deseos de una editorial de captarte, de llevarte a otro lado… No pienso en eso para nada.

-¿Cómo ves la situación cultural del país? La discusión literaria sobre todo.
-No tengo gran conciencia. No me preocupa. Me parece que la discusión literaria generalmente no es un tema de escritores. Es de gente que está alrededor del mundo de la literatura. Y tampoco me preocupa la realidad siquiera. En ese sentido yo soy muy nabokoviano: creo que la realidad está sobrevalorada y si escribo es justamente para no tener a la Argentina unida a cierta idea de lo que es la literatura. En mis libros la Argentina aparece siempre con una fórmula que es “mi inexistente país de origen”, que ya es una declaración de intenciones de por sí, ya desde el primer libro.

-¿Cuándo te fuiste a vivir a España?
-A principios del ‘99. Volví en el 2002 en plena crisis, cuando salió Mantra. Y después pasé 12 años sin volver. Cuando volví en el 2002 fue como volver en el apocalipsis. La siguiente vez fue como volver en el post apocalipsis supongo.

-Y ahora volviste en el apocalipsis otra vez.
-Sí, pero la Argentina tiene como un signo de catástrofe permanente también, ¿no? Te podés perder varios capítulos de la serie que igual vas a saber lo que pasó.

-Me pregunto cómo era la Argentina en la que vos te formaste como escritor y cómo es la Argentina en la que hoy se están formando los escritores jóvenes.
-En la de hoy no lo sé porque no tengo acceso al circuito. Hay una cosa que antes no había, que es la cantidad de editoriales independientes. Es algo que me parece bastante envidiable. Ahora hay una idea de editorial joven y de escritor joven, cosa que antes no. Cuando yo publiqué por primera vez no existía el concepto de escritor joven. Podían haber escritores jóvenes, sin dudas, estaban Alan (Pauls), y Daniel (Guebel) y Martín (Caparrós), que habían sido jóvenes unos años antes y seguían siendo considerados así, pero no había una conciencia de la juventud de ser escritor. Éramos gente con una determinada edad cronológica que escribíamos. Hoy es un concepto más marcado.

-¿Ves con buenos ojos que hoy se publique tanto?
-¿Se publica mucho?

-En términos de bibliodiversidad sí. Los números indican que se imprimen menos ejemplares pero se publican más títulos.
-Me parece bien. Estadísticamente cuanto más se publique más buenos libros pueden aparecer.

-Pero el lector que va a la librería más posibilidades de pifiarla tiene.
-Pero ser lector implica una disciplina tan rigurosa como la de ser escritor. Me parece que un lector tiene que trabajar un poco.

-En el mercado está esta idea de que no, de que un libro difícil es un demérito del escritor.
-¿Qué es un libro difícil?

-La Historia, de Caparrós por ejemplo. La broma infinita, de Foster Wallace. El Ulises de Joyce. Libros exigentes.
-A mi me parece más difícil leer un libro malo que leer un libro bueno. Qué sé yo, la idea de la dificultad es muy ambigua también. Es como cuando te dicen: es una persona muy simpática… Eso puede significar muchas cosas.

-Bueno, Crepúsculo por ejemplo es un libro que leen millones…
-Crepúsculo es uno de los peores libros que hay. Yo lo leí. Yo escribo sobre libros entonces cuando se produce un fenómeno literario tengo la obligación profesional de saber qué no me va a gustar. No me puede no gustar en abstracto, no haberlo leído. Yo lo leí.

-¿Y por qué creés que pega tanto una novela como Crepúsculo y nadie lee otros libros literariamente más ambiciosos?
-Bueno, es un misterio para mi que las mismas chicas que suspiraban con Crepúsculo no hayan caído en masa sobre Cumbres Borrascosas de Emily Brönté o el Gran Gatsby, de Fitzgerald. Historias de amor malditas en la literatura está lleno.

-O también está el caso Cincuenta Sombras de Grey.
-Son fenómenos masivos de histeria. También en el rock pasa lo mismo. Que Justin Bieber se convierta en un genio de la música y que venda más que Ray Davies de los Kings… bueno, podés vivirlo como “ah, qué injusto que es el mundo”, pero siempre ha sido así. Que la gente que quiere leer Crepúsculo lo lea, pero que sea consciente de lo que se pierde. Que sepa que hay otras cosas. Si comparás los vampiros de Anne Rice de Entrevista con el vampiro con Crepúsculo…el primero es una obra maestra de la literatura.

historia argentina

-Una de las cosas interesantes del FILBA fueron los talleres. Los que fueron dados por norteamericanos estaban más apuntados al método de trabajo, a la materia de la escritura en sí, y los latinoamericanos más a la idea de la literatura, a la discusión. ¿Notás esta diferencia?
-Es que Estados Unidos tiene una tradición de workshops y de enseñanza de cómo narrar que en otros países no hay. Acá hay muchos talleres literarios pero es a un nivel más lírico poético romántico. Estados Unidos en cambio es un lugar en el que existe una carrera de escritor en el sentido de que publicás primero acá, después allá, después en el New Yorker, después sale una crítica en el New York Times… Está todo más instrumentalizado, y eso tiene su parte buena y su parte mala.

-¿Cuál es la mala?
-Que surgen tantos escritores que son todos parecidos. Cuentan la misma historia. Hay cierta uniformidad.

-Hace unos años decías que después de la infancia el único descubrimiento que le queda al ser humano es el sexo.
-Yo lo que decía es que hasta los 12 años te pasan todas las cosas que te van a pasar, que después con variaciones se van a repetir. Y generalmente el descubrimiento del sexo es la última de esa serie de novedades. Y bueno… después está la muerte.

-¿Y la paternidad? ¿No es una novedad posterior a la infancia?
-Sí, tenés razón… Bueno, pero es consecuencia del sexo. Es una versión loaded del sexo.

-Hace poco en una entrevista Alan Pauls dijo que no soportaba el lenguaje inclusivo y se armó un gran revuelo en redes. ¿Qué opinás?
-No tengo opinión. Quiero decir: nunca pensé en el tema. Y me niego a pensar para dar una respuesta. Tengo 55 años. Hay un momento en que te das cuenta de que la vida es breve y empezás a pensar que además la capacidad de pensamiento y de las neuronas también es breve, y en cualquier momento podés desarrollar una enfermedad degenerativa.

-No querés ocupar tu cabeza con temas que no elegís.
-A mi me parece bien que el lenguaje inclusivo le preocupe a alguien que fue machista y se está dando cuenta y dice: bueno, de este modo estoy pagando mis culpas. Pero yo jamás fui machista. Y me acuerdo de muchas mujeres enojándose cuando uno decía poetisa en lugar de poeta. Pero realmente son cosas en las que no pienso.

-¿Cuando escuchás un discurso que empieza con “bienvenidos todes”, ¿qué pensás?
-Inmediatamente cuando surge este tipo de poética/polémica veo a los personajes femeninos en mis libros y veo que son muy sólidos e incluso heroicos en más de un sentido. Creo que nadie me podría acusar de no tener consideración por el insondable misterio de lo femenino, por llamarlo de algún modo.

-¿Cómo es tu método de escritura?
-No tengo método. Escribo todos los días porque tengo que mandar artículos y pagar las cuentas y tengo una fecha en la que entregar los libros. Entonces desarrollé una especie de disciplina. Trabajo en mi casa y está el ordenador prendido siempre. Lo que sí cambió es mi forma de escribir: antes tenía una idea de que venían todas las tramas bien formadas y ahora vienen como frases sueltas o como despachos telegráficos a los que yo tengo que encontrarle las partes faltantes. Es más divertido y es más difícil.

Rodrigo Fresán junto a Horacio Castellanos Moya y José María Brindisi en el Filba.
Rodrigo Fresán junto a Horacio Castellanos Moya y José María Brindisi en el Filba.

-¿A qué creés que debería dedicar su día a día un escritor?
-Tiene que escribir un poco para revalidar el título, para poder decir soy escritor antes de irse a dormir digamos, ¿no? Llevo 20 años con una mujer muy enamorado de ella, me la paso genial con mi hijo, me gusta ver alguna serie de televisión, me gusta ver películas, escuchar música… y aún así estoy siempre trabajando. Quiero decir: si te dedicás a escribir seriamente y ya tenés una cantidad de libros detrás sos escritor las 24 horas del día los 7 días de la semana. Hay una parte de tu cerebro que está como una app funcionando todo el tiempo, y después tenés el resto de tu vida.

-¿Es un buen oficio? ¿Le dirías a tu hijo: “dedicate a esto”?
-Ni sí ni no. Me parece que cada vez es más difícil y además estamos viviendo un momento de fin de ciclo. Hay mucho pirateo, hay una cantidad de cosas que antes no existían. No creo que vaya a ser escritor de todos modos.

-¿Esta idea de estar las 24 horas siendo escritor no te arruina un poco la vida?
-Hay una anécdota que yo siempre la cito. En una entrevista que le hicieron no hace mucho a Ringo Star le preguntaron cómo es ser un beatle. Y Ringo se lo quedó mirando al periodista y le preguntó: ¿cómo es no ser un beatle? Dice que nunca tuvo conciencia de otra cosa. ¿Cómo es ser panadero? ¿Cómo es no ser escritor? Si existiera un botón que si yo lo apretara dejaría de ser escritor durante cuatro meses, yo lo apretaría. Funcionaría como una especie de desintoxicación para no pensar todo en términos literarios. Dejar de pensar: “esto me sirve”… Porque hay un momento en que todo te sirve. Buena parte del trabajo del escritor no pasa por que se te ocurran cosas sino por saber cuáles son las que te sirven.

-Saber cuáles son las buenas…
-Las que te sirven. Porque hay veces que las buenas no te sirven tampoco. Hay que saber tirar gente por la borda.

-¿Cuál es tu visión política del país?
-En este momento podés decir: “hizo un gesto abriendo sus manos y sonrió con una mezcla de tristeza y sorna“… No sé la verdad. Yo escribí un libro que se llamó Historia Argentina. ¿Viste cuando piden caridad y algunos dicen “yo ya dí”?… Bueno, ¡yo ya dí!

-El famoso granito de arena.
-No sé, no es una preocupación mía la Argentina. Y nunca fui un escritor comprometido con la realidad que sienta que mis libros puedan llegar a iluminar algún costado de lo que es la Argentina. Desde un punto de vista es fascinante y a veces es extenuante. Está esta cosa de siempre volver a empezar, el ritornelo. Por eso digo que el cuento es el género rey en el país, porque no hay largas distancias nunca. Y del mismo modo hay varios Maradona, hay varios Perón… No hay un largo aliento novelístico sino un breve gemido cuentístico constante.

-¿Llevás un diario?
-No. He llevado diarios muy puntuales por encargo. Escribí un diario breve sobre no poder leer Rayuela, cosa que sigo sin poder hacer. Sobre una mudanza de mi biblioteca en Barcelona.

-¿Qué estás leyendo?
-Estoy releyendo mucho a Nabokov. En este momento estoy leyendo el último libro de cuentos de Débora Aizenberg, que es una escritora norteamericana que me gusta mucho. Estoy leyendo a Suetonio también.

-¿Leés contemporáneos?
-Sí, en esta visita me compré varios libros. Empecé a leer La Comemadre de Roque Larraquy, me entusiasma bastante. Me gustó mucho el libro de Maga Etchebarne, Los mejores días. Me gustó mucho el libro de Juan Ignacio Boido, El último joven, que salió hace unos años ya por Seix Barral.

-Por último, ¿qué opinás de las últimas publicaciones de los libros póstumos de Roberto Bolaño? ¿Los leíste? Hablo de Sepulcros de Vaqueros y El espíritu de la Ciencia Ficción por ejemplo.
-Sí, los sigo leyendo todos. Soy de los que piensan qué bueno que hay algo más para leer de Bolaño, porque es un escritor de un calibre tal que siempre hay algo que te va a gustar aunque no te parezca lo mejor. Entre las cosas que se publicaron póstumas hubo algunas que me encantaron y me he sentido muy afortunado de haber podido leerlas.

-No estás en contra de que la familia publique todo lo que encuentra en sus cajones.
-No. Además Roberto estuvo muy enfermo diez años y todo el tiempo sabía que tenía una especie de espada de Damocles encima. Quiero decir: tuvo mucho tiempo y oportunidades para destruir todo lo que no le interesaba que se publicase. Si lo conservaba en cajones por algo sería. Y además es beneficio para su familia, para sus hijos… Quiero decir, con este tipo de cosas póstumas es muy sencillo: si no estás de acuerdo no lo leas. Pero no prohíbas que exista eso para gente que sí lo leería.

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Comienza la segunda temporada de la serie Si, sólo si, que integra actores con y sin discapacidad

Puede verse los domingos a las 19.30 horas en la pantalla de la TV Pública o en la plataforma Cont.ar. Actúan chicos y chicas con diferentes discapacidades, junto a figuras como Roberto Carnaghi o Soledad Silveyra.

Por Joaquín Sánchez Mariño

25 de octubre de 2018

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Comienza la nueva temporada de Si, sólo si, la serie de ficción de la TV Pública protagonizada por actores con y sin discapacidades. Es una comedia en la que se integra actores y actrices de reconocida trayectoria con otros desconocidos, algunos de los cuales tiene diferentes discapacidades. La segunda temporada cuenta la vida en una panadería que tiene que enfrentar infinitos problemas cuando justo enfrente abre otra panadería que pretende fundirlos.

Cuándo y dónde se ve. Los domingos a las 19.30 en la TV Pública. La serie también está disponible en la plataforma Cont.ar, del Sistema Federal de Medios Públicos, solo tenés que crearte un usuario gratuito. De ese modo, podés ver todos los episodios de la primera temporada y los que se vayan estrenando de la segunda, haciendo click acá.

Quiénes actúan. Uno de los principales aciertos de la serie es la integración entre figuras conocidas y desconocidas. Entre los nombres de mayor trayectoria están Roberto Carnaghi, Betiana Blum, Fabián Vena, Mirta Wons, Soledad Silveyra, Mario Pasik, Paula Kohan y Celeste Cid.

Si querés conocer más, podés entrar la página del programa o ver este video con testimonios de sus protagonistas


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Qué es “¡Háblalo!”, la app argentina que le da voz a quienes no la tienen

Qué es “¡Háblalo!”, la app argentina que le da voz a quienes no la tienen

Está presente en 45 países y la usan más de 40 mil personas con problemas auditivos o dificultades para expresarse verbalmente. La aplicación registra lo que quieren decir los usuarios y le pone voz.  Es gratis, funciona sin conexión y la creó un joven argentino de 19 años, campeón internacional de robótica.

Por Joaquín Sánchez Mariño

24 de octubre de 2018

hablalo como funciona







¿Qué es? ¡Háblalo! es una aplicación que les facilita la comunicación a las personas con problemas auditivos o con dificultades para comunicarse verbalmente. Lo que hace es traducir a voz lo que el usuario quiere decir, y luego traducir a texto lo que el interlocutor responde hablando. De esta forma permite desenvolverse en la vida cotidiana a personas con diferentes dificultades de interlocución.

¿Quiénes la pueden usar? Está pensada para que sea una app no solo inclusiva sino también accesible. Es decir, no solo es fácil de usar sino que también es gratis y no necesita de internet para funcionar, ya que en muchos casos los usuarios están en zonas vulnerables y no tienen acceso a una red. Además, para que sea más accesible aún, funciona hasta en teléfonos con seis años de antigüedad.

¿Cómo funciona? Básicamente es un puente entre el usuario y el mundo exterior. La app se baja al teléfono y su uso es intuitivo. Utiliza el mismo traductor de Google para interpretar la voz y pasarla a texto. Para más detalles pueden visitar su web. Respecto al funcionamiento, este video lo explica fácilmente.

 

¿Quién la inventó? Su creador se llama Mateo Salvatto, un chico de 19 años nacido en Buenos Aires, especialista en programación y campeón internacional de robótica en el 2016 (en el campeonato Robotraffic, organizada por la universidad israelí Technion). No es un proyecto aislado: Mateo creó Asteroid Technologies, una empresa dedicada en su mayor medida a ¡Háblalo! pero con distintos proyectos en carpeta.

¿En qué países está? Según su creador, está presente en 45 países (cada uno en su idioma), y tiene más de 40 mil usuarios. Está en los cinco continentes, pero todavía no logró entrar a China, donde hay muchas restricciones. De todas formas, Mateo expuso su app en una convención en el gigante asiático.

Mapa de los países en los que está presente la app.
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Son de Córdoba, tienen una combi, y quieren llevar el cine a todo el país

Son de Córdoba, tienen una combi, y están llevando el cine a todo el país

El proyecto se llama La Combi y fue creado por Cristian Balestro y Agustín Truccone. Ya realizaron más de 40 proyecciones en Córdoba y se preparan para llevar el proyecto al resto de las provincias. Quieren pasar un año en la ruta proyectando cine en distintos pueblos que no tienen sala.

Por Joaquín Sánchez Mariño

24 de octubre de 2018

Agustín Truccone a la izquierda, Cristian Balestro a la derecha.







Algo del orden del destino fue el primer paso. Los cordobeses Cristian Balestro y Agustín Truccone estaban de vacaciones en Cachi, Salta. Era una tarde tranquila, el comienzo de una noche silenciosa. Agarraron el equipo de cine con el que viajaban y proyectaron una película en el paredón de una capilla. Eso solo fue el primer paso: estar en Cachi y querer ver una película.

Lo que siguió les indicó el camino. “Se acercaron unos niños y tímidamente nos preguntaron si podían quedarse a verla, y los invitamos con total confianza”, cuenta Cristian. Vieron juntos la película, o más que la película, una serie de cortos animados. Al día siguiente los chicos volvieron a pasar por ahí, ya no de casualidad sino para preguntarles qué iban a pasar ese día.

¿Y qué iban a pasar ese día? No lo sabían porque no lo habían pensado. Sin embargo, los citaron a una hora como si estuviera todo previsto. Esa misma noche aparecerían no solo los chicos sino también sus padres, sus abuelos, vecinos… Una pequeña comunidad que con empanadas, pan y mates improvisaron una especie de picnic alrededor de la camioneta. Pasaron Esperando la Carroza y, con la troupe de Mamá Cora haciendo reír al pueblo, entendieron lo que tenían que hacer: “nos dimos cuenta de que debíamos hacer todo lo posible para llevar el cine a aquellas localidades que no cuentan con sala o a espacios no convencionales”.

Entonces surgió el proyecto La Combi. ¿Protagonistas? Cristian Balestro, Agustín Truccone y ella: una combi hippie Volkswagen modelo ‘86, tal como la definen sus dueños.

Agustín Truccone a la izquierda, Cristian Balestro a la derecha.
Agustín Truccone a la izquierda, Cristian Balestro a la derecha.

“Todo comenzó con las ganas de viajar y de hacer un aporte para estar un poco mejor como sociedad. La idea de viajar en una Combi siempre estuvo presente, y ante todo la idea de conocer nuestro país. Primero pensamos en llevar la propuesta de biblioteca móvil pero luego de la experiencia en Cachi supimos cuál era nuestro objetivo para un proyecto social”, explica Cristian, que en esta primera etapa del proyecto ya recorrió escuelas, hogares de ancianos y centro culturales de distintas poblaciones de Córdoba. Muchas de esas experiencias las cuentan en su web.

Estuvieron en El Diquecito, Río Ceballos, La quebrada, Unquillo, Villa Allende, Coronel Baigorria, Alcira Gigena, Río cuarto, Alpa corral, Achiras y La Carolina el Potosí. Aunque recién están en la prueba piloto, ya realizaron más de 40 proyecciones en tres meses, a las que asistieron más de 1300 personas.

“Cada presentación, cada proyección tiene su anécdota. Viajar en una Combi trae consigo innumerables historias. En los hogares de ancianos luego de la película ahora pasamos también clip musicales de la época de nuestros abuelos, y siempre hay quienes salen a bailar, inclusive en sillas de ruedas. Y como muestra de agradecimiento uno se va del lugar con besos y abrazos de casi la mayoría de los abuelos”, cuentra Cristian, que igual que Agustín renunció a su trabajo para dedicarse a este proyecto.

Su plan es salir de Córdoba y recorrer todo el país, armando un plan de ruta de acuerdo a los pedidos que reciban de los distintos poblados. Para esto, lo único que piden es difusión para poder llegar a más lugares posibles, y apoyo para achicar al mínimo los gastos, dado que se autofinancian. “Solo requerimos abastecimiento de energía eléctrica para los equipos y tal vez alguna colaboración para alivianar nuestros gastos”, explica Cristian. Si querés ayudarlos podés hacerlo acá o ponerte en contacto con ellos.


¡Contactalos!

La solución del Estado

El INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales) tiene un proyecto parecido que cumplió este año dos décadas de vida. Se trata del programa Cine Móvil, que lleva películas a lugares recónditos del país. El sistema es parecido: una camioneta, un chofer y un proyectorista viajan con el equipamiento (pantalla, proyector, parlantes), a distintos pueblos.

Para que sea realmente federal, el INCAA entregó dos camionetas con equipamiento completo a cada provincia, y es justamente la provincia quien decide el calendario de proyecciones.

Al día de hoy hay 24 camionetas en funcionamiento en todo el país. En cada función proyectan películas y documentales nacionales. Los chicos de La Combi se pusieron en contacto con el INCAA, que les envió cincuenta películas en DVD. Como el espacio de carga es limitado, tuvieron que digitalizar las películas para poder tenerlas y proyectarlas.

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El catálogo de La Combi  tiene 400 títulos entre películas y documentales. Qué proyectar en cada función se elige en conjunto con la institución donde va a suceder la proyección. “Hemos presentado películas en centros de atención terapéutica donde niños con multidiscapacidades pudieron disfrutarlas. En una pequeña población serrana al sur de Córdoba llegamos para los festejos de los 80 años de la fundación y estuvo todo el pueblo con sus reposeras. Muchos chicos nos han dicho, luego de ser la primera vez que veían una película proyectada, que querían estudiar cine. Nos preguntan cómo deben hacer y si es factible. Es todo muy gratificante”, cuenta Cristian desde Unquillo. Entonces, al tiempo que agradece la difusión, le hacemos una última pregunta:

-¿Qué le pasa a la gente que asiste a sus proyecciones?
-Cuando armamos los equipos, las caras de asombros de los niños al ver que de un aparato sale una imagen es indescriptible. En los hogares de ancianos nos suelen decir que la última vez que fueron al cine fue hace más de 15 años. Y ahí siempre comienzan relatos de anécdotas y chistes y uno queda sensibilizado. Esto nos hizo entender que además de un arte, el cine es una herramienta de transformación social en toda su amplitud.

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La historia de los atletas del primer equipo olímpico de refugiados

La historia de los atletas del primer equipo olímpico de refugiados

Compitieron en Río 2016 y llegaron a Buenos Aires para contar su experiencia en los Juegos Olímpicos de la Juventud y ayudar a visibilizar la problemática de los refugiados en el mundo.

Por Joaquín Sánchez Mariño

18 de octubre de 2018

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Cuando comenzaron los Juegos Olímpicos de la Juventud le preguntamos a nuestra comunidad qué temas querían que cubriéramos. Propusimos algunos ejes particulares que nos parecían destacables.

Uno de los temas que despertó mayor interés fue el equipo de atletas refugiados que compitió en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y llegó a nuestro país para seguir representando su causa. Muchas personas nos dijeron en redes sociales que querían saber algunas de sus historias, y en el día del cierre de los juegos, te las contamos.

Son diez deportistas de cuatro países: Sudán del Sur (uno de los países de dónde más gente está huyendo), República Democrática del Congo, Etiopía y Siria. Los eligió el Comité Olímpico Internacional junto con la ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) de entre una preselección de 50 deportistas.

En un mundo que cuenta más de 25 millones de refugiados en el mundo (de los cuales más de la mitad son chicos y chicas y dos tercios llevan al menos cinco años viviendo en esta condición), su mensaje es fundamental. Además, si contamos los refugiados internos, es decir, los que viven en campos de refugiados dentro de sus países, el número asciende a 68,5 millones.

La muestra sobre los atletas refugiados en el predio de Tecnópolis, una de las sedes de los J.J.O.O. de la Juventud.
La muestra sobre los atletas refugiados en el predio de Tecnópolis, una de las sedes de los J.J.O.O. de la Juventud.

Popole Misenga, 26 años, República Democrática del Congo

“Estoy muy contento de que los refugiados de todos los campos del mundo puedan ver a un par suyo peleando en una competencia tan grande. Es un orgullo representarlos”, dijo Popole Misenga apenas terminó su participación como judoca en los Juegos Olímpico de Río. Perdió en octavos de final, pero llevó el mensaje a lo más alto.

Tenía nueve años cuando se fue de Kisangani, zona de la República Democrática del Congo que estaba en conflicto. Fue rescatado ocho días después, ya sin su familia, y trasladado a la capital del país, Kinshasa. Allí descubrió no una vocación, sino una disciplina: “Un niño necesita una familia que le diga lo que debe hacer, pero yo no la tenía. El judo me ayudó a tener serenidad, disciplina y compromiso. Este deporte me lo ha dado todo”, dijo.

Aunque amaba el judo, su profesor lo castigaba cada vez que perdía. Lo encerraba en una caja o lo dejaba sin comida. Finalmente, luego de una competencia en Brasil en la que participó completamente privado de alimento, decidió cambiar de vida y pidió asilo ahí mismo para no volver a su país. Obtuvo el estatuto de refugiado y comenzó a entrenar con Flavio Canto, un ex deportista olímpico ganador de bronce.

¿Su mensaje? “Quiero demostrar que los refugiados pueden hacer cosas importantes”.

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Yiech Pur Biel, 23 años, Sudán del Sur

El atletismo, para Yiech Pur Biel, significó la salvación. Nació en un país en conflicto y todo juego de equipo, como todo lo que significara depender de otros, era un lastre. En el 2005 tuvo que dejar Sudán del Sur y refugiarse en Kenia. Llegó solo. Tenía apenas 10 años y su país, el más joven de África, recién estaba conformándose entre conflictos. Logró la independencia recién en el 2011. Casi desde entonces está sumido en una guerra civil. Sufre, además, una situación de hambruna. Tiene 12 millones de habitantes y una dependencia absoluta de la ayuda de la comunidad internacional.

En ese panorama, era lógico que Yiech no pensara en un juego en equipo. La supervivencia, para él, fue siempre una aventura solitaria.

“En el campamento de refugiados no hay medios ni instalaciones, ni siquiera teníamos zapatos. No hay gimnasio. Hasta el tiempo está en nuestra contra, desde muy temprano en la mañana y hasta la tarde es muy caliente y soleado”, recuerda sobre su tiempo en el campo de refugiados de Kenia.

Su vida cambió cuando lo eligieron para ser parte del primer Equipo Olímpico de Atletas Refugiados. Le dieron medios de entrenamiento adecuados y se preparó para la alta competencia.

“Lo hago por mi país, porque nosotros, la gente joven, somos los que podemos cambiarlo”, dijo en su momento. “Y lo hago por mis padres, porque necesito cambiarles la vida”. Vino al país como bandera, para que su historia inspire a los jóvenes y siga visibilizando el conflicto de los refugiados en el mundo. Compitió en los Juegos Olímpicos de Río de 2016, en la categoría 800 metros llanos. Aunque quedó último, la historia dicta que fue el primero.

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Rami Anis, 27 años, Siria

Empezó a entrenar natación en Alepo. Para muchos, el nombre de la ciudad es apenas la imagen de una polvareda y noticias de constantes bombardeos. Fue un enclave fundamental en la lucha contra el ISIS, en Siria. Pasó de ser la ciudad más poblada del país a convertirse en un conjunto de escombros en recuperación. Para Rami Anis sin embargo sigue siendo el lugar en el que aprendió a nadar.

Cuando comenzaron los bombardeos, lo mandaron a Turquía a vivir con su hermano mayor. Pensó que iría por unos meses y volvería. En cambio, se quedó años. En la valija tenía apenas dos camperas, dos camisetas y dos pantalones. Siguió practicando natación, pero como era extranjero, nunca pudo competir. “Es como si alguien estudiara, estudiara y estudiara, pero luego no pudiera presentarse al examen”, dice en una entrevista con la ACNUR.

Se mudó a Gante, Bélgica, y empezó a entrenar 9 veces a la semana con la ex nadadora olímpica Carine Verbauwen. “La natación es mi vida”, dice. Compitió en Río por los 100 metros libres (terminó en el puesto 56), y por los 100 metros estilo mariposa (terminó número 40). Retrató su paso por Buenos Aires en su cuenta de Instagram, donde posó junto a su compatriota y compañera de equipo Yusra Mardini. Lo hizo, por supuesto, delante de una pileta.

Ver esta publicación en Instagram

Enjoying the youth olympic games with my teammate @mardiniysra #buenosaires2018 #youtholympics

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Yusra Mardini, 20 años, Siria

Llegó a Grecia nadando. Partió en una embarcación junto a 20 personas desde Damasco, capital de Siria, pero cuando se acercaban a la costa griega la balsa comenzó a llenarse de agua. Junto a su hermana se arrojaron al agua y empezaron empujarla nadando. Gracias a ella, llegaron a salvo a la isla griega de Lesbos.

Luego de marchar por varios países y pedir asilo, llegó a Alemania en septiembre de 2015. Comenzó a entrenarse en Berlín, como si su vida no fuera ya suficiente entrenamiento. Habrá nadadores más rápidos sin dudas, los hubo en los juegos olímpicos de Río, donde Yusra terminó entre los últimos puestos. ¿Pero comprenderá alguien mejor que ella lo que verdaderamente significa nadar?

“Quiero representar a todos los refugiados porque quiero demostrar a todo el mundo que, tras el dolor, tras la tormenta, llega la calma”, dice. “Quiero servirles de inspiración”.

yasna mardini

Todas las historias de los deportistas que completan el equipo olímpico de refugiados son increíbles. Vale mencionar sus nombres: Yolande Mabika (República Democrática del Congo), Paulo Amotun Lokoro (Sudán del Sur), Rose Nathike Lokonyen (Sudán del Sur), Yonas Kinde (Etiopía), Anjelina Nadai Lohalith (Sudán del Sur) y James Nyang Chiengjiek (Sudán del Sur).

La vida de cada uno de ellos se trata de cómo en un mundo equivocado florece la resiliencia. El presidente del Comité Olímpico Internacional, el alemán Thomas Bach, dijo que este equipo no debería existir, porque no deberían existir los refugiados. Sin embargo, acaba de ser anunciado que en Tokio 2020 habrá una nueva formación de atletas que huyeron de sus países.

¿No debería existir? Los historias acá contadas demuestran lo contrario. Bien por el mundo, cuando pone en primera plana eso que lo incomoda. Bien por el mundo cuando empieza a imaginar soluciones sin bandera.

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Basado en Hechos Reales: se presentó la programación de la gran fiesta del periodismo

Basado en Hechos Reales: 10 invitados internacionales y 50 argentinos en la gran fiesta de la No Ficción

La segunda edición del festival dedicado al periodismo narrativo, la crónica y la no ficción se realizará el 1, 2 y 3 de noviembre en el CCK. Habrá invitados nacionales e internacionales que darán charlas y talleres. La biógrafa de Malala Yousafzai será una de las estrellas.

Por Joaquín Sánchez Mariño

16 de octubre de 2018

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Qué pasó. Se presentó la segunda edición del Festival Basado en Hechos Reales, que reúne en 3 días a lo mejor del periodismo narrativo y la no ficción. Será el 1, 2 y 3 de noviembre en el CCK, con entrada gratuita y una amplia agenda de actividades. Habrá invitados nacionales y grandes figuras del periodismo mundial.

Entre charlas, talleres, muestras de fotos y proyección de documentales, habrá más de 35 actividades que se pueden ver en la programación completa.

Por qué es importante. Organizado de manera autogestiva por periodistas y gestores culturales, es el primer festival argentino dedicado a uno de los géneros que, en términos de mercado editorial, más está creciendo en nuestro país y en el mundo. El año pasado asistieron a la primera edición más de dos mil personas, entre periodistas y público general.

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Quienes vienen. Habrá 10 invitados internacionales. La británica Christina Lamb, conocida por su biografía de Malala Yousafzai, Yo soy Malala, que fue luego llevada al cine. El italiano Doménico Quirico, periodista especialista en Medio Oriente (estuvo secuestrado por grupos terroristas en Siria durante cinco meses). La peruana Nelly Luna Amancio (fundadora de Ojo Público y parte de la investigación de los Panamá Papers).

También vendrá el español Agus Morales (director de la revista 5W, donde se publicó el texto ganador del último Premio Gabo) y los periodistas Camila Segura (Clombia), Carlos Manuel Álvarez (Cuba), Marcela Turati (México) y Sacha Batthyany (Suiza).

Los participantes de nuestro país. En total en el festival participan más de 50 periodistas. Algunos de ellos son Hernán Casciari, Betina González, Ana Wajszczuk, Julián Gorodischer, María O’Donnell, Carolina Reymúndez, Alejandro Wall, Paula Varsavsky, Sonia Budassi, Alejandro Seselovsky, Horacio Convertini, Pablo Plotkin y Luciana Peker. Además, en representación de nuestro medio, dará una charla Lucía Wei He, una de las periodistas de Red/Acción.

Qué otras actividades habrá. Habrá una librería especializada en No Ficción (muchos de los libros de los autores internacionales y nacionales se podrán conseguir allí); y una muestra de fotos organizada por el colectivo de fotógrafos Nano Festival. Además, se proyectarán documentales curados por Sergio Wolf.

Todas las mañanas habrá talleres gratuitos sobre técnicas narrativas para podcasts, periodismo de viajes, periodismo deportivo, técnicas de autogestión para medios y mucho más. Quienes estén interesados en los talleres deben inscribirse previamente en basadoenhechosreales.com.ar/talleres

Quiénes lo organizan. Es un festival autogestionado por periodistas y gestores culturales. Entre ellos están Cecilia González, Silvina Heguy, Luciana Mantero, Victoria Rodríguez Lacrouts, Víctor Malumián y Ana Prieto.

Los organizadores del #BaRH 😊😊@vmalumian, Victoria Rodríguez Lacrouts, @lumantero, @anaprieto, @ceciazul y @SilvinaHeguy pic.twitter.com/f9cDrZfjIH

— BaHR (@FestivalBaHR) 16 de octubre de 2018

 

Dónde puedo informarme más. Haciendo click acá.

Descargate la programación completa
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Guía para que los fanáticos de la literatura no se pierdan nada del FILBA

Guía para que los fanáticos de la literatura no se pierdan nada del FILBA

Comenzó el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires. Qué autores nacionales e internacionales hay para conocer, qué charlas serán imperdibles y dónde hay que estar para no perderse nada (¡y menos la fiesta!). Mapa para aprovechar uno de los fines de semana más literarios del año.

Por Joaquín Sánchez Mariño

12 de octubre de 2018

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1. Lo que ya sucedió

La crónica comienza con Anne Carson parada en un escenario. Botas texanas, sobretodo negro, camisa blanca y corbata roja. Pelo entrecano. Anteojos tan a lo Anne Carson. En el centro del escenario, la escultura de un busto griego. Y ella, poeta canadiense, 68 años, recurrente candidata al Nobel de literatura, lee fragmentos de obra propia y obra de la poetisa griega Safo.

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Es, a todas luces, uno de esos eventos invendibles a una multitud en octubre del 2018. Pero es, también, uno de esos actos que pondrían a llorar a cualquier multitud. Y no son pocos, de todas formas, quienes la miran. Son -somos- cerca de trescientas personas.

Es tan solo una de las imágenes que se recogen de lo que ya pasó en la edición número 10 del FILBA (Festival Internacional de Literatura). ¿Por qué la recogemos? ¿Por qué vale la pena rescatarla? Por una militancia sencilla que se puede definir diciendo porque sí.

El festival comenzó el miércoles con una inauguración a puro manifiesto de la mano de Catherine Millet, siguió la entrega simbólica del Premio Nobel de Literatura a Jorge Luis Borges y después sí, comenzó la gran programación, la cual es absolutamente gratuita. ¿Qué de todo lo resta por suceder no hay que perderse? Siga por acá abajo:

2. ¡Lo que sucede hoy! 

Esta es una foto de la programación completa con las actividades que más me llaman la atención marcadas. Por supuesto, es caprichoso (y está en el piso de mi casa, por si alguien se lo pregunta). Sin interferencias, también pueden chequearse todas los eventos en este link.

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No dan los tiempos para ver todo lo que vamos a recomendar. Si hubiera leído esta nota hoy viernes bien temprano le hubiera recomendado asistir al taller de poesía de Raúl Zurita, a las 11 hs en el Centro Cultural de la Ciencia, pero esta nota no salió tan temprano (¡su autor estaba en el taller de poesía de Zurita!).

El próximo imperdible es a las 18.30 en el auditorio del mismo lugar (Godoy Cruz 2270). La poeta Anne Carson dialogará sobre el amor con el escritor David Leavitt. Será una charla moderada por Eugenia Zicavo.

Un ratito antes en otra sala en el mismo lugar el mejicano Fabio Morábito conversará con Samanta Schweblin y Carolina Sanín sobre los vínculos. A las 18 hs en la Sala 1. Pero si permite una opinión: múdese al auditorio 18.30.

Después, a las 20hs en el CCK, llegará probablemente uno de los eventos más convocantes del Festival: Julieta Venegas dará una especie de recital de poesía junto al poeta porteño Mariano Blatt. Las entradas figuran agotadas pero… Uno nunca sabe.

Pedro Rey, Damián Tabarovsky y Valérie Mréjen leyeron un intercambio epistolar.
Pedro Rey, Damián Tabarovsky y Valérie Mréjen leyeron un intercambio epistolar.

3. Lo que sigue el fin de semana.

El sábado las actividades se mudan al Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415) y comienzan a las 11 de la mañana. Fernando Savater dará una charla en el auditorio sobre la filosofía como género literario, mientras que David Leavitt dará una clase abierta en la biblioteca del museo. Repito, por si algún distraído no repara en los énfasis menores: “mientras que David Leavitt dará una clase abierta en la biblioteca del museo”. Es uno de los escritores norteamericanos más interesantes de su generación (la nacida en los sesenta) y aunque tiene cupos limitados, quienes logren presenciarla deben saberse afortunados.

Las actividades siguen todo el sábado. Estará nuevamente Anne Carson, Raúl Zurita conversando con Martín Kohan y Eugenia Almeida; el salvadoreño Horacio Castellanos Moya en diálogo con Rodrigo Fresán y Valérie Mréjen.

A las 18.30 en el auditorio sucederá una entrevista llamada La redención del infierno. Más allá de la grandilocuencia, si hay algún fanático de la literatura de excesos, vale la pena. Es una charla de Pablo Plotkin con nada menos que Irvine Welsh (el autor escocés de Trainspotting, entre otros). Hablarán sobre cómo es escribir personajes crudos como por ejemplo aquel que encarnó Ewan Mcregor en la película basada en su novela.

De ahí, si el espíritu de Welsh lo contagia, puede seguir a la fiesta del Filba donde el mismo escritor será el DJ. Será en Niceto a partir de las 00 hs.

En Buenos Aires la fiesta termina el domingo (sigue en Montevideo y Santiago de Chile). Prudentes, y dados que la fiesta de Welsh promete, las actividades empiezan a las 16 horas con una charla entre Simonetta Agnello Hornby, Horacio Castellanos Moya y Fikry El Azzouzi.

Llos libros de los autores que están de visita en el FILBA, en venta en las sedes.
Llos libros de los autores que están de visita en el FILBA, en venta en las sedes.

A las 18 horas en la Biblioteca del Malba, Carlos Busqued conversará con Maria Sonia Cristoff y Ah Yi, moderados por Silvina Friera. Dado la fobia de Busqued a aparecer en lugares públicos, es una buena oportunidad para escuchar al autor de Magnetizado y Bajo este sol tremendo.

Además, tanto sábado como domingo habrá música en la plaza junto al Malba y se venderán los libros de los autores que pasaron por el festival. Al fin y al cabo, todo se trata de una excusa para terminar leyendo autores nuevos. Nada de malo en eso. ¡Que vivan las excusas!

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Catherine Millet en el FILBA: “Desde hace más de un siglo, las mujeres se empeñan en hacer surgir la parte oculta de la historia”

Catherine Millet en el FILBA: “Desde hace más de un siglo, las mujeres se empeñan en hacer surgir la parte oculta de la historia”

El Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires arrancó con este fuerte discurso inaugural de la escritora francesa sobre el feminismo, el #MeToo y el lugar de las mujeres en el arte y la literatura. Acá, el discurso completo y el video de la apertura.

Por Joaquín Sánchez Mariño

11 de octubre de 2018

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La escritora y curadora de arte francesa fue la encargada del discurso inaugural del FILBA. En los diez años de historia del Festival, es la tercera mujer en dar el discurso de apertura. Antes, ya lo hicieron Sylvia Molloy y María Moreno. Millet habló sobre el lugar de la mujer en el arte y en la historia, hizo una crítica al movimiento #MeToo y explicó su visión del feminismo. Acá, la transcripción del discurso, con sus fragmentos más polémicos resaltados.

 

“Todos los que saben algo de psicoanálisis, que han leído al Dr. Freud y quizá también al Dr. Lacan (¡y me parece que son muchos en la Argentina!), o quienes tan solo han oído hablar de ellos, habrán entendido a qué alude mi título. La famosa aseveración de Jacques Lacan “La mujer no existe” significa, por supuesto, que se oponía a la idea de una esencia de la femineidad: las mujeres existen cada una en su singularidad y son irreductibles unas a otras. Esta idea se opone a la del “eterno femenino” promovida por el Romanticismo, así como a la búsqueda de la mujer ideal a la que se dedicaban algunos de sus contemporáneos surrealistas. Pensemos en el mito de la musa en André Breton, por ejemplo.

Lacan propone esta idea a comienzos de los años ’70, en pleno período de efervescencia de los movimientos feministas.

Hace poco, vimos surgir un nuevo feminismo. Y, paradójicamente, este neofeminismo hace renacer un vocabulario viejo: en él aparece mucho,  por ejemplo, la “sororidad”. La sororidad significa la unión necesaria de mujeres entre sí, una solidaridad que se apoyaría en una misma condición. En enero pasado, algunas amigas y yo escribimos una solicitada con el título “Las mujeres liberan otra palabra”, para criticar los excesos del movimiento #Metoo. Cuando se publicó en el diario Le Monde, acompañada por cientos de firmas, entre las que estaba la de la actriz Catherine Deneuve, se nos acusó de haber traicionado esa sororidad. Además, me enteré más tarde de que nuestro texto había suscitado encendidos debates en el seno de la redacción del diario y que algunas jóvenes periodistas en particular se habían opuesto a que fuera publicado. Aunque el movimiento #Metoo tenía como lema “la palabra de las mujeres por fin liberada”, algunas, paradójicamente, quisieron prohibirnos la palabra a nosotras, es decir, censurarnos…

El concepto de sororidad es, en mi opinión, muy problemático. Más allá de que yo pueda experimentar tanta solidaridad y compasión por un hombre que sufre como por una mujer, esa palabra está demasiado ligada al vocabulario religioso para que pueda apropiármela.

En la Edad Media, esta palabra se usaba para las comunidades religiosas femeninas. Además,  decimos siempre “hermana” cuando nos dirigimos a una monja (en francés, tenemos incluso la expresión “buena hermana”; pero no estoy segura de que todas las “hermanas” del neofeminismo sean siempre “buenas”…).

Catherine Millet en la apertura del Filba, en el Malba.

Hoy, en Europa, son sobre todo los musulmanes practicantes los que se dirigen unos a otros utilizando las palabras “hermano” y “hermana”, para marcar su pertenencia a una misma religión. Se trata, lamentablemente, de la expresión de un comunitarismo.

Por último, mi reserva también tiene que ver con que una gran parte de lo que la mujeres han conquistado en nuestras sociedades a partir de los movimientos feministas pioneros de fines del siglo XIX está relacionado con lo que algunas expresaron de modo absolutamente personal, singular, sin preocuparse por saber si reflejaban una imagen de la mujer que representaría a todas las mujeres. Desde luego que el derecho al voto se conquistó gracias a la militancia de aquellas a las que llamaron sufragistas y que desfilaron multitudinariamente por las calles. Pero otras libertades, que pertenecen a la esfera de lo íntimo, como la libertad sexual y la libertad de tener hijos o no, fueron reivindicadas por mujeres que se expresaron o actuaron en nombre propio: en 1971, en Francia, 343 mujeres, algunas famosas (Catherine Deneuve entre ellas), otras no tanto, tuvieron la valentía de declarar públicamente que habían abortado en forma clandestina, porque aún estaba prohibido por la ley (por lo tanto, se expusieron a procesos penales). Habían firmado una solicitada que hoy se conoce con el nombre de Manifiesto de las 343 zorras. La ley sobre la despenalización del aborto se sancionó cuatro años más tarde y esa ley le debe mucho a la lucha de una mujer, la entonces ministra de salud Simone Veil, que en esa ocasión tuvo que soportar los peores ataques y los peores insultos, incluso en el recinto de la Asamblea Nacional.

Voy más lejos: una parte muy importante de la producción de las mujeres en el terreno del arte y de la literatura revela, expone, describe, experiencias absolutamente singulares, sus propias vidas, su intimidad, y todo ello en forma directa. ¡Y qué le vamos a hacer si ahora me contradigo y hago una concesión a una suerte de “especificidad femenina” que exige, quizá, el momento de nuestra historia! Desde hace ya más de un siglo, las mujeres se empeñan en hacer surgir la parte oculta de esta historia. La cultura, en su gran mayoría (¡pero tampoco exclusivamente!) moldeada por obras producidas por los hombres, no representa a las mujeres más que a través de los ojos de esos hombres. (Aquí hay, sin embargo, que rendir homenaje a algunos –pienso en particular en James Joyce y D. H. Lawrence– que, con una agudeza extraordinaria, supieron transcribir los deseos y una sensibilidad de las mujeres). Sin embargo, son sobre todo mujeres, claro, las que se encargaron de decir o mostrar cómo era de verdad esa parte oculta, desde su punto de vista. La tarea es inmensa. Ellas no terminaron aún de sacar a la luz esa parte sustraída a la experiencia y a la memoria de la humanidad, ni terminaron de ponerse al día con el arte y la literatura.

En 1966, durante una conferencia, Simone de Beauvoir señalaba que la mayoría de los manuscritos que le enviaban para pedir su opinión o su ayuda eran autobiografías. Y precisaba: “Las mujeres cuentan sobre todo sus vidas”. ¡Lo menos que podemos decir es que nunca fue desmentida! En efecto, las mujeres narran sobre todo sus vidas. En Francia, sobre todo, donde lo que denominamos “autoficción” ha tenido un desarrollo importante. Hay que reconocerlo: frente al lugar común que querría que las mujeres tuvieran más pudor que los hombres, esas mujeres revelan aspectos extremadamente íntimos de sus vidas en libros, películas, fotos, pinturas… Y hablando de generalidades, lo hacen muy a menudo con gran atención al detalle, con un realismo que puede ser radical. Es una mujer, Marguerite Duras, la que escribió un libro titulado simplemente La vida material, libro en el que habla con mucha franqueza de su alcoholismo… Esta atención a lo real, a la cruda verdad, se explica quizá por la amplitud de la tarea: no había tiempo para pasar por los símbolos o las metáforas. Beauvoir misma produjo una obra autobiográfica inmensa, comenzando por sus Memorias, cuyo primer tomo apareció en 1958. Esas Memorias están escritas de una manera extremadamente escrupulosa; sin preocuparse por idealizar, la autora no filtra nada ni de su entorno ni de ella misma.

En simultáneo con los movimientos feministas, la literatura femenina tuvo el  impulso que conocemos en el pasaje del siglo XIX al XX. Poetas y novelistas se inscribieron en la historia literaria. Más allá de Simone de Beauvoir, muchas mujeres eligieron los géneros literarios de las memorias o del diario íntimo, de la autobiografía o, incluso, como ya señalé, de la autoficción, para confrontar a los lectores con una  realidad a la que, hasta entonces, habían sido poco expuestos. A veces se ha señalado que los amores sáficos fueron evocados más discretamente que la homosexualidad masculina (salvo quizá por Colette, que ofreció un panorama importante en Lo puro y lo impuro). Sin embargo, Violette Leduc, a la que Simone de Beauvoir apoyó mucho, nos ha dejado grandes libros sobre el amor lésbico y, en un género literario más experimental, hay que citar también a Monique Wittig. Se abordaron otras experiencias propias de las mujeres, más tabú todavía,  a veces más dolorosas, incluso dramáticas: la del incesto (Anaïs Nin, Christine Angot), la del aborto (Anaïs Nin, de nuevo), la de la prostitución narrada por fin por quienes la practican (Albertine Sarrazin, Griselidis Réal, Nelly Arcan, Virginie Despentes), la pérdida de un hijo (Camille Laurens, Laure Adler).

Y no limitaré mis ejemplos al dominio literario: ¿quién se atrevió a pintar un aborto espontáneo antes de Frida Kahlo? Respecto de Marlène Dumas, ella representó a mujeres masturbándose, a mujeres embarazadas desnudas…

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Por último, ¿no había un tema aun más reprimido que todos estos: el de la insatisfacción sexual de las mujeres? Lean textos eróticos, la mayoría escritos por hombres: ¡el héroe siempre tiene el poder de llevar a su compañera al séptimo cielo! O si eso no ocurre, es porque la mujer es frígida. En La ingenua libertina, Colette ofreció otro testimonio: a veces es largo y difícil para una mujer alcanzar el placer, encontrar a un hombre que sepa proporcionárselo…

Me gustaría ahora mostrarles una imagen. Se trata de un cuadro de Paula Rego, un tríptico titulado Aborto, de hecho.  Pertenece a una serie realizada por la artista en 1998. Paula Rego es una portuguesa que vive en Londres. Ese año, se organizó un referéndum en Portugal para saber si la interrupción voluntaria del embarazo debía ser autorizada o no. Una mayoría muy estrecha votó en contra. No les voy a describir a ustedes la inmensa decepción que causó esa ocasión fallida (la ley fue finalmente sancionada en 2007). La obra de Paula Rego nos hace comprender toda la soledad de la mujer obligada a abortar en forma clandestina. Pero quisiera, en especial, llamar la atención sobre la mirada de esta mujer. A pesar del dolor que se lee en los rasgos de su rostro, de la posición humillante en la que se encuentra, nos mira directo a los ojos, casi provocativa, desafiando a los que quisieron prohibirle lo que está por hacer. Víctima de la ley que no le permite abortar en condiciones sanitarias y morales correctas, esta mujer toma las riendas de su destino. Paula Rego ha producido varias obras, pinturas y dibujos sobre este tema. Todas las mujeres representadas son diferentes, muy individualizadas; se las muestra en posiciones más o menos dolorosas, pero cuando les vemos los ojos, aunque la expresión varíe un poco, todas tienen esa mirada directa. La artista ha dicho que se inspiró en su propia experiencia y en la de mujeres que ha conocido, y declaró asumir plenamente el naturalismo de sus obras. La lucha por el derecho al aborto es una lucha colectiva, pero a la elección de abortar cada una la vive -y diré incluso cada uno, porque, después de todo, hay hombres que sostienen a la mujer en esta circunstancia- de forma absolutamente singular.

Un hombre, el gran historiador Robert Hughes, ha destacado que Paula Rego fue la primera pintora de la historia en abordar este tema. Agregó que ella no tenía ninguna intención de mostrar a las mujeres obligadas al aborto clandestino “como criaturas patéticas o víctimas. Tuvieron que hacer una elección demasiado dura, pero libre desde un punto de vista existencial. Ningún sacerdote ni ningún político pudo imponerles lo que ellos querían”. El historiador puntualizaba: “No hay ninguna amargura, tampoco acusación o perdón en la forma en que nos miran, sino más bien triunfo”.

Hughes concluía que esas obras eran las obras políticas mejor logradas de las últimas décadas, porque “rechazando la ‘teoría’, insisten en el hecho de que, en toda argumentación moral, la experiencia siempre debe imponerse”. Y lo que llamamos experiencia es propio de cada individuo.

Regreso ahora a Simone de Beauvoir, otra figura ejemplar de mujer libre. Disculpas por expresarme así: tengo mucha simpatía por Simone de Beauvoir; menos por la militante de figura austera y de declaraciones a menudo categóricas, que por la mujer y por los escritos que la reflejan. Beauvoir es infinitamente más compleja que la figura a la que los movimientos feministas a veces la han reducido. Así, la publicación de la correspondencia con su amante Nelson Algren reveló a la enamorada, a la enamorada sumisa ante la incertidumbre de los sentimientos. En esa correspondencia vemos que fue una lectora del seductor más empedernido de toda la historia, Giacomo Casanova. ¡Ella recomienda su lectura! ¿Acaso no le escribe a Algren: “¿Conoces a Casanova? Un tipo que sabía hacer el amor -por lo menos así lo afirmaba-, pero no por ello menospreciaba a las mujeres”? Ahora bien, hay que tener en mente ―esto me parece importante― que el comienzo de la aventura con Nelson Algren es contemporáneo con la concepción de El segundo sexo. Dicho de otro modo, la que militaba para que se reconociera la igualdad de los hombres y las mujeres, la que rechazaba la dependencia legal y económica que la sociedad todavía imponía a las mujeres, aceptaba al mismo tiempo someterse a su deseo por un hombre. Tal era su libertad de mujer en relación a la de la militante. Y libre fue al final de su relación: cuando Algren la conmina a elegir entre Jean-Paul Sartre y él, a pesar de lo que le costó, ella privilegió su relación con Sartre.

Podría dar otros ejemplos de la manera desacomplejada en que concebía la sexualidad, como el ensayo que le dedica en 1959 a la  sex symbol por excelencia, Brigitte Bardot. ¿Qué elogia en Bardot? Justamente su libertad, su desprecio por las convenciones, el hecho de lograr “ser ella misma” en el seno del arte supremo del simulacro, el cine, y en el corazón del medio más artificial, el de la prensa del escándalo. (Destaco al pasar que una de las mejores películas de Bardot, realizada por Louis Malle,  Una vida privada, está directamente calcada de la vida de la estrella, de quien se puede decir que interpreta un papel autobiográfico). Beauvoir no se incomoda por los prejuicios “feministas” según los cuales Bardot reuniría en su imagen todos los clisés que los hombres esperarían de las mujeres. Bardot encarna dos mitos contradictorios inventados por los hombres, que fueron muy explotados en la literatura de comienzos del siglo xx: la mujer fatal y la mujer niña. Bardot se los apropia para jugar con los hombres. Bajo la apariencia de la presa, ella es una predadora (basta tratar de listar sus maridos y amantes…).

Foto: Catherine Gugelmann / AFP
Foto: Catherine Gugelmann / AFP

“La mujer no nace, se hace”. Luego de haberme apoyado en el pensamiento de Simone de Beauvoir, quiero ahora desviarme, o quizá desviarme de la interpretación más general. Desde luego, se comprende que la potencia del ostracismo social con que se chocaban las mujeres en Europa en los años que siguieron a la segunda Guerra Mundial, haya requerido de parte de la escritora esta fórmula provocadora. Sin embargo, no estoy segura de que ella hubiera seguido por completo a los y las que hoy, aplicando la teoría de género en su versión más extrema, llegan a negar las diferencias biológicas. Pero quisiera sobre todo comentar el “se hace”. Desde luego, la educación, la organización de la sociedad, las tradiciones y los atavismos que perduran, los lugares comunes vehiculizados por los medios, el habitus, influyen en una parte muy grande de nuestra formación, sobre todo, en la forma en la que cada uno de nosotros elabora su femineidad, o su masculinidad, o una identidad situada entre esos dos polos.

Pero, justamente, se trata de una elaboración, de una construcción de la personalidad. Si los órganos sexuales son un don de la naturaleza sobre el que no podemos intervenir mucho (la ciencia todavía no ha descubierto la posibilidad de hacer que un macho transexual tenga hijos), disponemos de libre arbitrio en la forma en que nos afirmamos en tanto mujeres, en tanto hombres. Heterosexual, homosexual, bisexual, transgénero, etc. Si el sexo que nos es dado por nacimiento es una fatalidad, lo que “se hace” a continuación, lo que hacemos en una negociación –si puedo decirlo– con los determinismos sociales y educativos, quizá en la lucha contra esos determinismos, es parte de nuestra responsabilidad. El “se hace” no implica una fatalidad, sino una responsabilidad. Por lo tanto, no hay “sororidad” que valga. Las mujeres del mundo occidental no comparten todas los mismos deseos ni la misma condición, lo que también es válido en el interior de un país.

Afirmo, por ejemplo, que no es exacto pretender que Francia, por hablar del país que conozco mejor, es en su conjunto una sociedad patriarcal. La situación de las mujeres es diferente según el medio al que pertenecen: urbano, rural, laico, religioso, musulmán, etc.… Sin embargo, en tanto una mujer haya elegido su condición tan libremente como sea posible, debe ser respetada. Está la que encuentra un equilibrio en su rol de madre y esposa, la que lo encuentra en el nomadismo sexual y el placer de la seducción, la que lo encuentra en la militancia política o feminista.

Así, no tengo ninguna razón para sentirme “hermana” de una actriz de cine que a esta altura, a instancias de Asia Argento, toma conciencia de que ha sido víctima de abuso sexual por parte del productor de cine Harvey Weinstein, ni de una periodista que acusa públicamente a un colega de haberle pellizcado el culo en el pasillo. Yo también, durante mi carrera, he estado frente a hombres de poder y a hombres groseros. Mi reacción no fue la misma que la de ellas. Tengo derecho a decirlo. Además, a las imprudentes que siguieron al productor de cine a su habitación de hotel, les reprocho que no hayan tenido en cuenta la suerte de vivir en un país en el que tienen garantizadas muchas otras libertades fundamentales, de las que está privada la mayor parte del resto de la humanidad.

De nuevo Beauvoir. La autora de lo que estamos de acuerdo en denominar un libro de culto del feminismo, no solo leía a Casanova, no solo se interesaba por Brigitte Bardot, sino que también escribió uno de los estudios más sutiles sobre el marqués de Sade. La obra y la vida del marqués le dieron la oportunidad de reflexionar sobre la imposibilidad “de conciliar a los individuos en el seno de [lo que ella denomina] su inmanencia”.

La Revolución Francesa lo soñó: todos los hombres debían ser iguales ante la Nación, mezclados en un mismo estado de hombre-ciudadano, disponiendo de los mismos derechos. El proyecto fracasó convirtiéndose en una de las empresas más asesinas de la historia de Francia: el Terror. Por más aristócrata que fuera, Sade simpatizó con ciertos ideales de la Revolución. Trató de unirse, pero fue excluido, ¡porque le reprocharon su “moderación”! En efecto, Sade condenaba la pena de muerte, la guillotina que los instigadores del Terror hacían funcionar sin parar. Él mismo escapó por poco, pero lo enviaron (¡una vez más!) a prisión. He aquí la enseñanza de Simone de Beauvoir: “Al individuo que no acepta renegar de su singularidad, la sociedad lo repudia. Pero si elegimos no reconocer en cada sujeto la trascendencia que lo une concretamente a sus semejantes, terminaremos por alienarlos a todos bajo nuevos ídolos […], sacrificaremos la libertad de cada uno en pro de los logros colectivos. La prisión, la guillotina, serán las consecuencias de esta renuncia. La fraternidad mentirosa se alcanza a través de los crímenes”.

Por suerte, no estamos allí. Haber “traicionado” a la sororidad que quería imponer el neofeminismo no nos ha llevado al cadalso a las autoras y firmantes de la solicitada en la que participé. Pero a falta de cortarnos la cabeza, a algunas les habría gustado cortarnos la lengua. Torrentes de insultos intentaron cristalizarnos en la imagen de mujeres altivas, indiferentes a las dificultades y desgracias de otras.

Entre los reproches que nos hicieron, estaba, obviamente, el de ser “privilegiadas” porque éramos intelectuales, escritoras, artistas. Pero así como acabo de tratar de explicárselo a ustedes, correspondía a nuestro rol de escritoras o artistas expresarnos a título personal, a partir de la experiencia que cada una de nosotras se ha forjado a lo largo de la vida, de mujer, de amante, para algunas de nosotras de madre… Y que, al expresarnos así, íbamos al encuentro de cada mujer –o de cada hombre– en particular, para que cada una, cada uno, confrontara sus propias convicciones con las nuestras.

¡Hay demasiados discursos políticos, estrategias de comunicación y mensajes publicitarios que se dirigen a nosotras como grupo, o incluso como masa! En cambio, el arte, la literatura, ofrecen la posibilidad del reencuentro con un ser singular en la soledad de su escritura con otro ser singular en la soledad de su lectura o de su contemplación. Cualesquiera sean las causas a las que adherimos o defendemos, no nos privemos de estos tête-a-tête.

* Traducción de Mónica Herrero

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Las escritoras contra el techo de cristal: las mujeres lideran la ventas de libros

Las escritoras contra el techo de cristal: las mujeres lideran la ventas de libros

De los 10 títulos de ficción más vendidos de la semana, los siete primeros son de autoras mujeres. Cinco de ellas además son argentinas. Qué libros son, cuánto valen y de qué tratan, en esta nota. Además, cuatro escritoras representarán al país en la Feria del Libro de Frankfurt.

Por Joaquín Sánchez Mariño

9 de octubre de 2018

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¿Qué pasó? Cada semana la cadena de librerías Yenny El Ateneo publica su ranking con los diez libros más vendidos según la categoría. El dato no solo responde qué se está vendiendo, sino también qué está queriendo leer la gente (no siempre son la misma cosa). Y a juzgar por los resultados de la última semana, la gente está queriendo leer mujeres. Es que en la categoría Ficción, de los 10 libros más vendidos, 8 son de autoras mujeres (que ocupan los primeros siete puestos del ranking). Y no solo eso: las primeras 5 son argentinas.

La tendencia no acaba ahí. Este año la Cancillería invitó a cuatro escritoras nacionales a la Feria del Libro de Frankfurt para que participen de paneles, rondas de negocios con editoriales y demás actividades. Las elegidas fueron Carla Maliandi, Gabriela Cabezón Cámara, Vera Giaconi y Ariana Harwicz. Es la Feria editorial más importante del mundo y tiene una particularidad: está orientada 100% a la venta de derechos, traducciones y acuerdos internacionales. Allí podría comenzar una avanzada de nuestras escritoras hacia el mundo.

¿Quiénes lideran la lista de libros más vendidos? La primera en el ranking es Florencia Bonelli con Aquí hay dragones, la primera entrega de la saga de La Diana, una mujer que pelea en los noventa en la guerra de los Balcanes y entre medio se enamora. Para Bonelli, el podio no es un lugar extraño: solo en la Argentina ya lleva vendidos más de 3 millones de ejemplares. Dato no menor: su libro sale $799.

Top10

Segunda está Claudia Piñeiro con Quién no, donde reúne todos sus cuentos y textos breves. Ahora sí, y como dicen los chicos (?), “es todo lo que está bien”. Doble mérito, en una industria que solo ve unicornios en las novelas, Claudia logra ser de las más vendidas con un libro de relatos. Sale $499.

Puesto número 3 para la cordobesa Viviana Rivero con Zafiros en la piel. Otra vez el cuento vuelve a escena: 12 relatos alrededor del tema universal por excelencia, el amor. Quien guste, $439. El cuarto lugar es una buena noticia para los amantes de la literatura en general y de la nueva narrativa argentina en particular. El libro es Kentukis y la autora Samanta Schweblin. Es una novela atravesada por el costado más inquietante de la tecnología y sale $499.

Quinto puesto para Florencia Etcheves y su nuevo policial, Errantes ($450). Fue ella, además, una de las primeras en festejar la presencia de mujeres en el ranking semanal (lleva dentro, por supuesto, su costado periodístico). Lo hizo con este tuit:

Ranking Yenny. Las primeras 7 más vendidas de ficción somos mujeres. Qué felicidad. pic.twitter.com/6mGAcaqWJw

— 💚Florencia💚 (@fetcheves) 8 de octubre de 2018

¿Quiénes completan el ranking? Los siguientes puestos son para la española María Dueñas (Las hijas de capitán), la canadiense Margaret Atwood (con El cuento de la criada), el brasileño Paulo Coelho (Hippie), los suecos Hans Rosenfeldt y Michael Hjorth (Castigos Justificados), y la nicaraguense Giaconda Belli (con Las fiebres de la memoria).

La otra lista. Algo parecido hace Cúspide, que presenta una vez cada siete días los 100 libros más vendidos. La diferencia es que no los separa por categoría. Dado que la medición es distinta, los resultados lógicamente no son los mismos, pero no están tan lejos. Aquí una imagen con los 14 libros más vendidos de esta semana, 9 de ellos de autoras mujeres.

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En tiempos del #MeToo la literatura empieza a repensar la masculinidad

En tiempos del #MeToo la literatura empieza a repensar la masculinidad

El escritor chileno Rafael Gumucio visitó la Argentina para presentar El galán imperfecto, su última novela. En ella reflexiona sobre la sexualidad y explora la relación de los hombres con su cuerpo. Aunque se define como feminista, aclara: “tengo problemas con todos los movimientos que quieran mejorar al ser humano”.

Por Joaquín Sánchez Mariño

8 de octubre de 2018

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Rafael Gumucio es un tipo generoso cuando da entrevistas. Al contrario de esos personajes que se esconden, astutos, en respuestas elusivas, Gumucio siempre da más de lo que uno espera. Es que para algunos escritores como él las entrevistas son una forma paralela de la literatura.

Nació en 1970 en Santiago de Chile en una familia política de izquierda. Tras la caída de Allende por el golpe de estado de Pinochet en 1973, se fue a vivir a Francia. Conoció, aunque sin darse cuenta, la vida en el exilio. Allí convivió con su abuela, Marta Rivas González, profesora de la Universidad de la Sorbona, que fue quien lo introdujo en el mundo de la literatura.

Luego volvió a Chile ya convertido en un muchacho ilustrado, tímido y sin amigos, y ahí comenzó su conversión a escritor. Halló lugar entre los intelectuales de The Clinic, una de la revistas literaria más interesantes de Chile, y con el tiempo terminó frecuentando a Nicanor Parra, el gran poeta -antipoeta- chileno.

Publicó, entre tanto, artículos, reseñas, prólogos, un libro sobre su abuela y varias novelas: Comedia Nupcial, La deuda, Milagro en Haití y ahora El galán imperfecto (Literatura Random House), para cuya presentación visitó Buenos Aires y charló con RED/ACCIÓN.

En esta novela Gumucio trata un tema tan sencillo como incómodo: la relación de un hombre con su pene. Es allí donde aparece ese primer diagnóstico: el médico le dice al paciente que su cuerpo rechaza a su miembro, que no es una cosa metafísica sino más bien médica, por lo cual debe someterlo a una pequeña intervención. Antonio, el personaje “escindido” (por decirlo de algún modo), comienza entonces un monólogo delirante.

Foto: Andrés Figueroa.
Foto: Andrés Figueroa.

-¿Qué es, en términos literarios o metafóricos, que un cuerpo rechace a su pene? ¿Qué es ese muro de Berlín que dice el personaje que hay entre ellos?
-Fue un diagnóstico que me dio a mi una vez un doctor. Y me pareció tan espectacular que dije: esto tengo que escribirlo. Era justamente lo que venía hablando con el psicólogo durante muchísimos años: que de repente la presencia del pene para el hombre es una sorpresa. Y mucho del horror y del humor de la cultura se basa en tratar de entender la llegada de este señor que todo lo cambia y todo lo pide, que a veces se transforma en un amigo o en un enemigo.

-No hay mucha exploración en la literatura sobre la relación del hombre con su pene desde una mirada honesta. Pareciera ser eso que muchas veces determina si somos o no hombres. O al menos nos han hecho creer esa farsa.
-Se supone que uno tiene control sobre él y que uno es dueño, que es un instrumento de poder. De exploración, de penetración… pero no es del todo así. Yo creo más bien que cuando uno penetra lo hace en cierto punto para perder ese pene, para no verlo. Claudio Bertone, un gran poeta chileno, dice que es una espada que está enterrada en nosotros. Que nos está atravesando. No sé… esta versión victoriosa del pene como instrumento de dominación seguro que existe, pero no me tocó a mí.

-¿Qué te tocó a vos?
-Yo pienso que el pene tiene algo esencial: estar antes de las cosas, antes de las personas, tenemos una especie de adelantado. Como esos conquistadores españoles que mandaban dos o tres soldados en avanzada. Sí, el pene es una avanzada ante la realidad.

-Arrancamos el día con un pene por delante…
-Exacto. Que te dice: hace frío, hace calor; la gente te quiere, no te quiere… Es una especie de espía. Y eso sí constituye una forma de aproximarse al mundo, pero es más bien una forma cuidadosa. Es una forma de fragilidad.

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-¿Es hora de tener una nueva literatura de la masculinidad, más madura?
-Sí, yo lo pensé así pero no me resultó porque la novela está llena de mujeres al final. Hay solo un hombre metido entre ellas. La gran base del personaje y una de sus magias es que no tiene amigos hombres. Y un hombre sin amigos no es un hombre.

-¿Por qué?
-Porque con amigos todo tiene una solución más simple. Yo creo que los hombres son como los lobos: solos no sirven para nada. Necesitan trabajar en manada, en grupos. Y a mí me pasó con el sexo. Yo viví la adolescencia muy solo y muchas cosas que eran muy simples no las comprendía porque me faltó alguien que me dijera. No me interesaban los demás chicos, me parecían todos unos imbéciles. No tenía amigos porque creía que no entendían nada.

-¿Hablabas más con mujeres?
-Tampoco entendía a las mujeres porque con ellas hablaba pero eran conversaciones entre individuos. De un individuo a otro individuo. Y el sexo no es así. Yo pensaba que era eso: el encuentro de dos individuos, de dos particularidades, de dos personas… pero no.

-¿Y qué es?
-Es una función tribal. El amor sí que es individual, pero el sexo no. El sexo es tribal, el sexo es política. Argentina o Chile decidiendo cuánta gente van a tener, cuánta población. Y ahí se mete todo el mundo, y legislan.

-¿Seguiste el debate que hubo en nuestro país al respecto del aborto?
-Sí, claro. Tiene que ver con eso. Es una pelea muy interesante de dar. Pero es cierto que el sexo no es una elección individual.

-Se suele decir que el sexo es algo más animal que tribal.
-Es que toda nuestra cultura está orientada a establecer fronteras, y eso significa población o no población. Cualquier debate que se instrumentalice en este asunto es falso. La iglesia católica no prohíbe el aborto por una razón moral, sino por una razón de números. Necesitan tener fieles para mantener su poder. ¿Por qué a otras religiones no les importa? Porque tienen fieles ricos. Pocos pero ricos. Y así es todo. Los debates son muy falsos. Le ponemos sentimiento, moral o ética cuando es otra cosa. Por eso el pueblo judío me parece muy sabio al establecer la circuncisión como rito de paso, como diciendo: tu cuerpo es tuyo pero tu pene no, tu pene es de nosotros. Es decir, de la tribu. Y cada vez que quieras usar tu pene vas a recordar que eres uno de nosotros. Los católicos en cambio hemos establecido una circuncisión mental.

-¿Vos estás circuncidado?
-Sí, pero no por judío.

-Por compromiso con tu obra.
-Es que el libro nació de esa experiencia más bien. El sexo es el lugar donde nosotros nos expandimos hacia el mundo, por eso es tan problemático y tan complejo.

-¿Cómo te llevás con el movimiento de mujeres? Hubo una fuerte polémica en Chile por una opinión tuya.
-Hubo un malentendido. Si tu lees mis novelas verás que no pueden ser más feministas. Mis libros en general son feministas porque me interesa, me importa, me convocan las mujeres. Quizás por eso tengo problemas. Bah… en realidad tengo problemas con cualquier movimiento que quiera mejorar a los seres humanos en general. Que quiera arreglarlos.

-¿Por qué?
-Porque creo que el ser humano es inmejorable. A mi me gusta cómo es, con todos sus defectos y sus problemas. Me parece que mejorar nuestros comportamientos, nuestras leyes, nuestras injusticias, está muy bien. ¿Pero un movimiento que quiera mejorar al ser humano todo…? La idea de la evolución me parece muy peligrosa. Y por supuesto lo primero que se cargan es el humor y la literatura, es lo primero que queda afuera.

-Hay ciertos temas para los que pareciera que está clausurado el humor.
-Es que el humor te va a recordar siempre que no eres tan bueno, o tan santo… El humor está siempre para ensuciar tu récord. Por eso digo que cualquier persona que se dedique al humor no puede estar a favor de nada revolucionario. Básicamente el Che Guevara fue el hombre más carente de humor de la historia de la humanidad. Si hubiera tenido sentido del humor estaría vivo. Castro tenía un poco más de humor… por eso gobernó.

-La tuya es una novela muy llena de humor, por otro lado.
-Siempre se ha esperado mucho que yo escribiera algo cómico. Y ésta, más allá de tener un lado serio y un lado patético, es absolutamente cómica.

-¿No es ése el rol social de los escritores, si es que hubiera uno? Hacer que la sociedad deje de escandalizarse con ciertos temas por medio de escandalizarla primero en la literatura.
-Es que yo creo que los libros no escandalizan a nadie porque ya nadie los lee. Mi novela es una novela muy escandalizadora pero tiene una característica: hay sexo pero no hay sexualidad. Hay un pene que no funciona nomás.

-¿Hablando del humor: por qué una biografía sobre Nicanor Parra?
-Él se acercó a un grupo de personas en el que yo estaba. Nunca entendí por qué hasta ahora: fue  justamente por el humor. Era esa visión desacralizadora. Él también creía que mejorar a los seres humanos era una barbaridad. Tuvo todo tipo de problemas con la izquierda por esa misma razón. Conocerlo fue conocer un pedazo de historia, un pedazo de país. Y pensé que después de todo era la mejor manera de explicarme en qué país vivía y con qué país me quedo, porque Nicanor es el Chile que yo más rescato.

El libro de Gumucio sobre Parra se publicó este año en Chile. Foto: UDP.
El libro de Gumucio sobre Parra se publicó este año en Chile. Foto: UDP.

-¿Representa en algo a Chile Nicanor?
-Sí, en todo. En un país que lleva 200 años, él vivió 104… Eso es ineludible. Y su hermana fue la cantora popular por excelencia, hoy estamos en una fiesta patria en Chile y todas las canciones son de la Violeta Parra…

-Sin embargo, para el mundo Chile todavía es más Neruda que Parra, ¿o no?
-No. Neruda es un poeta argentino.

-¿Por qué?
-Porque es grande, oceánico, gigantesco. Argentina habría merecido tener a Neruda. Lo tuvo a Borges, que es un poeta chileno. Fue una inversión. Pero yo creo que Chile a sido siempre mucho más Nicanor Parra que Neruda. Neruda es algo que nos queda grande. A mí me gusta mucho pero no tiene nada que ver con nuestra visión de las cosas.

-¿Cómo fue la relación con Nicanor?
-Iba una vez cada un par de meses a su casa. Todo mi entorno empezó a girar alrededor de Nicanor. Era un macho alfa que construyó un imperio. Además hay escritores que te ayudan a leer a otros escritores. Yo a la poesía la leo desde Parra.Y me di cuenta después de conocerlo de que es algo que hacía incluso desde antes.

-¿Cómo viviste su resurgimiento, quizás a partir de su longevidad?
-Cuando fueron sus cien años y el país se llenó de afiches y homenajes yo pensé: pucha, este viejo lo logró, consiguió que el país fuera Parriano. Y esa odisea cuento un poco en mi libro. Un verano fui a visitarlo muy seguido y quedé alucinado, porque sus shows de conocimiento y lucidez no eran esporádicos, eran todos los días. Era un tipo que vivía en su obra, y su obra no era su poesía, era esa lucidez, esa manera de generar tareas que te dejaban pensando todo el tiempo.

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