La lucha frente al cambio climático necesita cambios urgentes y ambiciosos

La lucha frente al cambio climático necesita cambios urgentes y ambiciosos

El informe del Panel Intergubernamental en Cambio Climático es contundente. Sus hallazgos y pruebas son fundamentales para comprender qué hicimos, dónde estamos y hacia dónde debemos ir. Expertas argentinas analizan el impacto en el país y las acciones a seguir.

Por Tais Gadea Lara

26 de octubre de 2018

PARIS 2015 2 - Foto Tais Gadea Lara







En octubre se presentaron los resultados del informe especial del Panel Intergubernamental en Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés). ¿Sus conclusiones? Limitar el aumento de la temperatura de la Tierra en 1.5°C para fin de siglo es necesario, es posible y requerirá de cambios sin precedentes.     

“Este informe ha evaluado específicamente cuáles fueron los impactos del cambio climático hasta el momento con un calentamiento de aproximadamente 1°C en relación con los valores preindustriales, y cómo sería un escenario de 1.5°C en relación al de 2°C”, explica en diálogo con RED/ACCIÓN Carolina Vera, investigadora argentina del Clima en el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA-CONICET-UBA) y vicepresidenta del Grupo de Trabajo I del IPCC.

Comprender la importancia de esta cifra nos remonta a diciembre de 2015 en territorio francés. Los países se reunieron para consensuar un documento histórico en la lucha internacional frente al cambio climático: el Acuerdo de París. Tenía un objetivo claro: “mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de 2°C con respecto a los niveles preindustriales”. La cifra se veía acompañada por otra, resultado de la lucha de las islas y los países más vulnerables por incluirla: el 1.5°C. Ese número que fue protagonista de titulares sólo aparecía bajo “esfuerzos” tendientes a alcanzarlo.

Por pedido de la Convención Marco de Naciones Unidas en Cambio Climático (CMNUCC), el IPCC -organización internacional que reúne a los principales expertos científicos en la temática- presentó “Calentamiento global de 1.5°C”: un informe sobre cuáles serían los efectos e impactos asociados a un calentamiento de la Tierra en 1.5°C, basado en 6.000 referencias científicas y realizado por 91 expertos de 40 países.  

NATURALEZA 1 - Foto Pexels

1.5°C versus 2°C

El nuevo reporte del IPCC evidencia los escenarios disímiles entre un aumento del 1.5°C y uno de 2°C. Con un incremento del 1.5°C habría menor extinción de especies animales y vegetales, el mar subiría 10 centímetros menos para 2100, una menor pérdida de los arrecifes de coral que desaparecerían casi por completo con un escenario de 2°C. Por el contrario, superar esa cifra significaría un notable incremento en las temperaturas, precipitaciones intensas y sequías; lo que afectaría no sólo a la producción de alimentos sino también al crecimiento económico y la salud humana.

El IPCC destaca que “de continuarse la tasa actual, el calentamiento global alcanzaría el 1.5°C entre 2030 y 2052”. Consultada en el programa radial Sábado Verde, Inés Camilloni, Dra. en Ciencias de la Atmósfera de la Universidad de Buenos Aires y científica argentina que participó en el reporte del IPCC, explicó: “Buenos Aires sería una de las ciudades afectada por el aumento en el nivel del mar, sumado a las tormentas (como la Sudestada) y el aumento de los caudales de los ríos producto del aumento en las precipitaciones”.

Ante ello, Jagoda Munić, directora de Friends of the Earth Europa, destaca la importancia de acelerar la transición del actual sistema de producción basado en la explotación de combustibles fósiles a otro basado en las fuentes renovables (como el sol y el viento): “La era de los combustibles fósiles tiene que terminar: ese es el mensaje del informe”. Farhana Yamin, CEO de Track 0, agrega: “Cada país debe establecer una fecha para eliminar las emisiones de combustibles fósiles y los subsidios a fin de que podamos alcanzar las emisiones netas a cero a más tardar en 2050”.

Argentina aún está lejos de esa meta. Según el Informe del Estado del Ambiente presentado recientemente por la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, durante 2017 el 86,9% de la oferta interna de energía provino de la explotación de combustibles fósiles (53,6% de gas natural, 32% de petróleo y 1,3% de carbón). Las energías renovables -con nuevos proyectos adjudicados- se ubican en el 13% restante, junto con fuentes hidroeléctrica y nuclear.

¿Y ahora? El después del informe.

Cuáles serán las implicancias de este nuevo informe en la toma de decisiones políticas. “La gente está respondiendo a este informe. Varios países ya están presentando sus objetivos de emisiones netas cero en sus legislaciones. Estamos empezando a ver los signos del progreso que queríamos obtener del informe”, respondió Jim Skea, copresidente del Grupo de Trabajo 3 del IPCC, quien aseguró que lo primero que haría al regresar a Reino Unido sería dar una charla en el Parlamento local sobre el reporte.

De igual forma lo hará Valerie Masson-Delmotte, copresidente del Grupo de Trabajo 1 del IPCC, en su retorno a Francia: “Esto no se trata sólo de los gobiernos. Me gustaría ver que el informe se comparta ampliamente entre la sociedad civil y los estudiantes universitarios de todo el mundo. El conocimiento que trasciende del reporte da claves a múltiples personas sobre cómo actuar, no sólo a los gobiernos”.

¿Y en Argentina? Camilloni cuenta: “Desde el sector político, el reporte todavía no tuvo mucho impacto visible como sí ocurrió en otros países, donde la respuesta de convocatoria a los científicos fue inmediata, por ejemplo, en Europa o Australia. Aquí todavía no se inició ese proceso más allá de la difusión en los medios de comunicación. Todavía hay tiempo para reaccionar, poner las cartas sobre la mesa y empezar la discusión. Si la convocatoria no sale desde el sector político, seremos los científicos los que promoveremos que ello ocurra”.

Entre las soluciones que propone el informe, se destacan la transición energética, el cambio en las dietas alimenticias y su forma de producción garantizando la seguridad alimentaria, y el uso de la tecnología para reducir emisiones contaminantes (con objetivos netos cero para 2050) y capturar carbono.

“El reporte intentó cubrir todos los espectros que la discusión global en el tema requiere: información con el mayor nivel de certeza posible sobre los impactos y la reducción necesaria de emisiones para limitar el calentamiento al 1.5°C”, explica Vera y subraya: “Es información que no había estado consolidada con estas características. Hasta el momento eran opiniones. El informe le da robustez a esa discusión que antes era una probabilidad”. Desde el IPCC aseguran que el reporte “será un aporte científico clave en la Conferencia de la Partes (COP24) en Katowice, Polonia, en diciembre próximo”.

Tras la alarma de los datos, llega el momento de la acción. Así lo asegura Camilloni: “Lo más contundente del reporte es que hay que cambiar todo. Implica una transformación cultural, de nuestra forma de producir. No sólo hay que cambiar todo, sino que hay que hacerlo en poco tiempo, porque, en algunos casos, las consecuencias pueden llegar a ser irreversibles”.

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Latinoamérica busca garantizar la participación de los ciudadanos en temas ambientales

Hace dos semanas, en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas (ONU), se abrió a la firma el Acuerdo de Escazú. Ya lo firmaron 15 países que ahora deberán ratificarlo en sus Congresos. Su propósito: garantizar la participación ciudadana, el acceso a la información y la justicia en asuntos ambientales.

Por Tais Gadea Lara

11 de octubre de 2018

CONFERENCIA-1---UN-Photo-Laura-Jarriel







DESDE NUEVA YORK – Dos caras de una misma moneda. América Latina y el Caribe es una de las regiones más ricas del mundo en biodiversidad, pero también la que reúne mayor cantidad de activistas ambientales asesinados. De allí que el Acuerdo de Escazú busque garantizar el acceso a la información, la participación pública y la justicia en asuntos ambientales. En definitiva, garantizar los derechos sociales y ambientales olvidados.

Sólo en Sudamérica se encuentra el 40% de la biodiversidad de la Tierra y más de una cuarta parte de sus bosques, según el Programa de ONU para el Medioambiente (PNUMA). Eso despierta el interés de las compañías que priorizan las ganancias por sobre el cuidado del ambiente y sus comunidades. Según la organización Global Witness, el 60% de los asesinatos del 2017 ocurrieron en la región, ubicándose Brasil en el podio internacional con 57 homicidios.

Entre los asesinatos del 2016, el de Berta Cáceres no pasó desapercibido. Mujer, líder indígena y activista ambiental. Defendió los recursos naturales de su Honduras natal y a sus habitantes. El 3 de marzo de 2016 fue asesinada en su propia casa. Entre los acusados hay sicarios, ex militares y responsables de la empresa hidroeléctrica que denunciaba. Aún se espera justicia. Su legado y su lucha se hacen sentir en las páginas del Acuerdo de Escazú.

Carole Excell, directora en funciones del World Resources Institute, y Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), la recuerdan con emoción, demostrando la importancia que el Acuerdo de Escazú se haya abierto a la firma el pasado jueves 27 de septiembre en el marco de la 73° Asamblea General de ONU en Nueva York, Estados Unidos, y que ya haya sido firmado por 15 países, incluyendo la Argentina. Un acuerdo regional que busca garantizar tres ejes en asuntos ambientales: acceso a la información, participación pública y acceso a la justicia.

Un acuerdo participativo. “La sociedad civil participó desde sus inicios hace más de seis años y pudo incorporar muchas de sus propuestas, como los derechos de los defensores ambientales”, explica Aída Gamboa, de la organización Ambiente y Recursos Naturales. El objetivo del acuerdo es contundente: garantizar la participación de las personas en los procesos de toma de decisiones ambientales.

Consultá el Acuerdo de Escazú

Enrique Martua Konstantinidis, asesor de Política Climática de Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), ejemplifica con el caso argentino: “Muchas de las comunidades no tienen acceso, y no se les da la posibilidad de tomar decisiones previamente informadas y participar de audiencias donde puedan expresarse. Hay momentos de conflictividad donde los derechos de las comunidades argentinas se ven vulnerados por proyectos, en su mayoría de la industria extractiva”.

Un acuerdo por la información. “¿Quién tiene el derecho de contaminar y no dar información al respecto? Para algunos, está mal. Para quienes tienen poder, está bien. El Acuerdo de Escazú busca igualar”, de esta manera Andrew Steer, presidente del World Resources Intitute, subraya el rol de la información. Escrita o visual, registrada o sonora, cualquier dato sobre los riesgos o impactos que puedan afectar al ambiente y a la salud humana deberán ser de acceso público.

En diálogo con RED/ACCIÓN, Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL -organismo responsable del acuerdo-, explica: “El sector privado puede ser llamado por parte del gobierno para dar información. Al transformarse en legislación nacional, no sólo los gobiernos, sino también los poderes legislativo y judicial tendrán que garantizar el derecho a la información. La presión de la propia sociedad civil será fundamental”.

En esta línea, el defensor ambiental y activista peruano Lizardo Cauper le suma una distinción: “La información tiene que llegar de forma transparente, completa y con el mismo lenguaje que usa el pueblo para que se entienda”.

Un acuerdo para hacer justicia. “A las comunidades les quitan sus tierras y alimentos. Son víctimas de violencia física, incluso de muerte”, enfatiza Stacey Cram, directora de Política de la organización Namati, y agrega: “Tenemos que educar a las comunidades acerca de cómo se pueden beneficiar con este acuerdo”. La justicia pendiente del caso Cáceres espera redefinirse con este acuerdo. “El acceso a la justicia deberá darse en condiciones de igualdad. Éste es un acuerdo basado en derechos. Debemos terminar con la cultura del privilegio de las elites que tienen la información, el capital y la tecnología”, manifiesta Bárcena. El de Escazú, resalta CEPAL, es el único acuerdo jurídicamente vinculante en la región y el primero en el mundo que incluye disposiciones sobre los defensores de los derechos humanos en asuntos ambientales. Es decir: pueden actuar y expresarse con libertad; sin amenazas, restricciones ni inseguridad, sin todo aquello con lo que luchó Cáceres hasta el final.

Un acuerdo liderado por mujeres. Excell, Cáceres y Bárcena. Tres mujeres. Tres referentes. El Acuerdo de Escazú es resultado de la participación activa de las mujeres en pos del desarrollo sustentable. En conversación con RED/ACCIÓN, la vicepresidenta y ministra de Relaciones Exteriores de Costa Rica, Epsy Campbell Barr, destaca: “Cada vez más, las mujeres están ocupando espacios de poder y, desde esos lugares, hacen que las cosas sucedan. El mundo, América Latina y los países de la región no pueden perderse del talento, la energía y el compromiso de las mujeres”. Como hombre, Martua Konstantinidis celebra el liderazgo femenino: “Uno ve una mayor participación de mujeres en asuntos ambientales. La mujer tiene una sensibilidad y una vulnerabilidad frente a estos temas que la hace tomar decisiones”.

Un acuerdo que recién comienza. 15 países firmaron el Acuerdo en la sede neoyorquina de ONU: Argentina, Antigua y Barbuda, Brasil, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Guyana, Haití, México, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Santa Lucía y Uruguay. El resto lo podrá hacer hasta el 26 de septiembre de 2020. Para que se ponga en vigor, se necesita como mínimo que 11 países lo ratifiquen. Luego deberá incorporarse a las leyes nacionales y crearse nuevas prácticas. Costa Rica ha sido el primer país en ratificarlo. No es casualidad: Escazú es un distrito costarricense donde se adoptó el Acuerdo en marzo pasado. Contenta por el paso alcanzado, pero consciente de lo que aún queda mucho por venir, Bárcena reconoce que “ el desafío es muy grande: los gobiernos tendrán que tomar más a fondo sus responsabilidades con el ambiente, e involucrarse en las relaciones entre poblaciones y empresas”.

“Tenemos que ser cuidadosos con celebrar, pero también prepararnos para el largo tiempo que se viene. Esto no es una batalla de un sólo día, sino que todos los días tendremos que trabajar con todos los actores porque son muchas las violaciones a derechos que ocurren”, asegura Satya Tripathi, consejero de Política Climática y jefe de la oficina de Nueva York de ONU Ambiente. Como expresó Bárcena tras recordar a Cáceres: “No hay ejército que detenga un proceso cuando su tiempo ha llegado. El tiempo de la ciudadanía ha llegado”.

Foto: Laura Jarriel

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Cooperación: la clave para combatir el cambio climático en América Latina

Cooperación: clave para combatir el cambio climático en América Latina

La región tiene que incorporar planes de acción climática al plan de desarrollo nacional de cada país. Y es imperativo vincular la acción climática con otros temas de desarrollo económico.

Por Tais Gadea Lara

28 de agosto de 2018

DialogoChinoPortada







Cooperación entre regiones, entre países al interior de la región, entre ciudades, entre organismos no estatales, entre científicos y tomadores de decisiones, entre hombres y mujeres, entre todos estos actores juntos. La cooperación, el trabajo conjunto, el compartir experiencias parece ser ese eslabón que se necesita con urgencia para incrementar la ambición de acción climática en una de las regiones más vulnerables a los efectos del cambio climático, pero que también se esfuerza por ser líder en ese propósito.

Así se ha manifestado en la celebración de la Semana del Clima de América Latina y el Caribe en Montevideo, Uruguay. El evento formó parte de una serie de semanas climáticas que ya tuvieron sus ediciones en África y Asia-Pacífico en abril y julio pasado, respectivamente. Bajo el lema “Intensificando la acción climática”, durante estos cuatro días representantes de gobiernos, empresas, sociedad civil y organismos multilaterales trabajaron conforme el objetivo de multiplicar la ambición climática en la región y movilizar a nuevos actores para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París.

El rol de nuevos actores

“Creíamos que las negociaciones eran globales y sólo se daban en el ámbito de las Conferencias de las Partes (COPs). Siguen siendo globales, pero también se han sumado los actores no estatales”, asegura Manuel Pulgar Vidal, Líder en Clima y Energía del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y ex presidente de la COP20 en Lima (Perú), y explicita: “Si no trabajamos a nivel doméstico, no hay forma de implementar el Acuerdo de París. Hay que incorporar los planes de acción climática al plan de desarrollo nacional de cada país. Hay que vincular la acción climática con otros temas. Hay que lograr que un sólo esfuerzo tenga un mismo efecto multiplicador”.

El ex ministro de Ambiente de Perú participó en uno de los paneles que tuvieron a la cooperación Sur-Sur como protagonista del debate durante la primera jornada de la Semana del Clima, con el propósito de demostrar su importancia para el cumplimiento de las metas climáticas de los países de la region y la implementación del Acuerdo.

En conversación con Diálogo Chino, Pulgar Vidal expresó al respecto: “Este tipo de cooperación puede realizar un aporte muy fuerte para la acción climática en la región latinoamericana. La gran crítica a la cooperación más habitual ha sido que ha respondido a una agenda impuesta por un país desarrollado que no es sostenible en el tiempo porque luego se modifica su prioridad y que no responde necesariamente a la realidad del país beneficiado. Si somos conscientes que esa es la lógica de la cooperación histórica, ¿cuánto, vinculándonos entre nosotros, podemos hacer para que la cooperación responda a una agenda común, consensuada previamente?”.

Pulgar Vidal subrayó la importancia de hacer esa cooperación sostenible en el tiempo: “No estando repetiendo en el día a día lo que ya probamos. Tenemos que lograr que esa cooperación sea transparente para intercarmbiar las experiencias que hagan que los resultados de ese vínculo beneficien a todos los países”.

Cooperación Triangular y Sur-Sur

Algunas de esas experiencias comenzaron a compartirse durante los talleres de la Semana del Clima, no sólo entre gobiernos nacionales sino también entre los actores no estatales y aquellos representantes de los niveles subnacionales y urbanos. Tal fue el caso de la presentación del proyecto de un trabajo conjunto entre las ciudades latinoamericanas de Buenos Aires (Argentina), San Pablo (Brasil) y Santiago de Chile (Chile).

Patricia Himschoot, gerente de Cambio Climático de la Agencia de Protección Ambiental del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, lo describe: “Es un proyecto que venimos trabajando desde hace un año en el marco de la cooperación Sur-Sur con el Instituto Interamericano para la Investigación en Cambio Global y que se basa en un trabajo co-diseñado entre científicos y tomadores de decisiones para plantear un sistema de indicadores de seguimiento de acciones. En el medio, estamos los técnicos gestores que actúamos como traductores”. Una parte del financiamiento del proyecto cuenta con la aceptación de un grupo chino, pero aún hace falta complementar lo restante para la puesta en marcha.

Uno de los elementos centrales de este proyecto es el rol ciencia para la toma de decisiones frente al cambio climático. Al respecto, el vicepresidente del Instituto de Meteorología de Uruguay, Gabriel Aintablián, manifiesta: “Es un ejemplo de cómo se puede, desde un instituto, generar un espacio de potencial conocimiento esencial para la región que articule a tres megaciudades de países con realidades totalmente distintas. Y se genera desde un espacio enteramente americano con voluntad de intercambiar experiencias para poder diagramar políticas públicas. Eso es la verdadera triangulación”.

DialogoChino2

Aintablián es contundente sobre la importancia de los científicos latinoamericanos para la acción climática local: “Nadie mejor que alguien de la región para comprender los problemas de la región. Difícilmente pueda venir un noruego, un finlandés, un alemán a explicarte lo que es el Río de la Plata o la transformación energética de Uruguay o la protección de océanos en Colombia. Tenemos una capacidad de conocimiento en la región muy importante. Hay que generar esos espacios de diálogo con los políticos”.

En su discurso durante el panel de Alto Nivel, el ministro de Ambiente de Brasil, Edson Duarte, subrayó la importancia de la cooperación Sur-Sur, a través del impulso del Diálogo de Talanoa de Brasil para identificar dónde estamos y hacia dónde queremos ir, instando a otros países de la región a seguir el mismo camino, pero también a Sudáfrica, India y China para que organicen sus propios diálogos nacionales.

“En nuestra NDC -contribución determinada nacional- hay una mención clara de fortalecer nuestras acciones de cooperación Sur-Sur. A través del Fondo Amazonía, apoyamos la instalación de instrumentos para monitorear la deforestación en los ocho países de la cuenca del Amazonas, haciendo una contribución extremadamente relevante para la protección del clima global mediante la preservación de la selva tropical más grande del planeta”, expresó.

En este sentido, Patricia Espinosa, secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas en Cambio Climático (CMNUCC), manifestó en conversación con Diálogo Chino: “Lo que ha hecho Brasil para realizar un monitoreo en tiempo real de las áreas de deforestación y la medición de emisiones brinda un enorme espacio de oportunidad para que otros países de la región se puedan beneficiar”.

Para una de las máximas representantes, que confesó que “su trabajo la llevó a Europa, pero su corazón sigue de este lado del Atlántico”, la cooperación Sur-Sur cumple un rol complementario en todos estos procesos de acción climática: “América Latina y el Caribe tienen una tradición de cooperación Sur-Sur que se ha ido fortaleciendo a lo largo de los últimos 10-15 años en muchos ámbitos, por ejemplo, las medidas de protección y prevención en caso de desastres”.

Los próximos pasos a seguir

¿Hacia dónde vamos luego de esta Semana del Clima en Montevideo? Físicamente, muchos de los oradores y asistentes aquí presentes viajarán a Iguazú (Misiones, Argentina) para participar de lo que será la segunda reunión del Grupo de Trabajo de Sustentabilidad Climática del G20 (Grupo de los 20) la próxima semana, incluyendo a Espinosa y Pulgar Vidal.

Algunos de ellos también viajarán luego a Bangkok (Tailandia), para avanzar en las negociaciones climáticas en una sesión intersesional adicional. El propósito de todos estos eventos es uno: cumplir con las expectativas de ambición e implementación del Acuerdo de París en la próxima COP24 a desarrollarse en Katowice, Polonia, en diciembre próximo.

Espinosa enumera tres objetivos que deben alcanzarse en esta próxima COP24: incrementar la acción climática en el corto plazo con vistas a que los países formulen planes climáticos con metas más ambiciosas, concluir el programa de trabajo del Acuerdo de París, e incrementar los flujos financieros. La Semana del Clima en Montevideo buscó centrarse en el primero, con múltiples oportunidades y desafíos de trabajo que deberán continuarse entre los distintos actores con la cooperación como base.

En esos tres objetivos, hay una cuestión que buscará hacer su lugar para una cooperación igualitaria: la de género. Con desigualdades que se perciben desde la falta de políticas y leyes hasta la escasa consideración para los paneles de discusión, las mujeres buscan hacer sentir su voz como uno de los grupos más vulnerables a los efectos del cambio climático, pero también como uno de los que se desempeña a diario para liderar la acción.

“Durante esta semana se habló de trabajar en la acción climática no de arriba hacia abajo sino de abajo hacia arriba. Y eso implica fortalecer a las organizaciones de base. Abajo estamos nosotros, los pueblos indígenas”, manifiesta Carol González Aguilar, líder indígena, y asegura: “Para cumplir las metas de acción climática necesitamos a los de arriba… y a los de abajo”.

González Aguilar es miembro de la Secretaría Técnica de Mujeres de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA). Su política de género busca asegurar la equidad al interior de la organización y sus distintas filiales. Agradecida por poder hacer oír su voz en un evento de estas características, la joven colombiana recuerda la importancia de escuchar a las mujeres e involucrarlas en los procesos de negociaciones: “El 53% del carbono almacenado en la cuenca amazónica está en nuestro territorio. Las mujeres indígenas somos aliadas fundamentales para cumplir las metas que todos los países tienen que cumplir”.

*Esta nota apareció originalmente en Diálogo Chino y se publica con su autorización.

Diálogo Chino es una iniciativa de chinadialogue, un sitio web independiente, bilingüe, en chino e inglés que promueve la comunicación acerca del medio ambiente y el cambio climático. Es una organización sin fines de lucro con sedes en Londres y Beijing.

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