Por qué no tenemos que dejar de buscar a Sofía

Por qué no tenemos que dejar de buscar a Sofía

Sofía Herrera desapareció hace 10 años. Tenía poco más de 3 años. Encontrarla es una deuda pendiente del Estado y la sociedad para con ella y su familia. Recientemente, por la solidaridad de los ciudadanos, han aparecido personas que estaban perdidas hacía décadas y eso renueva las esperanzas.

Por Laura Andahazi Kasnya

26 de septiembre de 2018

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¿Dónde estás Sofía? ¿Quién te llevó? ¿Te están cuidando? ¿Vas al colegio? ¿Quién te abraza cuando la adolescencia duele? Eso me pregunto después de adentrarme en la historia de Sofía Yasmín Herrera. Porque el 28 de septiembre se cumplen 10 años de la desaparición en Río Grande (Tierra del Fuego) de Sofía, una década de la búsqueda más intensa y dolorosa jamás imaginada por su mamá María Elena Delgado (48) y su papá Fabián Herrera.

Ese día, como lo hicieron por primera vez aquel martes 30 de septiembre de 2008, los riograndenses se concentrarán en la céntrica esquina de Belgrano y San Martín para pedir que la justicia siga buscando a Sofía, hasta encontrarla. “El año pasado se difundió una foto con el rostro actualizado de mi hija y entró un juez nuevo – Daniel Mario Cesari Hernández – pero este año no se ha hecho nada. Esto nos desespera, nos sentimos muy solos y abandonados. La justicia ya fracasó, nunca encontraron nada”, se lamenta Delgado.

Aquella mañana la primavera había frenado el frío y a los vientos fueguinos. Con el sol iluminando su carita, Sofía subió al auto familiar para ir con sus papás y otra familia amiga a pasar el día al camping John Goodall.  Pero no hubo asado, ni mate, ni mancha quemada para los chicos. Aquella mañana Sofía desapareció. Tenía 3 años y 8 meses y nunca más se la volvió a ver.

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En estos diez años se dijo de todo sobre la desaparición de la pequeña, desde que pudo haberse caído al mar hasta un ajuste de cuentas con la familia.  Se chequearon miles de datos aportados por ciudadanos que creyeron haberla reconocido en La Pampa, en Córdoba, en Salta, en Neuquén, en Chile, Colombia, incluso en Canadá. Pero lo cierto es que nada se sabe; ni qué pasó, ni quién se la llevó.

Sin embargo, María Elena no pierde las esperanzas de encontrar a su hija con vida. “Si algo malo hubiese pasado en la zona, ya la hubiésemos encontrado porque se buscó con perros y hasta con aviones. Yo creo que se la llevaron, lo que no sabemos es quién y con qué fin. Los perros marcaban una zona del alambrado donde tranquilamente podía estacionar un auto y sacarla del predio”, analiza.

Juan Carr, titular de Red Solidaria, no puede ni quiere especular con hipótesis sobre lo que pudo haber pasado, pero explica que en todos los años que lleva trabajando para generar encuentros aprendió que no hay nada más duro que la palabra nada. “Casos donde la persona no fue secuestrada para pedir rescate, no padecían enfermedades y no están fallecidas. Nada, no hay nada y es muy difícil, muy doloroso. Yo creo que la nada es peor que la muerte”, explica.

Sin comparar las distintas responsabilidades entre un funcionario y la ciudadanía, para Carr lo que falló en la búsqueda de Sofía es la comunidad. Y detalla: “La sociedad argentina es muy generosa y solidaria, pero en ese momento faltó comunidad. Es decir, pensando en el modelo de búsqueda de niños perdidos en los balnearios, cuánto más gente aplaude la posibilidad de reunirlos con sus papás es mayor. Lo que intentamos es que ese aplauso se multiplique. Hoy, diez años después y con Sofía como Norte, tenemos una alerta solidaria conformada por 7700 voluntarios. Es decir, cada vez que desaparece alguien, cada uno desde su celular manda una alerta para que en los primeros 20 minutos la foto de la persona perdida ya esté circulando en por lo menos 520 ciudades”.

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Pero para que esto ocurra es importante que se cumplan rápidamente con los pasos que hacen que la policía, la justicia y la sociedad se pongan en alerta. Según datos de Red Solidaria y el Portal Personas Perdidas hay 520 adultos y 67 niños extraviados.

María Elena limpia, cocina y ordena su casa en silencio, siempre pensando dónde seguir buscando. Su cable a tierra es Yuliana, de 9 años, la hermana menor de Sofía, hermana a la que sólo pudo conocer por alguna ecografía. Aquella mañana de camping, Sofía besaba a su hermana a través de la panza de María Elena y ella imaginaba qué lindo iba a ser tener a sus “princesitas” juntas en casa.  Aún no las pudo reunir, pero sigue luchando. “Yuliana nos dio oxígeno para vivir. Ella se crió con la búsqueda de Sofi, desde que nació sabe que su hermanita está perdida. Le buscamos ayuda psicológica y nosotros tratamos de darle a ella una vida lo más normal posible. Tiene sus actividades, muchos amigos, va a pijamadas. Con ella estoy tranquila, sé dónde está y confío en la gente que la rodea”, cuenta por teléfono.

Retwitteá y difundí la imagen de Sofía:

Por qué no tenemos que dejar de buscar a Sofía Herrera #BuscamosASofía https://t.co/5rpvvL7u5T pic.twitter.com/z7Ld3aY5sf

— RED/ACCIÓN (@redaccioncomar) September 26, 2018

Todas las noches,  después de acostar a Yuliana, María Elena se sienta frente a la computadora y lee los cientos de mensajes que diariamente recibe en su Facebook: “No te des por vencida”, “Dios los guie y puedan encontrar a Sofía”; “Sofía está más grande, si vos no la encontrás ella los encontrará a ustedes”. María Elena contesta y agradece cada uno de los mensajes.

Cada tanto, aparece el de alguien que dice haber visto a una nena parecida a Sofía y sin descartar ningún dato, los pasa a la policía para que se investiguen. Sin embargo, reconoce que a esta altura, a todo lo toma con pinzas y es cautelosa porque los resultados negativos son un baldazo de agua fría cuando las esperanzas se renuevan. “Fabián es muy distinto. Él se convence de que se trata de ella, se entusiasma, le pone todas las pilas a cada dato que aparece y después se bajonea. Es muy duro levantarse y seguir. Para esta época Fabián está siempre muy triste, muy venido abajo”, cuenta María Elena.

Foto: Lucia Merle
Foto: Lucia Merle

Aunque comprende el dolor que generan las falsas alarmas, Carr asegura que es preferible un montón de gente equivocada al silencio o a que nadie se involucre, por lo tanto apela a la solidaridad de la ciudadanía para que, si ven o se enteran de algo, se comuniquen con el (+54) 0800- 222- SOFI (7634), con Red Solidaria; Missing Children, el portal de Personas Perdidas o la policía. Hay una recompensa de 2.500.000 de pesos.

Al dolor que les genera la falta de Sofía, también se sumaron acusaciones. El año pasado, cansados los Herrera de las declaraciones  de una supuesta clarividente que aseguraba ver a Sofía enterrada en el patio de la familia, hicieron una excavación y convocaron a los medios para demostrar que las acusaciones eran falsas.

“Ahora se sabe que la mujer tiene problemas psiquiátricos y se la declaró inimputable. Por eso no queremos darle trascendencia, pero fue realmente una tortura porque la gente le creía, ensuciaba la causa y a nosotros como padres. Estuvimos con custodia judicial desde septiembre del año pasado hasta febrero de este año. Tiene prohibición de acercamiento, pero no para,” se queja. Hoy en día, asegura María Elena, la mujer sale a tapar las fotos que la familia pone sobre la Ruta 3 y pone carteles insistiendo con la acusación al matrimonio.   

Cauteloso, Carr cuenta que desde Red Solidaria han tenido casos que resultan muy esperanzadores. “Hace dos meses, después de 20 años de búsqueda, encontramos a un joven correntino que su familia daba por fallecido. Hace 3 años encontramos en Medellín (Colombia) a otro chico que se había perdido 12 años antes en Salta. Estos dos casos son historias de dos familias que ahora están en sus casas dándose un abrazo. Con estos ejemplos lo que quiero decir es que es posible y que por lo tanto no hay que dejar de buscar”, invita.

¿Felicidad? No, dice María Elena. Desde aquella mañana, hace 10 años, el matrimonio Herrera ya no puede hablar de felicidad. Su hija menor les aporta las fuerzas y momentos de alegría, pero felices van a ser cuando de una vez y para siempre los cuatro puedan estar juntos.  ¿Su peor pesadilla? Que cierren la causa y la justicia deje de buscar. “Algo nuevo debe haber para la búsqueda de personas. Si bien el caso de Sofía por sus características es único, hay muchos otros niños desaparecidos. Necesitamos que se haga algo, que traigan tecnología de afuera, algo”, ruega desesperada.

Podés ayudar a buscar a Sofía. Si creés tener información sobre ella:


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Andrea Paredes: “Somos muchas las mujeres que manejamos camiones”

100 MUJERES

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Andrea Paredes

Es camionera, instructora de manejo en Volvo Trucks y Buses Argentina. Su papá le enseñó a conducir camiones a los 14 años. Hoy, gestiona un grupo de WhatsApp de mujeres camioneras y se suma a cruzadas solidarias.

Por Laura Andahazi Kasnya

23 de agosto de 2018






Andrea Paredes, La Negra, como le dicen desde chica,  tiene un referente en la vida: Adolfo, su padre. Si él hubiese sido médico, seguramente ella también lo sería, pero fue camionero y ella también. Él fue el encargado de transportar los autos de carrera de Luis y Marcos Di Palma.

En vacaciones,  fines de semana o cuando la vida escolar se lo permitía, Andrea ocupaba el asiento del acompañante del camión que a su padre le tocase conducir. Así, entre mate y mate cebado, fue aprendiendo a manejar. Primero mirando y luego, ya más grande, practicando en los campos cerrados de Arrecifes, su ciudad de crianza, en el norte de la provincia de Buenos Aires.

Por su contextura pequeña, los pedales y el volante le quedaban inalcanzables, pero el ingenio de su padre ayudó: un almohadón en el asiento y un par de tacos como extensión para sus pies. En aquel entonces todo era un juego y momentos mágicos entre padre e hija.

Sin embargo, cuando Adolfo enfermó, jugar ya no fue posible, había que salir a trabajar. “Tuvimos que internar a mi papá en Buenos Aires y yo quise viajar para acompañarlo, pero él me dijo que no, que no estuvo tantos años aguantándome en el camión como para que no esté ahora que me necesitaba para que lo reemplace”, recuerda Paredes con emoción.

Entró a trabajar con la familia Di Palma, con ellos estuvo por lo menos 20 años. Empezó barriendo el taller o haciendo los mandados hasta que le fueron confiando a ella la tarea de su padre. Al cumplir la mayoría de edad,  pasó al volante y desde entonces nunca más se bajó de un camión.

La ruta, el viajar de ciudad en ciudad fue lo que a Paredes más le gustó. Así lo hizo hasta mediados del 2016 que entró a trabajar en Volvo Trucks y Buses Argentina como instructora de manejo del programa de capacitación en Conducción Eficiente y Segura que la marca tiene para sus clientes.

A través del programa, Paredes, capacita gratuitamente a los conductores de camiones de diferentes empresas transportistas para que conozcan las herramientas tecnológicas y las funciones con las que cuentan los vehículos de la compañía.

Los cursos se dan en cada uno de los concesionarios de la red que Volvo tiene en el país. Así viajar sigue siendo parte de la rutina de la joven. “El desafío fue más que nada hacer algo distinto. Tratar con hombres, después de tantos años, ya me tiene acostumbrada. Además algunos de los que asisten a los cursos ya me conocen de la ruta”, cuenta.

Ser mujer nunca fue un impedimento, ni siente que tuviera que ganarse el derecho de piso para ser camionera. Nunca, asegura, a nadie se le ocurrió sugerirle que eso era cosa de hombres; todo lo contrario.

La camaradería, explica Paredes, es el denominador común del rubro, hombre o mujer siempre habrá algún compañero que se va a acercar para saber si el otro está bien o si necesita ayuda.

“Hoy somos muchas las mujeres que manejamos camiones. No hay límites, si uno se lo propone las cosas salen bien. A las mujeres que no se animan les digo que lo hagan, que es cuestión de animarse que después el resto viene solo como con cualquier otro trabajo”, anima.

Paredes administra un grupos de WhatsApp que se llama Simplemente Camioneras y lo armó con el objetivo de crear un lugar de encuentro que no  solo les permita conocerse sino también prestarse auxilio o pasarse información de las rutas o puertos. “Solo en el grupo hay 80 camioneras”, destaca.  

Ese espíritu comunitario no se acota al grupo de WhatsApp. Andrea también formó parte de los once camioneros que en febrero pasado transportaron, desde Buenos Aires hasta Salta, las 300 toneladas de mercadería que Red Solidaria reunió para los inundados de un pueblo de Salta.

“De chicas, los fines de semana, mis amigas salían a andar en bicicleta y yo me quedaba con mi papá engrasando o lavando el camión. Una vez que terminaba, salía con ellas y hacia lo que hace toda nena”, remarca.

Andrea es la más grande de tres hermanas mujeres, pero fue la única que siguió los pasos paternos, aunque, su hermana del medio, cuenta, también aprendió a manejar camiones. “El tema es que no le gusta ensuciarse, por eso es profe de matemática”, bromea.  

Vive en la ciudad de Buenos Aires, pero su lugar en el mundo es la cabina de un camión. La ruta, el amanecer, la música y los mates son las fotos, esos flashes de los momentos que a Paredes le llenan el alma y lleva grabados a fuego en su corazón. Por ella y en memoria de su padre preguntarse si puede o si no debería hacer tal cosa nunca será una opción; desear y hacer es el curso que la joven eligió para su vida. Sin embargo, si algún hombre osa mandarla a lavar los platos, ella dice que va encantada, “siempre y cuando cocinen”, remata entre risas.

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Nombre: Andrea Paredes
Edad: 37 años
Profesión: Chofer de camiones
Sector en el que trabaja: Transportista
Lugar de Nacimiento: Buenos Aires
Lugar en el que desarrolla su actividad: Arrecifes

1. ¿Cuál es tu motor interior, qué te inspira a hacer lo que hacés?
Mi pasión por los camiones y hacer lo que me gusta. Esto hace que  todos los días me levante con muchas ganas. Por otro lado, soy muy activa, no tengo algo que me quite la energía. Ni los días de mucho frío o de viento me quitaron jamás las ganas de salir a la ruta.

2. ¿Qué te hace feliz?
Manejar un camión y viajar. También compartir tiempo con mi familia, sobrinos y amigos. Los recuerdos más felices son los vividos con mi papá; él fue el primero que me dio la oportunidad de subirme a un camión y fue el que me decía por qué no, él que me recordaba todo el tiempo que yo podía hacer lo que quisiera.

3. ¿Qué cosa no te deja dormir?
Pensar en las cosas que tengo que hacer me desvelan. Suelo irme a acostar pensando en lo que me toca hacer al otro día y eso me desvela. Pero trato de dormirme igual, no tengo opción, no puedo salir a trabajar cansada.

4. ¿Qué te gustaría cambiar del mundo?
No sé si del mundo, pero sí me gustaría quehaya más escuelas de conducción de camiones porque la realidad es que hay muy pocas y no me gustaría que se pierda esta profesión. Hoy no todos tienen opciones accesibles para aprender y sacar el registro profesional.

5. Cuándo eras chica, ¿qué querías ser de grande?
Conductora de camiones. Está en mi ADN. Tuve la suerte de que me den la oportunidad de aprender y después de trabajar. Esas oportunidades son fundamentales. Uno puede querer ser un montón de cosas y hacer lo posible por lograrlo, pero también es necesario que alguien te abra las puertas y te dé la oportunidad de hacerlo.

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