Cuando la radio une a tres generaciones

Cuando la radio une a tres generaciones

Un experimento del Laboratorio Sonoro de la licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Rosario busca rescatar las experiencias de la vida cotidiana de una generación que creció al lado de la radio.

Por Juan Mascardi

21 de septiembre de 2018

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Hay un libro que no solo se lee sino también que se escucha.

No porque posea un cedé, ni porque tenga una versión digital en podcast, ni disco, ni casete. Simplemente porque está escrito con las voces de la gente. Y, escribir como habla la gente es escribir con tonos, colores, ritmos, repeticiones. Ese libro se llama ¿Qué pasa que no está encendida la radio, qué pasa? y forma parte de un experimento de Laboratorio Sonoro de la licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional de Rosario. La idea es sencilla pero innovadora: un grupo de estudiantes dirigidos por las profesoras Andrea Calamari y María Clara López, entrevistaron a sus abuelos procurando rescatar de la memoria las vivencias de una generación al lado de la radio. Pero el libro no solo se trata de la radio. El libro es un signo de los tiempos, los cambios y la vida cotidiana. Un libro como bitácora del pasado. Como faro de un futuro en el presente.

La radio puede ser una excusa. O es esa botella que se arroja al mar para recupera un diálogo generacional. Son voces del pasado en tiempo presente donde se repasa la historia del primer gran medio de comunicación de masas. Es un recorrido histórico desde las vivencias cotidianas a través de las palabras que quedaron grabadas en la conciencia colectiva. Palabras que se emitieron desde ese aparato mágico en el que había voces que llovían desde el cielo.

Rita y Martín dialogan.

—Contame cómo era la radio cuando vos eras chica…

—De lo que yo más me acuerdo es que las radios funcionaban a batería, a acumulador. Y poníamos la radio pero la radio no funcionaba todo el día porque había que guardar carga.

En la página 186, se reproduce uno de los tantos diálogos entre los jóvenes estudiantes de Comunicación y sus abuelos. El libro, de un refinado diseño, intercalan las entrevistas con frases de teóricos de la comunicación, novelistas, publicidades e hitos históricos.

Martín vive en la localidad de Funes. Cuando terminó la presentación del libro le llevó un ejemplar del libro a su abuela Rita Lirusso. Rita no contuvo sus lágrimas, será porque el libro la transportó a través de las ondas radiales, a esos años de infancia. En el casete 54, está la entrevista.

. . . . .

Son las veinte y veinticinco,
hora en que Eva Perón pasó a la inmortalidad

—Lo de Eva Perón nos impactó. Eso nos impactó porque lo vi llorando a mi papá, que me conmovió (…) Porque viste cómo hicieron que a la hora que murió ella ponían música así especial…

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Las autoras del libro, en diálogo con RED/ACCIÓN, también rememoran sus propios hitos durante sus infancias. Clara López, oriunda de Junín, Buenos Aires, recuerda cuando escuchaban Los cebollitas madrugadores, a la mañana bien temprano en LT20 Radio Junín. “Íbamos los cinco en el Renault 12 blanco: manejaba mi papá y nos llevaba a los tres al colegio y a mi mamá al trabajo en la farmacia. Él iba a trabajar al hospital Ferroviario, que ya no existe más. Como era la más chica iba sentada atrás, en el medio de mis dos hermanos y me acuerdo ver el frente de la radio en el tablero, con dos perillas y el dial manual. Podría cantar la canción de memoria: ‘cebollitas, cebollitas, me encanta jugar’”.  

Andrea Calamari recuerda que en su familia el único que escuchaba la radio era su papá cuando estaba en la carpintería. Ella iba a sacarle punta a los lápices con el formón o a jugar con viruta y aserrín. “Entonces escuchaba fragmentos de radio, algunos tangos, las voces verdes y sucias de la AM siempre amenazada por la mala sintonía. No sé si alguna vez supe lo que decían o eran sonidos nada más, sin portar ningún tipo de significado. Los domingos a la mañana me despertaba siempre el sonido del ‘top’ para los autos de Turismo Carretera y lo que más me acuerdo es el odio que llegué a sentir por la radio cuando los domingos a la mañana eran después de un sábado de trasnoche”.

“Las entrevistas no fueron pensadas para formar parte de una investigación o un libro, eso fue una cosa posterior, fruto de los encuentros”, agrega Calamari, también directora del proyecto académico Escuchar las prácticas. Pero cuando se remontan al inicio, se sitúan en el año 1997, en un salón de la bautizada Siberia –así se denomina a la Ciudad Universitaria de Rosario por el frío casi polar durante los inviernos, y por la lejanía del casco céntrico de la ciudad-.

En aquel encuentro hubo algunos interrogantes que sirvieron como un motor: ¿Cómo se hacía radio en los comienzos? ¿Cómo se escuchaba?

—¿Saben en qué época comenzaron las primeras transmisiones radiales?

Silencio.

—Alguna idea… ¿más o menos en qué época?

Un alumno se arriesga y, a media voz, dice: “En la Edad Media”.

. . . . .

Desde aquel encuentro de hace dos décadas atrás, hoy muchos de esos interrogantes se encuentran en el libro. Reflexiones de la cátedra, voces, dudas y mucho diálogo entre generaciones. El libro no propone un recorrido histórico cronológico, sino que el orden es a partir de las experiencias, los recuerdos y la vida cotidiana.

No es un manual, es un libro vivo, plagado de voces.

Venga del aire o del sol
del vino de la cerveza
cualquier dolor de cabeza, don Juan
lo quita con un Geniol.
Hágame usted caso a mí
Y calmará su dolor
podrá volver al pic-nic con tomar
tan sólo medio Geniol.

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La presentación del libro se realizó en el Centro de expresiones Contemporáneas de Rosario, a metros del río Paraná. Más de cien personas siguieron las instancias de una presentación singular en donde los conductores del evento salieron a escena con una vestimenta a tono con la década de los treinta y, el editor Nicolás Manzi, acompañó entonando las publicidades que más recordaron los entrevistados.

Gabriel Bisang – LOCUTOR 1: Aquí nos encontramos celebrando una vez más, y como es costumbre en estas latitudes, la majestuosa conmemoración de la semana de la radio, al cumplirse el nonagésimo octavo aniversario de aquella épica transmisión de los locos de la azotea, que diera origen a la radiodifusión en nuestro país

Gabriel Levin – LOCUTOR 2: Ya vibra en notas vigorosas la música levantadora. Se siente en el ambiente una fiesta de alas. Los mil caminos del aire van a poblarse de voces enérgicas y cordiales, voces que se encuentran reunidas en un prodigio literario que hoy estamos presentando a todos ustedes.

. . . . .

Ya en la adolescencia, Clara recuerda a FM Kiss. “Besos y canciones, era el slogan”. De 14 a 15 había un programa que era para pedir canciones y dedicarlas, en una época sin redes sociales, la radio era la mensajera de los piropos. “Era el horario de la siesta y por eso yo podía usar el teléfono sin que mis viejos se enteren. Nos dedicábamos temas entre amigos, entre varias chicas le dedicábamos al mismo chico que nos gustaba -y con el que nunca habíamos hablado porque era él iba al secundario- y ese era la mejor hora para grabar los temas, porque aprovechábamos el momento de la dedicatoria para poner REC”.

La escritora oriunda de Junín, describe con perfección el radiograbador Casio, con casetera, reproductor de discos compactos y radio, de color gris y con una figura “de bochita”. Dice que lo compró a 133 pesos en una casa de electrodomésticos reconocida a nivel nacional. López no se olvida del precio, porque cuando terminó de devolverles el dinero en cuotas a sus padres, la casa de electrodomésticos se fundió y cerró la sucursal de Junín. Los recuerdos son más persistentes que algunas inversiones.

Cuando Calamari llegó a Rosario a estudiar, escuchaba la FM de LT3 que pasaba música de moda todo el día y ella se sentía feliz porque hasta entonces la música había sido un bien escaso en su vida. También escuchaba un programa de humor que pasaban a la noche, cree que en Radio Rivadavia, con ficciones, aunque no se acuerda el nombre, ni los conductores. “Creo que yo no sería una buena entrevistada para nuestro libro”, se ríe.

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. . . . .

“Antes, en la radio, todo tenía que estas perfectamente escrito”, dice el entrevistado Abel Estrada. La entrevistadora es María Victoria Echeverría. Abel habla de los músicos en vivo e ironiza: “la vieja que tocaba el arpa era una harpía”. Abel cuenta que su papá era un periodista y que él fue quién le consiguió el primer trabajo a Javier Portales en Rosario.

Abel, se anima, y canta los jingles de la época:

Yo tengo trajecito para este verano
que es requetefresquito,es requeteliviano,
yo tengo trajecito que Angelini me vendió
yo tengo el trajecito para el requetecalor.

Es requetefresquito,
es requeteliviano,
es requetefresquito que Angelini me vendió
es requetefresquito para el requetecalor.

Luisina Viviani, que entrevistó a su abuela Quica, son de Gualeguay, Entre Ríos, y no pudieron llegar hasta la presentación del libro. Los recuerdos viajan entre las publicidades de Odol y Glostora. “Cuando pusieron un parlante en las esquinas de Gualeguay, salíamos a propósito a hacer los mandados para escuchar la radio en la calle”. Luisina no puede creer que la radio se escuchara en los parlantes callejeros. “Si había viento sur, se escuchaba desde más lejos”, se ríe, Quica.

“A Andrea la conocí como docente, fui su alumna en Audiocreativa y en el taller de tesis. Después fui ayudante de cátedra, y me dirigió la tesina. Me acuerdo cuando di la primera clase de mi ayudantía y la sensación de aprender todo de nuevo al trabajar con ella”, recuerda Clara. “Hay frases suyas de las que me fui apropiando con el tiempo y que determinan, de alguna manera, mi manera de pensar lo que hago: ‘las ciencias sociales son literatura’, ‘la comunicación es una excepción’”, cita Clara a su exprofesora y ahora colega y coescritora. Y, tal vez, en esa mixtura de ciencias sociales, literatura y comunicación, está la verdadera génesis del libro.

Un libro que está encendido. Y que no necesita ni bateria, ni corriente eléctrica para que funcione. Un libro hecho de voces que resuenan en la memoria como recuerdos. O como herencia. Un capital intangible en el colectivo de una sociedad que bailó, se informó, lloró, se emocionó y se abrazó con las voces de ese aparato mágico que nos hizo cómplices de una historia sin comienzo. Y sin final.

Fotos: Archivo Fotográfico Museo de la Ciudad “Wladimir Mikielievich” – Magalí Drivet

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La historia de los oftalmólogos que le devolvieron la vista a 400 salteños

La historia de los oftalmólogos que le devolvieron la vista a 400 salteños

Por Juan Mascardi








Dos de los médicos que en 4 días operaron a pacientes sin obra social de la provincia de Salta, hace pocas semanas, cuentan su historia. Una es Elena Barraquer, que llegó de España para participar del dispositivo. El otro es Rubén Lorenzetti, un médico de Santa Fe que tras la misión solidaria se siente “más humano”.

* * *

Ella es un corazón con patas.

Una metáfora. Un símbolo. Tres palabras.

corazón
con
patas

Ella es Elena Barraquer. Oftalmóloga catalana que se especializó en Estados Unidos a fines de los setenta durante once años y regresó a su país para transformar la profesión en un acto de solidaridad. En un acto de fe. En una religión sin milagros.

Él es quien pronuncia las tres palabras: Rubén Lorenzetti. Médico argentino de 45 años, hijo de un productor agropecuario y de una ama de casa, que partió en los noventa de su Chovet natal, una colonia del sur de Santa Fe poblada de descendientes croatas, para estudiar medicina en la Universidad Nacional de Rosario.

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Rubén está en Rosario, a metros del río Paraná y a 1173 kilómetros de Salta, ciudad del noroeste argentino donde en el mes de agosto se realizó una misión solidaria y operaron a 400 personas de cataratas. Muchos de ellos volvieron a ver. Elena está en Barcelona, ultimando detalles para despegar hacia Mozambique. “Por favor, pregúntame lo que quieras, pero hazlo ahora, ya que a partir de mañana no tendré señal en mi estadía en África”.

La misión de Salta es el pasado pero es mucho más que un recuerdo. Es la primera acción de la Fundación Elena Barraquer en Argentina. Es la historia colectiva de pacientes sin obra social, médicos, instrumentadores quirúrgicos, voluntarios y enfermeras. Un antes y un después.

Y nadie habla de milagros.

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El antes del antes

-Pertenecer a una cuarta generación de oftalmólogos, ¿le generó alguna presión a la hora de elegir su profesión?
-No representó ninguna obligación para mí. Es más, cuando estudié medicina solo el 25 por ciento eran mujeres. Tal vez, mi hermano Rafael tuvo más responsabilidad en continuar la saga.

-¿Y qué influyó en usted?
-Lo que influyó en mí fue la pasión de mi padre y de mi abuelo.

Ignacio Barraquer, el abuelo. Nació en 1884 en el seno de una familia de científicos y médicos oftalmólogos. Mientras otros niños jugaban, él aprendía las técnicas médicas de su padre, José Antonio, y a los 13 ya realizó su primera intervención. Estudió Física y Química, también Histología en París. Sentía una atracción particular por los animales al punto de tener un pequeño zoológico en el jardín de su casa. Adoraba los espectáculos de circo. Fue coleccionista de autos, y uno de ellos, el singular Mercedes-Benz – 300 S Coupe sería la llave para las misiones hacia África 50 años después. También se formó en la Escuela de Artes y Oficios de Barcelona y llegó a ser un experto en mecánica y modelado, allí desarrolló una habilidad manual detallista que luego lo benefició en sus cirugías. Creó el erisífaco, un instrumento que permitió extraer la catarata por succión. En una publicación de España Oftalmológica, su trabajo es así descripto:

“Evitar toda presión sobre el órgano y el uso de instrumentos cortantes, dentro de las cámaras oculares, es la única manera de ver desaparecer, con toda seguridad la pérdida de humor vítreo (…) Consiste en adaptar a la superficie de la catarata una pequeña ventosa que hace presa de ella y permite su movilización, su separación del ligamento, de modo tan completo y suave, que basta la acción de retirar el instrumento, sin tracción ni fuerza alguna, para ver salir enteros el cristalino y su cápsula, con pasmosa facilidad, sin la menor violencia para el ojo; ninguna compresión se necesita, ni la entrada en el ojo de otro instrumento”.

Si esta es una historia sobre la herencia, Elena evoca a su abuelo por los lazos fundados en la solidaridad. “Recuerdo que llegaba la gente con su certificado de pobreza que el Alcalde de cada barrio les entregaba y mi abuelo los operaba sin cobrar nada”. Ignacio, el abuelo, se casó con Josefina Moner, con la que tuvo siete hijos: entre ellos, Joaquín, el padre de Elena.

Si, la solidaridad -al igual que la pasión- también se hereda.

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Joaquín Barraquer, el padre. Cuando Ignacio murió, en mayo de 1965, su hijo Joaquín le extrajo las córneas, como había sido su voluntad. Mientras la madre recibía los pésames, el hijo se las estaba implantando a dos pacientes sin recursos económicos. “Gracias a mi padre, esas personas consiguieron ver. ¿Qué más podría pedir?”, contó a los 89 años en una entrevista en el diario La Vanguardia.

La innovación continuó en la saga Barraquer de la mano de Ignacio. Su desarrollo en la cirugía de la catarata y del glaucoma revolucionaron las técnicas quirúrgicas del momento. También fue pionero con la inclusión de lentes intraoculares para corregir la miopía. En 2003 no solo constituyó la Fundación Barraquer sino que vendió el Mercedes Benz de su padre y el dinero recaudado se transformó en misiones solidarias con destino africano.

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“Había solo tres modelos de ese Mercedes Benz en el mundo. Un día apareció una oferta millonaria de un americano, mi padre lo vendió y así pudimos realizar las misiones solidarias. Yo digo que ese es el coche que más ha viajado en el mundo”, recuerda Elena quien se prepara para partir –una vez más- hacia Mozambique, el país que cuenta con solo 18 oftalmólogos, de los cuales solo nueve realizan operaciones.

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El ahora

Rubén siente que después de la misión de Salta él se hizo “más humano”. Repasar lo vivido durante cuatro días en el noroeste argentino, donde se hicieron 450 operaciones de cataratas, lo lleva a un territorio de emocionalidad que no puede ocultar ni en el brillo de sus ojos ni en la piel de gallina que se trasluce en sus brazos. El oftalmólogo rosarino llegó a integrar el equipo de los 17 profesionales que operaron en el hospital Materno Infantil de la mano del bonaerense Gerardo Valvecchia, quien fuera el nexo con Elena Barraquer a la hora de idear, diseñar y ejecutar la primera misión en suelo argentino.

“Gerardo es como mi hermano, por su generosidad y por la potencia que posee a la hora de enfrentarse a los obstáculos que genera proyectar este tipo de acciones”, sostiene Lorenzetti, el autor de la metáfora “corazón con patas”.

El primer día, recuerda Rubén, cuando anunciaron el dispositivo que les permitió operar a cien pacientes por día, le comunicaron que la primera operación la iba a hacer junto a Elena y a Joaquín Fernández, un oftalmólogo de Almería. “Yo entré al quirófano sintiendo que tenía a Messi por izquierda y a Maradona por derecha. Ellos bajaron, se pusieron a mi nivel y fueron tan generosos que me permitieron tirar mis propios tips”, sonríe Rubén, quien vive la oftalmología con la misma intensidad que el fútbol. De hecho hasta el año pasado fue DT de San Martín, equipo de su Chovet natal. Cada operación fue un gol. Por algo cuando terminó la operación 450 se abrazaron y simularon una especie de vuelta olímpica en el quirófano al grito de “Dale campéoooooon, dale campéoooooon”.

Elena recurre a los adjetivos para graficar la experiencia salteña. Dice que prefiere hablar más de la gente que de los paisajes de la ciudad que los argentinos bautizamos como “la Linda”. De hecho, los organizadores locales organizaron un tour para que la comitiva de extranjeros pudieran recorren los sitios típicos en su estancia de cuatro días, y ellos preferían estar en el quirófano.

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“Me he sentido maravillosa. Hay tanta gente necesitada. Yo pensaba que la problemática en Argentina estaba más resuelta. Es que siempre faltan oftalmólogos, siempre faltan recursos. Hay 40 millones de personas no videntes en el mundo y 19 millones podrían recuperar la visión porque son casos reversibles”, enumera Barraquer con la potencia que implican los números en la magnitud de una problemática que es reversible, en cuanto exista el compromiso de los gobiernos en materia de políticas públicas igualitarias.

El antes

El celular es como una memoria colectiva extraíble que está en las manos y que hace volver a pasar los recuerdos en tiempo presente. El médico rosarino abre su WhatsApp y el antes se hace presente. En un video Rubén está con el histórico Daniel Perrone, quien había sido su maestro durante sus residencias. Rubén dice que Daniel es parecido a Harrison Ford, tal vez por el mismo carisma que transmite el intérprete de Indiana Jones en sus filmes y le dice que tiene “manos mágicas”. Daniel y Rubén se abrazan y antes que el video se corte, el maestro le dice a su alumno: “Estoy viejo y melancólico”. Se ríen. Se ríen después de recibir el afecto de las personas que volvieron a ver.

Daniel Sosa es un profesor de matemáticas que da clases en una escuela rural y que tenía cataratas en ambos ojos. Uno de ellos, sin visión. “Volví a nacer”, dice. Y promete que quiere viajar al interior de la provincia para continuar sus clases. Marta vive en San Antonio de los Cobres. San Antonio es el protector de las mulas y patrono de arrieros y viajeros., El poblado está enclavado en las cercanías de la sierra de Cobre, rica en ese mineral. Marta está preocupada.

-¿Voy a volver a coser?
-Vos vas a volver a vivir—le responde Rubén, a la mujer que posee un telar y mantiene a una familia entera.

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Elena atiende un caso complicado. Una mujer joven que posee catarata congénita. La paciente tiene temores. Está nerviosa. Elena la toma de la mano y se queda durante una hora acompañándola, hablándole, tranquilizándola. Siempre tomadas de la mano. Rubén, mientras opera, observa la escena. “Al lado de Elena no te queda otra opción que hacer las cosas bien, ella inspira”.

Tal vez, porque la inspiración tiene ese aroma que se transmite de generación en generación. O porque la inspiración no es necesariamente una corriente vertical de herencia sanguínea, sino una atmósfera que contagia, los médicos, enfermeros, voluntarios y pacientes durante cuatro días de agosto del 2018, transitaron en Salta un ritual donde el mejor milagro estuvo en una comunión compartida.

Cierta vez, el padre de Elena, dijo en un programa de televisión que la visión depende del cerebro. Es el cerebro quien tiene que interpretar las imágenes que envía el ojo. El ojo es como una cámara de fotos y el cerebro las interpreta. Y esta vez, además del cerebro, todos vimos un poco más con la señales del corazón.

Fotos: Elena Barraquer y Rubén Lorenzetti

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Harry Potter y el reclamo de la universidad pública

Harry Potter y el reclamo de la universidad pública

Para pedir por la actualización de los salarios y reclamar más presupuesto para la universidad, un grupo de docentes y estudiantes de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario organizó una singular maratón de 24 horas de películas de Harry Potter.

Por Juan Mascardi

30 de agosto de 2018

MEMES HUMANIDADES Y ARTES (1)







Las generaciones cambian. Y así, las formas de reclamo y visibilidad. Procuran que sus voces se escuchen pero que no sean solo sus palabras y expresiones sino también sus argumentos. Mientras recrudece un plan de lucha de docentes, personal administrativo y estudiantes, que reclaman una actualización salarial acorde con el índice inflacionario y mayor presupuesto para las universidades públicas del país, un grupo de docentes y estudiantes de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario organizó una maratón de 24 horas de proyección de las películas de Harry Potter.

El argumento o la excusa. Todos los años, el 1° de septiembre comienzan las clases en el universo literario de Harry Potter. Pero más allá del mundo mágico, los organizadores invitan a la comunidad educativa y al público rosarino en general a participar. Ellos desean que la universidad esté de puertas abiertas durante el reclamo, quieren mostrar lo que se produce en el interior de esta casa de altos estudios, y no por ello dejar de reclamar, como ocurre en las 57 universidades públicas de Argentina. La actividad comenzará el sábado a las 11 y finalizará el domingo 2 a la misma hora.

La Maestría en Literatura para niños -creada en el 2003- participará activamente en la jornada. Su directora, María Luisa Miretti, sostiene que la maratón es “una buena oportunidad para repensar que, luego de 15 años, seguimos transitando el campo de la literatura infantil y juvenil, con el propósito de seguir investigando y acercándola a los niños”. Además de la proyección de las películas, durante la jornada habrá música en vivo. Los integrantes de la Camerata EM, de la Facultad de Humanidades y Artes, interpretarán la canción “Hedwig’s Theme” de John Williams, pieza característica de la saga. La ambientación y escenografía de la Maratón estará a cargo de Estudiantes de las carreras de Bellas Artes, Letras, Filosofía y Música.

En una era de posverdad, noticias falsas y operaciones políticas, los organizadores buscan una vía que está lejos de la irritación social y muy próxima a la creatividad. Abrir las puertas para mostrar el impacto que genera la universidad pública en la sociedad, en este caso la literatura y la niñez. Mientras, las clases aún no comienzan.

Muchos de los estudiantes de la Facultad de Humanidades y Artes vivieron su infancia y juventud leyendo y esperando que lleguen los libros y películas de Harry Potter al país. En el 2001, cuando los estudiantes de hoy recién nacían o transitaban sus primeros años de infancia; Argentina vivía su peor crisis económica. Mientras, J. K. Rowling -la creadora de la saga- se convertía en la mujer que más dinero ganaba en el Reino Unido desplazando, con sus 36 millones de dólares anuales, a la reina Isabel II y a Madonna.

Los fanáticos que están organizando esta jornada siguen páginas de memes que comparan el universo mágico de Harry Potter con la realidad del país y a sus personajes y escenas con conflictos que hoy los interpelan. Como por ejemplo la Fan Page “El profeta argentino”  que cuenta con más de 51 mil seguidores.  Durante la jornada utilizarán en redes sociales dos etiquetas: #MaratónHarryPotter #UNRalways.

Según los organizadores, las similitudes con este universo son múltiples: “defendemos la educación pública y gratuita al igual que los personajes de ficción, Hermione, Ron y Harry, defendieron su colegio de los deseos destructivos de Lord Voldemort y sus seguidores. Además, el parecido arquitectónico de la Facultad de Humanidades y Artes con Howgarts es increíble”, afirmó una de las estudiantes organizadoras.

Para los docentes que participarán de la jornada, la literatura fantástica de J. K. Rowling  “es un caso paradigmático de promoción de la lectura”. Chicos y jóvenes empezaron a leer desde un lugar de disfrute gracias a la historia de Harry Potter y su escuela de magia y hechicería. Una historia con la que se identificaban, que querían para ellos mismos y que pudieron seguir año a año, creciendo junto a ella.

“La literatura es ciertamente un código narrativo, metafórico, aunque también es el lugar en el que se encuentra comprometido un inmenso saber político”, escribió Roland Barthes en 1975, uno de los pilares teóricos de la Maestría en Literatura para Niños. “Es por eso que afirmo que sólo hay que enseñar literatura, porque se le pueden aproximar todos los saberes”.

Esta maratón de Harry Potter en defensa de la Universidad Pública es una excusa que llevarán a cabo estudiantes y docentes, o el argumento que les permite reunirse a ver películas o encontrarse para debatir. “Estar todos juntos, a salvo. Al menos por un momento”, sostienen.

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Se conocen los seleccionados para el primer Taller de Periodismo Transmedia del Laboratorio de Experimentación Periodística de Rosario

Se conocen los seleccionados para el primer Taller de Periodismo Transmedia del Laboratorio de Experimentación Periodística de Rosario

El viernes 24 de agosto comenzará el primer Taller de Periodismo Transmedia del Laboratorio de Experimentación Periodística en la Universidad Abierta Interamericana de Rosario.

Por Juan Mascardi

22 de agosto de 2018

LABrosario







Esta es la lista de estudiantes seleccionados:

  1. Ayelén Portaluppi – ISET XVIII y UNR
  2. Micaela Oviedo – Universidad Abierta Interamericana
  3. Lara Martina – Lic. en Letras – UNR
  4. Sabrina Fernanda Krivocapich – UNR
  5. Blas Rubinich – ISET XVIII y UNR
  6. Alida Könekamp – TEA Rosario
  7. Natali Tovares – ISET XVIII y UNR
  8. Chiara Ibarra – UNR
  9. Sofía López King – UNR
  10. Luz Buchensky – Licenciatura en Ciencia Política – UNR

Lista de espera

  • Lisandro Cucco – UNR
  • Ileana Boero – UNR

Los estudiantes seleccionados deben enviar un correo a: lab@redaccion.com.ar

¿Cuándo y dónde se desarrolla el Taller?

El Taller de Periodismo Transmedia se desarrollará en la Universidad Abierta Interamericana, Sede Rosario (Av. Pellegrini 1618 –aula a designar)

Viernes 24 de agosto: 12 a 15 horas

Presentación del Laboratorio.

Puesta en marcha del andamiaje digital.

Diseño transmedia de la propuesta.

Viernes 31 de agosto: 9 a 11:45 horas y 12:15 a 15 horas

Primer turno – Módulo Audiovisual: Entre la crónica diaria, el microrrelato y el vivo constante. Diferenciación entre la crónica audiovisual de largo aliento.

Segundo turno – Módulo de Periodismo de datos: Obtención, procesamiento y visualización – Con cuáles y qué tipo de datos necesitamos trabajar – Por qué un gráfico… y cual – La visualización como arte funcional.

Viernes 7 de septiembre: 9 a 11:45 horas y 12:15 a 15 horas

Primer turno – Módulo Audiovisual: La cobertura de acontecimientos y la micronarrativa (videos breves, boomerangs, loops, gifs, etc.) – Del fotorreportaje al video.

Segundo turno –  Módulo de Hipertexto: Diseño inmersivo, lúdico e interactivo – Potencialidades narrativas ofrecidas por el hipertexto en sus diferentes formatos: Escrito, Visual, Audiovisual – De qué manera pueden piezas de estas características enriquecer los proyectos.

Viernes 14 de septiembre: consultas online asincrónica y sincrónica

Viernes 21 de septiembre: 12 a 15 horas

Puesta en común de la versión final de los proyectos

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Un equipo de oftalmólogos operará gratis, en Salta, a 300 personas que no pueden ver

Un equipo de oftalmólogos operará gratis, en Salta, a 300 personas que no pueden ver

El proyecto lo lidera el oftalmólogo Gerardo Valvecchia, quien hace dos años se contactó con una organización que atiende a personas que han perdido la vista por falta de atención médica, en África. Tres meses después fue a operar a Mozambique y esta semana hará lo mismo en Argentina.

Por Juan Mascardi

14 de agosto de 2018

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El hijo de Carlos, el carpintero, y de Rosa, la ama de casa que trabajó siempre en su hogar de Quilmes, en la zona sur del conurbano bonaerense, está en el Foro de oftalmología FacoElche de España. En un momento se encuentra con Elena Barraquer Compte, la catalana que pertenece a la cuarta generación de la saga de oftalmólogos Barraquer. El médico argentino Gerardo Valvecchia se acerca con la decisión de aquellos que tienen en claro cuál es el camino de su deseo y le dice:

—¡Quiero que me lleves a África!

Valvecchia conoce en detalle el trabajo de la Fundación que encabeza Elena. Como directora ejecutiva del Programa de Cooperación Internacional de la Fundación realizó más de cien misiones médicas en países subdesarrolados. Durante 13 años operaron de cataratas a 12 mil personas indigentes, atendieron a más de 80 mil pacientes y entregaron más de 50 mil lentes. Los números reflejan una pasión.

“Mi pasión son los viajes a África. También vamos a Sudamérica, donde hay más necesidad, donde te das cuenta de que tu ayuda es fundamental”. Elena Barraquer sostiene que con las operaciones de cataratas no solo se les devuelve la vista a los pacientes sino que le devuelven la posibilidad de ganarse la vida, de vivir y de alimentar a sus familias.

El encuentro entre el argentino y la catalana ocurrió en 2016. Tres meses después de ese diálogo Valvecchia viajó a Mozambique en una de las misiones de la Fundación Elena Barraquer. Dos años después, se realizará la primera misión en Argentina: será en Salta del 18 al 21 de agosto próximo. La campaña de cirugía de cataratas es organizada en conjunto por la Sociedad de Oftalmología de Salta y la Fundación Barraquer de España, con la colaboración de Ministerio de Salud de la provincia del noroeste y del Consejo Oftalmológico Argentino. Programan realizar 300 cirugías.

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Llegar a la vulnerabilidad

“Existen millones de zonas de vulnerabilidad, pero es muy complejo llegar”, sostiene Valvecchia, quien se graduó en la Universidad de Buenos Aires. Por ello, destaca el rol de los socios locales para ejecutar la logística en los traslados de los pacientes que se van a operar en Salta, ya que la gran mayoría no viven en la capital provincial, sino que llegarán desde pequeñas localidades donde no existen ni hospitales ni sanatorios privados con el equipamiento necesario para realizar las cirugías. De los 300 pacientes, 200 serán trasladados por socios del Club de Leones hasta el centro de salud donde se realizarán las operaciones.

El costo de los equipamientos para las cirugías -que van de 50 mil a 100 mil dólares- más el de los materiales hacen que las operaciones de cataratas sean inaccesibles para un sector de la población que vive en zonas periféricas y que no cuentan con una obra social privada. “Son casos extremos que están por fuera del sistema sanitario. Y lo increíble es que son casos reversibles, miles de personas que pueden volver a ver”, sostiene el médico que también es Director Asociado del Centro de Ojos Quilmes.

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Salta: misión argentina

Durante las semanas previas al viaje, Valvecchia comienza su día a las 5 de la mañana. Son horas que le dedica para organizar cada detalle del viaje. Desde distintos puntos del país se van sumando oftalmólogos a esta primera misión argentina, como el caso del rosarino Rubén Lorenzetti. Si bien Salta es el primer destino, ya proyectan viajar a Entre Ríos y a la Patagonia.

Sabiendo que existen muchas zonas vulnerables en el país, a la hora de elegir los lugares donde harán los tratamientos los médicos consideran que no es lo mismo que los pacientes vivan en el conurbano bonaerense o en el gran Rosario donde la distancia en kilómetros hasta un centro de cirugía es menor y eso hace viable que aquellos que necesiten la operación poseen más herramientas y posibilidades para operarse. Pero otra es la realidad en pequeñas localidades y comunas lejanas a las metrópolis.

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Detrás de cada operación hay una historia de vida. En Salta esperan para operarse siete niños que actualmente perdieron su visión por distintos accidentes. Poder devolverle la posibilidad de ver a esos niños, motiva a los médicos porque sostienen que les llena el corazón. “Algo hay que devolverle a sociedad. Uno viaja de una manera y vuelve de otra, regresa feliz”, sostiene Valvecchia, quien dijo que esta misión está generando un efecto contagio para poder replicar la experiencia entre tres y cuatro veces por año.

“Vamos a ir a donde nos llamen”, promete el médico, quien describe que las acciones se pueden llevar a cabo gracias al apoyo de diversas empresas que colaboran a través del Consejo Argentino de Oftalmología, organismo que nuclea las voluntades y otorga transparencia a la misión sanitaria. “Cuando yo me retire espero que quede otro al frente de este proyecto. Esta experiencia será un éxito si derrama”, agrega.

La herencia de Mozambique

Al sureste de África, a orillas del océano Índico, está Mozambique. Un país con 22 millones de habitantes, con una esperanza de vida muy baja y con una de las tasas de mortalidad infantil más elevadas del mundo. “En Mozambique hay solo 18 oftalmólogos de los cuales solo nueve realizan operaciones”, grafica Valvecchia quien sostiene que en Maputo, la capital “se convive con la muerte”. El país que consiguió la paz en 1992, tras la descolonización de Portugal y una sangrienta guerra civil, la esperanza de vida es de 47 años. La gente muere de tuberculosis, de lepra o SIDA.

Cuando los oftalmólogos llegaron en la misión de 2016 se hospedaron en el orfanato de un hospital de Maputo. “Nosotros no nos vamos a asustar de esa realidad, que no difiere tanto con ciertas zonas marginales de Argentina. Pero, de pronto, para un europeo entrar a una casa de adobe con piso de tierra, le resulta lejano”, agrega el argentino nacido en Quilmes. Recuerda que, a metros de la habitación donde se alojaron los médicos, había pacientes que agonizaban. Muchos de ellos internados por paludismo.

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“Yo me considero un ‘bicho’ de quirófano. Cuando comencé con la oftalmología me atraían los equipos, las máquinas, las computadoras, el rayo láser. Parecía un área de la medicina salida de la ciencia ficción”, sostiene el argentino. Y esa distancia entre la ciencia ficción y la realidad de África se agiganta cuando se topan con los cientos y cientos de personas con ceguera. Valvecchia recuerda la historia de un ingeniero mozambiqueño de unos 50 años que había estudiado en Cuba y hablaba español. Estaba ciego desde hacía un año. Gracias a la operación de cataratas recuperó la visión. Y tres días después, regresó al centro de salud donde operaban para agradecer. En español, dijo: “Volví a vivir”.

Dos abuelas, que habían perdido la visión hacía seis años, vieron por primera vez a sus nietos. En la África profunda, Gerardo Valvecchia sintió que las misiones de la Fundación Elena Barraquer debían llegar a la Argentina. Dos años después de aquel viaje, se cumplirá el sueño del médico de Quilmes que sostiene que encontró su primera vocación en la carpintería de su viejo. “Aprendí a operar gracias a la ductilidad que me dio la carpintería, al lado de mi viejo”. El hijo de la ama de casa y del carpintero jubilado lidera una misión donde 300 personas volverán a ver, a sentir y a vivir el mundo que los rodea.

Crédito fotos: Gerardo Valvecchia

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