En Estados Unidos, los plutócratas están ganando

En Estados Unidos, los plutócratas están ganando

La política estadounidense se ha convertido en un juego dominado por los intereses corporativos, con recortes de impuestos para los ricos, desregulación para los contaminadores y calentamiento global para el resto de nosotros. El mundo merece algo mejor.

Por Jeffrey D. Sachs

30 de octubre de 2018

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Los alborotos del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, contra programas sociales y regulaciones ambientales son en parte producto de su ignorancia y narcisismo. Pero también representan algo más: la corrupción del sistema político estadounidense.

La política estadounidense se ha convertido en un juego de, por y para poderosos intereses corporativos, con recortes de impuestos para los ricos, desregulación para los contaminadores y guerra y calentamiento global para el resto de nosotros. Trump no es más que un síntoma, aunque chocante y peligroso, de un malestar político mucho más profundo.

Las políticas de Trump incluyen prioridades ampliamente respaldadas por los republicanos en el Congreso de los Estados Unidos: reducir los impuestos para los ricos a expensas de los programas para los pobres y la clase trabajadora; aumentar el gasto militar a expensas de la diplomacia; y permitir la destrucción del medio ambiente en nombre de la “desregulación”.

Divergencia de intereses entre el poder y la ciudadanía

Pero estas no son las prioridades compartidas por la mayoría de los estadounidenses, ni siquiera cerca. La mayoría quiere cobrar impuestos a los ricos, ampliar la cobertura de salud, detener las guerras de Estados Unidos y combatir el calentamiento global. Trump y sus cómplices se oponen a la opinión pública, no la representan.

Lo están haciendo por una razón: el dinero. Las políticas de Trump sirven a los intereses corporativos que financian campañas electorales y administran efectivamente el gobierno de los Estados Unidos. Hoy en día, las compañías mega-contaminantes ya no necesitan presionar; Trump les entregó las llaves del Departamento de Estado, la Agencia de Protección Ambiental y el Departamento de Energía. Los expertos de la industria también ocupan cargos de personal superior del Congreso.

Gran parte del dinero corporativo puede ser rastreado; el resto fluye de forma anónima, como “dinero oscuro” que evita el escrutinio público. La mayor fuente de dinero oscuro son los hermanos Koch, David y Charles, quienes, con un valor neto combinado de unos $ 100 mil millones, han gastado libremente durante décadas esencialmente para comprar el sistema político de los Estados Unidos. Sus esfuerzos están teniendo éxito.

Un partido Republicano cooptado

Cuando se trata de política fiscal y cambio climático, el Partido Republicano está casi completamente en manos de los hermanos Koch y sus amigos de la industria petrolera. Su objetivo inmoral es simple: reducir los impuestos corporativos y desregular el petróleo y el gas, independientemente de las consecuencias para el planeta. Su maldad es escalofriante, pero es real. Y Trump es su factotum.

Ahora es tarea del resto del mundo decir no a la temeraria avaricia corporativa de los Estados Unidos y a los propios estadounidenses reclamar sus instituciones democráticas mediante la eliminación del dinero oscuro y la malevolencia corporativa que suscribe. Los estadounidenses, y el mundo, merecen algo mejor.

Jeffrey D. Sachs, Profesor de Desarrollo Sostenible y Profesor de Política y Gestión de Salud en la Universidad de Columbia, es Director del Centro de Desarrollo Sostenible de Columbia y de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

© Project Syndicate 1995–2018 | Foto: Nicholas Kamm – AFP

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Una radiografía de la victoria de Bolsonaro: su programa y los hombres clave que lo acompañarán

Una radiografía de la victoria de Bolsonaro: su programa y los hombres clave que lo acompañarán a Brasilia

Su llegada al poder representa un realineamiento económico, social y diplomático de Brasil. Fue la elección más polarizada y trascendente desde el final del régimen militar, en 1985. Para la Argentina es de vital importancia: Brasil es, por lejos, nuestro principal socio comercial y pieza clave en la estrategia de Macri para su reelección.

Por Iván Weissman

29 de octubre de 2018

Supporters of far-right presidential candidate Jair Bolsonaro, celebrate in front of the National Congress in Brasilia, after the former army captain won Brazil's presidential election, according to official results that gave him 55.7 percent of the vote, on October 28, 2018. - Far-right former army captain Jair Bolsonaro was elected president of Brazil on Sunday, beating leftist opponent Fernando Haddad in a runoff election after a bitter and polarized campaign. Official results gave the controversial president-elect 55.18 percent of the vote with more than 99.7 percent of the ballots counted. (Photo by Sergio LIMA / AFP)







Jair Bolsonaro ganó con facilidad la segunda vuelta presidencial con el 55% de los votos frente al 45% de Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores.

El exmilitar de 63 años llega al poder con un mensaje anticorrupción y con una plataforma derechista de privatizaciones y leyes laxas sobre tenencia de armas de fuego y seguridad. Además prometió una radical disminución del déficit fiscal y una ambiciosa reforma de las pensiones.

Será el octavo presidente del país desde el fin de la dictadura militar. Es el primer militar que llega al poder por medio de elecciones desde 1945.

El futuro presidente de Brasil lidiará con el Congreso más fragmentado del mundo. El nuevo parlamento tendrá 30 partidos representados y sin ninguna formación que cuente con más del 12 % de los votos.

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Programa de Gobierno

La principal prioridad de Bolsonaro es arreglar la economía. Los optimistas dicen que una vez al mando, atenuará su discurso incendiario y apuntará a crear una mayoría en el Congreso sin recurrir al clientelismo, como los gobiernos anteriores.

El futuro Ministro de Hacienda, Pablo Guedes señaló que intentarán disminuir el déficit fiscal, realizar una reforma al sistema de pensiones, mejorar el mercado laboral y revisar la estructura de impuestos.

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Los hombres clave que lo acompañan

Generales en ministerios clave y un ultraliberal al frente de la economía, esos son los hombres que acompañarán a Bolsonaro. Su gabinete estará formado, en su mayoría, por hombres sin experiencia política.

– Paulo Guedes, economista de 69 años formado en el liberalismo de la Universidad de Chicago. Él será un “superministro” que tendría a su mando las carteras de Hacienda y Planificación, así como la Secretaría de Inversiones Públicas.

– Onyx Lorenzoni, el director de orquesta. Es diputado desde 2003 y considerado el cerebro de la campaña. Forma parte del partido de derecha Demócratas (DEM) y es reconocido por sus iniciativas anticorrupción. Será el jefe de gabinete.

– Augusto Heleno Ribeiro. Este general cuenta con la admiración de Bolsonaro y fue su instructor en la Escuela Militar en los años 70. Será su ministro de Defensa.

– Oswaldo Ferreira, el general “verde oliva”. Es mencionado como posible ministro de Transportes. Fue el encargado de diseñar el programa presidencial de infraestructura y medioambiente.

– Marcos Pontes, el astronauta. El piloto de la Fuerza Aérea fue el primer brasileño en viajar al espacio, en 2006, a bordo de la nave Soyuz, que lo llevó a la Estación Espacial Internacional (ISS), donde pasó una semana. Este héroe nacional podría asumir la cartera de Ciencia y Tecnología.

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La relación con Argentina

Para la Argentina, el resultado de ayer resulta de vital importancia: Brasil es nuestro mayor socio comercial y de la recuperación económica de Brasil, después de tres años malos, depende buena parte el repunte de la economía argentina y, por ende, el futuro político de este Gobierno.

En Bolsonaro Mauricio Macri tiene un socio político alineado con la derecha. Anoche lo llamó y resaltó a Brasil como “un socio estratégico indiscutible de la Argentina, lo que se refleja en la variedad y relevancia de los temas que componen la agenda común”. Aunque anoche Guedes anticipó que la relación con Argentina y el Mercosur no será prioridad para Bolsonaro.

Para dimensionar esa relación sirve destacar que por cada tres puntos que aumenta el PBI de Brasil, el de Argentina crece un punto, según la Unión Industrial Argentina.

En 2017, como ocurre desde hace décadas, Brasil fue el principal destino de nuestras exportaciones. Las ventas de productos y servicios argentinos a ese mercado llegaron a US$9.316 millones. Cifras oficiales muestran que hoy Brasil recibe el 16% de las exportaciones argentinas, aunque en 2013 la cifra era 21%.

Brasil es también el origen de la mayoría de nuestras importaciones. El año pasado el déficit bilateral para Argentina (exportaciones menos importaciones) fue de US$8.555 millones y representó casi el 90% del déficit comercial total. Aunque la fuerte devaluación del peso de este año hizo que en los primeros 8 meses las exportaciones argentinas terminaran creciendo 23,2% al tiempo que las importaciones prácticamente se frenaban.

Es importante resaltar que las exportaciones de origen industrial a Brasil, las de mayor valor agregado, se proyectan con un aumento del 31% a diciembre con respecto al año pasado. Y cabe mencionar que el 67% de las exportaciones a Brasil son bienes de origen industrial, algo que no ocurre con ningún otro mercado relevante del mundo.

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El desafío de calcular el impacto económico del cambio climático

El desafío de calcular el impacto económico del cambio climático

Ahora está claro que los esfuerzos actuales del mundo para combatir el cambio climático son terriblemente inadecuados. A medida que aumenta la probabilidad de desarrollos catastróficos en un futuro no muy lejano, los economistas que analizan el cambio climático deben ajustar sus modelos en consecuencia.

Por José Antonio Ocampo

29 de octubre de 2018

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La semana pasada ocurrieron dos hechos importantes que inciden directamente en el debate internacional sobre el cambio climático y el modo de enfrentarlo. El primero fue la publicación de un informe del Grupo Intergubernamental de Expertos de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (IPCC por la sigla en inglés), que expone con precisión lo que hay que hacer para alcanzar los objetivos del acuerdo de París sobre el clima (2015). El segundo fue el anuncio de que William Nordhaus, economista de la Universidad Yale, recibirá el Premio Nobel de Economía de este año por su trabajo para “integrar el cambio climático al análisis macroeconómico a largo plazo”.

El primer hecho debería ser un llamado de atención para la comunidad internacional. El informe del IPCC exhorta a los gobiernos a tomar medidas urgentes para lograr una reducción considerable de las emisiones de gases de efecto invernadero durante la próxima década. Advierte que si se permite un aumento de la temperatura global media superior a 1,5 °C –o en el peor de los casos, 2 °C– por encima de los niveles preindustriales, las consecuencias pueden ser catastróficas, y comenzarán a sentirse ya en 2040.

Peor aún, el informe muestra que las “contribuciones determinadas a nivel nacional” (NDC), que los países firmantes del acuerdo de París determinan en forma voluntaria, son muy insuficientes. Incluso si se las cumple, la media de temperaturas globales habrá aumentado más de 3 °C en 2100, y seguirá subiendo después de eso. Es evidente que llegado el momento de revisar las metas acordadas, las autoridades deberán aumentarlas considerablemente.

Los análisis tradicionales subestiman el costo e impacto

Pero se necesitan acciones sustanciales mucho antes de 2030. De lo contrario, el mundo sufrirá daños irreversibles en la forma de aumento de nivel de los mares, pérdida de biodiversidad y deterioro de ecosistemas terrestres y marinos, incluida la posible extinción de los arrecifes de coral de todo el mundo. Estos hechos tendrán un grave impacto sobre los suministros de agua y los estándares de vida y sanitarios de la población mundial. Y no hace falta decir que a mayor calentamiento, peores serán los efectos.

Que se haya elegido a Nordhaus para recibir el Premio Nobel es auspicioso. Pero aun así, hay que señalar que su metodología para estudiar el cambio climático tiende a ser bastante conservadora, es decir, gradualista. Nordhaus se basa en el análisis económico tradicional, que “descuenta” el valor actual del consumo futuro según la tasa de rendimiento del capital (tipo de interés). Es decir, cien dólares dentro de medio siglo pueden valer quince dólares, diez o incluso menos hoy, según el tipo de interés usado. Pero cualquier iniciativa para combatir el cambio climático supone costos en el presente, que son necesariamente superiores a valores actuales. Eso lleva a recomendar que esos costos se vayan abonando lentamente.

El problema de esta metodología es que es injusta hacia las generaciones futuras (que no pueden incidir en las decisiones actuales), porque por definición, calcula su bienestar a un valor descontado. Si nos tomamos en serio la equidad intergeneracional, el principal factor que debemos tener en cuenta es el grado de mejora de las tecnologías futuras respecto de las actuales. Es decir, la tasa de descuento socialmente adecuada debería ser la tasa de cambio tecnológico, que es mucho menor que los tipos de interés del mercado.

Además, puede decirse que el análisis económico tradicional es injusto no sólo hacia las generaciones futuras, sino también hacia los individuos: preguntémosle a un anciano que tenga una pensión inadecuada (o inexistente) si su bienestar actual vale menos que su consumo pasado.

Alternativas más realistas

Una metodología mucho mejor la desarrolló Nicholas Stern, de la London School of Economics. En su ahora famoso informe sobre la economía del cambio climático, ya en 2006 Stern pedía acelerar las acciones para combatirlo. En su opinión, el costo de un calentamiento global descontrolado superaría con creces el gasto de enfrentarlo a tiempo.

Otra alternativa la desarrolló Martin Weitzman, de la Universidad Harvard. Weitzman se basa en herramientas analíticas similares a las que usa Nordhaus, pero su trabajo también tiene en cuenta los riesgos catastróficos asociados con el cambio climático. En tal sentido, su metodología es similar a la del IPCC y a la del Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente (PNUMA), que concluyeron que un calentamiento global superior a ciertos niveles tendrá efectos realmente desastrosos.

En mi opinión, el Comité del Nobel tendría que haber reconocido no sólo a Nordhaus sino también a algunos de estos otros economistas del cambio climático, en particular Stern. El hecho es que la humanidad no puede permitirse encarar esta cuestión gradualmente. El Informe Stern, el último informe del IPCC y el PNUMA coinciden en que es necesario incrementar sustancialmente los esfuerzos actuales de reducción de las emisiones. Esto implica acelerar la transición global a tecnologías de energía limpia (incluido el sector transporte), mejorar la eficiencia en la producción y el consumo de energía, revertir la deforestación, mejorar el uso de la tierra y promover innovaciones tecnológicas que faciliten todos estos procesos.

El mensaje del informe del IPCC es claro. Todos los países deben incrementar sus metas de reducción de emisiones y reforzar sus compromisos conforme al acuerdo de París. Y el país que es históricamente responsable de la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero –Estados Unidos– debe volver al acuerdo y mostrar liderazgo en la cuestión una vez más.

José Antonio Ocampo es integrante de la junta directiva del Banco de la República (banco central de Colombia), profesor en la Universidad de Columbia y presidente del Comité de Políticas de Desarrollo del Consejo Económico y Social de la ONU.

© Project Syndicate 1995–2018

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Qué significa para América Latina la llegada de Bolsonaro a la presidencia de Brasil

Qué significa para América Latina la llegada de Bolsonaro a la presidencia de Brasil

Bolsonaro es sin duda una amenaza a las democracias liberales de la región. Muchos observadores argumentan que la ola de populismo de derecha que ha envuelto a Estados Unidos y gran parte de Europa se dirige a América Latina. Pero si uno mira a Macri en Argentina y Piñera en Chile, existen diferencias clave entre el contexto latinoamericano y el de Europa y los Estados Unidos.

Por Cristóbal Rovira Kaltwasser

26 de octubre de 2018

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El 7 de octubre, aproximadamente el 46% del electorado brasileño votó por Jair Bolsonaro por presidente. Esto significa que casi 50 millones de brasileños respaldaron a un político que propugna una retórica populista radical de derechas, marcada por el autoritarismo, la xenofobia y la misoginia. ¿El éxito de Bolsonaro augura una nueva era de política radical de derecha en América Latina?

El resultado de las elecciones brasileñas es ciertamente motivo de preocupación. Aunque Bolsonaro, quien proviene del mundo militar, fue el favorito, pocos pensaron que lograría más del 40% de los votos en la primera vuelta. En lugar de un resultado ajustado entre Bolsonaro y Fernando Haddad del Partido de los Trabajadores (PT), que terminaría con la victoria de Haddad, todo indica que Bolsonaro será el próximo presidente de Brasil.

Las diferencias con Trump y Brexit

Muchos observadores argumentan que la ola de populismo de derecha que ha envuelto a Estados Unidos y gran parte de Europa se dirige ahora hacia América Latina, donde existen las condiciones propicias para que prosperen políticos populistas. Pero si bien esta preocupación tiene ciertos fundamentos, existen diferencias clave entre el contexto latinoamericano, e incluso el brasileño, y el de Europa y Estados Unidos.

En Europa, el principal problema que alimenta el apoyo a la derecha radical es la inmigración, tema que escaló a lo alto del debate público por la afluencia masiva de refugiados que alcanzó su punto álgido en 2015. Sin embargo, en América Latina los ciudadanos están mucho más preocupados por la prosperidad económica y la seguridad pública que por la inmigración.

En cuanto a los Estados Unidos, la agenda del presidente Donald Trump, al igual que su victoria electoral, depende de la lealtad partidista. Los líderes republicanos pueden tener sus problemas con el estilo de Trump, pero su apoyo ha sido vital para los logros de su administración. Un ejemplo de esto es la confirmación para la Corte Suprema de Brett Kavanaugh, cuya respuesta a las acusaciones de agresión sexual durante el proceso de confirmación lo hubieran descalificado bajo circunstancias menos partidistas.

Por el contrario, Bolsonaro no tiene una poderosa maquinaria partidista para respaldarlo, aunque se rija por las reglas y normas. Es miembro del Partido Social Liberal, que ha cambiado gran parte de su plataforma – abrazando políticas sociales más conservadoras – desde que Bolsonaro se unió este año.

Macri y Piñera no son Bolsonaro

El fenómeno Bolsonaro ni siquiera es representativo de la política latinoamericana más amplia, que últimamente se ha desplazado hacia la derecha, pero sigue siendo moderada. Tanto Mauricio Macri en Argentina como Sebastián Piñera en Chile, elegidos en 2015 y 2017 respectivamente, han gobernado como líderes de centro-derecha.

Teniendo en cuenta esto, parece claro que el surgimiento de Bolsonaro es el resultado directo de las circunstancias particulares de Brasil, que incluyen una devastadora recesión económica y revelaciones de escándalos de corrupción masiva que han manchado el PT y a toda la clase política del país. Pero el hecho de que una presidencia de Bolsonaro no formaría parte de una ola populista de derecha más amplia en América Latina no hace que la perspectiva sea menos peligrosa para Brasil.

Estas condiciones son muy similares a las que facilitaron, a fines de la década de 1990, el auge del venezolano Hugo Chávez, quien implementó reformas institucionales radicales que le dieron un poder prácticamente ilimitado para subvertir los procesos democráticos. Esas reformas son una razón clave por la cual el sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, ha podido convertir al gobierno de Venezuela en un régimen autoritario.

¿Podría una presidencia de Bolsonaro representar una amenaza similar para la democracia de Brasil? La respuesta corta es sí, precisamente porque, al igual que a Maduro, sería difícil para Bolsonaro gobernar de otra manera.

Para gobernar legítimamente, Bolsonaro necesitaría asegurar un amplio apoyo público y entre las élites políticas y empresariales. Sin embargo, aunque el nuevo Congreso de Brasil es más conservador que el anterior, está muy fragmentado, con partidos de izquierda y de derecha que han perdido apoyo. Esto dificultará que el próximo presidente continúe con su programa legislativo, a menos que logre asegurar el apoyo de una amplia coalición.

Por su parte, la comunidad empresarial está dividida sobre la agenda económica de Bolsonaro. Muchos expresan serias dudas acerca de la sostenibilidad de las reformas neoliberales propuestas por su equipo económico.

Además, si el país elige a Bolsonaro, es posible que tenga dificultades para mantener el apoyo popular, dado los desafíos que enfrentará para cumplir sus promesas de campaña. Si no puede producir resultados rápidamente, grandes segmentos de la población podrían volverse en su contra, especialmente dado que el PT conserva una gran base de apoyo que se puede esperar genere una resistencia concertada a una administración de Bolsonaro.

Bolsonaro es una amenaza a la democracia liberal

Bajo estas circunstancias, Bolsonaro y sus aliados militares bien pueden recurrir a socavar la democracia de Brasil, como lo hizo Chávez en Venezuela. Esto podría incluir no solo gobernar por decreto y purgar instituciones estatales, sino también silenciar a los medios de comunicación y reprimir a la sociedad civil. Esto sería irónico: durante la campaña, Bolsonaro a menudo advirtió que un gobierno del PT transformaría a Brasil en Venezuela con sus políticas izquierdistas, aunque las administraciones anteriores del PT no lo hayan hecho.

Como lo ha indicado el ex presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, puede que no sea una amenaza realista, pero ha ayudado a Bolsonaro a movilizar a los votantes que ya estaban enfadados con el PT – y con el sistema político en general – por su participación en escándalos de corrupción masivos. Si esta (comprensible) ira nubla el juicio de los brasileños hasta el punto de elegir a Bolsonaro, sus peores temores pueden hacerse realidad. Su país será arrojado al tumulto, al igual que Venezuela, debido a la rápida erosión de las instituciones democráticas.

En resumen, América Latina en general no se enfrenta a una ola populista de derecha. Pero esto no hace que la amenaza que Brasil enfrenta sea menos potente. Para enfrentarla, los principales partidos de derecha e izquierda tendrán que tomar una posición fuerte y efectiva en defensa de la democracia liberal.

Cristóbal Rovira Kaltwasser es profesor en la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales (Santiago de Chile). Es coautor con Cas Mudde de Populism: A Very Short Introduction y uno de los editores de The Oxford Handbook of Populism.

© Project Syndicate 1995–2018 | Mauro Pimentel – AFP

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En 2019 los estudiantes argentinos volverán a tener menos horas de clases que los países desarrollados

En 2019 los estudiantes argentinos volverán a tener menos horas de clases que los países desarrollados

Como habrá 186 días de clase como máximo y la mayoría de las escuelas tiene jornada simple, los alumnos tendrán 744 horas en el año. Así volverían a estar por debajo del promedio de los países más desarrollados, que es de 799 horas. Y también de países de la región como Chile (1039), Brasil (800) y Colombia (1000).

Por Javier Drovetto

24 de octubre de 2018

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Las escuelas de la Argentina volverán a ofrecer el año que viene menos días de clases de los que las provincias y la Nación se habían propuesto dar y en consecuencia las horas de clase que tendrán los estudiantes del país en 2019, que serían unas 744, volverían a estar por debajo del promedio de los países más desarrollados, que es de 799 horas. Y también de países de la región como Chile (1039), Brasil (800) y Colombia (1000).  

El Consejo Federal de Educación resolvió ayer que las clases comenzarán el 6 de marzo y terminarán el 13 de diciembre. Por lo que habrá como máximo 186 jornadas de clase. Son 6 días más que 180 días obligatorios por ley pero 4 días menos de los que los ministros de educación del país se comprometieron a alcanzar en 2012, de acuerdo a la resolución 165.

Teniendo en cuenta que la mayoría de las escuelas del país (el 91% en las primarias, según la UCA) ofrece jornada simple de cuatro horas, la Argentina ofrecería en 2019, como máximo 744 horas de clase. De esta manera, si se lo compara con un relevamiento hecho por el Centro de Estudios de Educación Argentina (CEA) de la Universidad de Belgrano, el país quedaría muy por debajo de la oferta global.

“En Chile, un chico de cuarto grado de la primaria alcanza las mismas horas de clase que uno argentino que la termina”, aseguró Alieto Guadagni, director del CEA.

Además, Argentina llegará a los 186 días de clase si no hay días de capacitación docente, nuevos feriados puente o paros, algo difícil de esperar si se tiene en cuenta que en los últimos años hubo en promedio 10 días de huelga, según relevó el CEA.

De hecho hoy se hace el noveno día de paro nacional mientras que en la provincia de Buenos Aires suman con la de hoy 27 huelgas en reclamo de una recomposición salarial que compense la inflación.

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Los dos artículos que desataron la polémica en la última declaración de la SIP sobre la libertad de expresión en la era digital

Los dos artículos que desataron la polémica en la última declaración de la SIP sobre la libertad de expresión en la era digital

El documento por primera vez le adjudica responsabilidades a los gigantes de la tecnología: Google y Facebook. Pero críticos alegan que dos puntos incorporados al documento final reflejan los intereses de las plataformas tecnológicas y no necesariamente los del periodismo.

Por Iván Weissman

24 de octubre de 2018

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¿Qué pasó?

La semana pasada la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) celebró su Asamblea General en Salta, donde se firmó una nueva declaración de principios con 13 puntos que apuntan a garantizar la libertad de expresión y prensa en la era digital.

Por primera vez se le adjudican responsabilidades a los gigantes de la tecnología como Google y Facebook, que son los principales intermediarios de la información. El punto 13 en particular dice que “los intermediarios tecnológicos deben comprometerse con el respeto y la promoción de la libertad de expresión y no deben ceder ante presiones de gobiernos u otros grupos de poder”. Y agrega que “sus políticas y criterios que puedan restringir la circulación de contenidos deben ser claros y transparentes. Asimismo, deben adoptar buenas prácticas para resguardar los datos personales y la privacidad de las personas que utilizan sus plataformas y servicios”.

Hasta ahí todos de acuerdo. Pero los puntos 10 y 11 de la declaración generaron una fuerte polémica.

10. La diseminación maliciosa o deliberada de desinformación por parte de actores estatales o privados puede afectar la confianza pública. La desinformación no se debe combatir con mecanismos de censura ni sanciones penales, sino con la adopción de políticas de alfabetización noticiosa y digital. Los intermediarios tecnológicos deben adoptar medidas de autoregulación para prevenir la diseminación deliberada de desinformación.

11. Los gobiernos no deben imponer responsabilidades legales a los actores del ecosistema digital por los contenidos de interés público generados o compartidos por terceros en sus plataformas.

Las críticas

Los críticos entre los miembros de la SIP alegan que esos dos puntos fueron el producto de la campaña de lobby de Google y Facebook y así lograron imponer sus reglas: que los dejen autoregularse y que los eximan de responsabilidad legal si vuelve a suceder algo como lo de Cambridge Analytica.

Afirman que los dos puntos en discusión reflejan casi de manera literal los argumentos que vienen usando Google y Facebool para evitar ser reguladas. Cabe recordar que las plataformas están siendo fuertemente criticadas por el rol que han adquirido en modelar la conversación social y el debate político.

La SIP, entidad privada sin ánimo de lucro dedicada a la defensa y promoción de la libertad de prensa y de expresión en las Américas, está integrada por editores y directivos de más de 1.300 medios de comunicación del continente americano y tiene sede en Miami (EE.UU.).

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Claves para entender la designación del Defensor del Niño y cómo sigue el proceso

Claves para entender la designación del Defensor del Niño y cómo sigue el proceso

Esta semana, los 14 finalistas para ocupar el cargo presentaron sus planes de trabajo ante una Comisión Bicameral del Congreso Nacional. Es la última instancia del proceso de selección del puesto que se encuentra vacante desde 2005.

Por Lucía Wei He

24 de octubre de 2018

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Qué pasó. Los 14 candidatos finalistas para ocupar el cargo a Defensor o Defensora de Niñas, Niños y Adolescentes presentaron ayer, ante una Comisión Bicameral del Congreso Nacional, sus planes de trabajo. Es la última etapa del proceso de selección para la designación del defensor.

Por qué importa. En 2005, el Congreso Nacional sancionó una ley creando la figura del defensor con el fin de asegurar el cumplimiento de los derechos de los niños, niñas y adolescentes del país. Hoy, 13 años después, todavía se encuentra pendiente su designación.

Quiénes son los candidatos. Los 14 postulantes quedaron como finalistas luego de haber aprobado un examen escrito el pasado 28 de septiembre. Fueron seleccionados dentro de un grupo de 68 candidatos que se habían postulado originalmente a la convocatoria abierta. Son 10 mujeres y 5 hombres, la mayoría de ellos abogados, y provenientes de distintas provincias, incluyendo San Juan, Tucumán, Buenos Aires y Río Negro.

Cuáles fueron algunas de las ideas de los candidatos compartidas por Twitter.

"El rol del #DefensorDelNiñoYa será potenciar las voces de los niños y niñas que hoy se encuentran silenciadas. De esta forma se colabora en la realización de una sociedad más justa e igualitaria pero sobretodo más humana", cierra así su exposición Marisa Herrera @herreramarisa12

— Infancia en Deuda (@infanciaendeuda) October 23, 2018

"Es importante que el #DefensorDelNiñoYa considere la creación de instituciones específicas para el consumo problemático en adolescentes" menciona la candidata Roxana Contreras.

— Infancia en Deuda (@infanciaendeuda) October 23, 2018

"El Defensor debe realizar una articulación permanente con los defensores provinciales. En aquellas provincias que aún no han sido nombrados, debe impulsar su designación" Gustavo Álvarez Pereira, candidato para ocupar el cargo de #DefensorDelNiñoYa

— Infancia en Deuda (@infanciaendeuda) October 23, 2018

Cómo sigue el proceso. La Comisión Bicameral hará la selección final del defensor en los próximos días y esperan anunciar la decisión antes del 20 de noviembre. Luego, el o la candidata final deberá ser aprobada por la Cámara de Diputados y Senadores.

¿Querés saber más? Leé esta nota en profundidad o mirá el video completo de la audiencia pública (Parte I, Parte II).

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Presupuesto 2019: qué ajustes se prevén en las partidas para educación, ciencia, salud, vivienda, ambiente, industria y agricultura

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Si el proyecto se aprobara tal cual fue enviado al Congreso, todas estas áreas perderían participación dentro del presupuesto total: bajarían entre un 20% y un 67% en relación a lo que le adjudicaron en 2015. En cambio, la participación de los fondos destinados a Promoción y Asistencia Social crecen un 2,5% respecto a 2015.

Por Javier Drovetto

24 de octubre de 2018

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El proyecto de presupuesto 2019 avanza en el Congreso y mañana obtendría media sanción en la Cámara de Diputados.

Según la argumentación que envió al legislativo, el Ministerio de Hacienda prevé una inflación de 23% y un dólar a $40,10 para el año próximo. Además, estima una caída del PBI del 0,5%.

En ese contexto, la previsión marca una tendencia al ajuste, algo que de hecho ya se está dando este año: el Gobierno bajó el déficit primario un 47% en los primeros nueve meses del año y lo redujo al 1,1% del PBI.

¿Qué áreas podrían perder fondos?

Si el presupuesto fuera aprobado tal cual fue enviado al Congreso, varias de las funciones más sensibles sumarían nuevos ajustes, ya que su participación en el presupuesto total viene en descenso desde 2016, cuando asumió la nueva gestión.

En esa línea se encuentra la inversión en Educación y Cultura; Salud; Ciencia y Técnica; Vivienda y Urbanismo; Agricultura; Industria; y Ecología y Medio Ambiente. Todas estas áreas perderían participación en el presupuesto total: bajarían entre un 20% y un 67% en relación a lo que le adjudicaron en 2015.

En cambio, si bien la participación de los fondos destinados a Promoción y Asistencia Social bajaría respecto a este año, se mantendría un 2,5% arriba respecto a lo destinado en 2015.

En contrapartida, la proporción de fondos destinada a pagar deuda pública crecería un 133% también en relación a 2015.

Foto apertura: Juan Mabromata – AFP

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El alto costo de las altas finanzas para el desarrollo económico

El alto costo de las altas finanzas para el desarrollo económico

Hay algo de de verosimilitud en el argumento de que con las finanzas, al igual que con los bienes de lujo, se puede tener demasiado de algo bueno. Investigaciones recientes sugieren que darle un rol excesivo al mercado financiero en la economía puede ser un obstáculo para el crecimiento.

Por Howard Davies

23 de octubre de 2018

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Mientras siguen trabadas las negociaciones para la salida del Reino Unido de la Unión Europea, otros países europeos están usando el período de incertidumbre respecto de la futura regulación de los mercados financieros del continente para intentar atraer empresas y actividades que hoy operan en Londres hacia centros rivales. Los franceses han sido particularmente activos en la promoción de París, pero Frankfurt no quedó muy atrás (pese al tibio apoyo del gobierno en Berlín). Y otras ciudades, por ejemplo Luxemburgo, Dublín y Ámsterdam, también se mostraron dispuestas a dar la bienvenida a las finanzas. Hacía una década o más que los banqueros no eran tan queridos.

Pero ¿deberían otras ciudades tratar de convertirse en centros financieros internacionales a la manera de Londres? ¿Saben lo que es bueno para ellas y para las economías nacionales de las que forman parte?

La crisis financiera global de 2008 llevó a cierta reconsideración de los pros y los contras. No hay duda de que tener en la ciudad un centro financiero importante beneficia a los concesionarios de Porsche, a los restoranes de lujo y a los bares con show erótico. Pero algunos sostienen que el efecto perjudicial para el resto de la economía es demasiado serio para ignorarlo.

Andy Haldane, economista principal del Banco de Inglaterra, describió a la industria bancaria como un “contaminante”, al menos en parte. Según Haldane: “El riesgo sistémico es un subproducto nocivo” que “puede poner en riesgo a espectadores inocentes en el resto de la economía”. Algunos países (el RU entre ellos) siguen cargando “los costos sociales que tienen las crisis bancarias para el público en general”.

Alguno dirá que el riesgo de incurrir en esos costos se ha reducido considerablemente con las reformas regulatorias, en particular el gran incremento de los requisitos de capital instituido por el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea para los bancos con importancia sistémica. Está comprobado que cuando el ratio de “capital de nivel 1” supera el 13%, el riesgo de crisis bancaria se reduce marcadamente. Aunque nunca es posible eliminarlo por completo, las pruebas de resistencia que hacen las autoridades regulatorias muestran que hoy la mayoría de los bancos importantes podrían sobrevivir a perturbaciones económicas extremas. El Banco de Inglaterra tiene modelos con un 4,7% de contracción del PIB y 33% de caída de precios inmobiliarios, y hasta ahora los bancos han sobrevivido.

El rol distorsivo de las finanzas en el mercado laboral

Pero otros estudios señalan que hospedar un sector financiero demasiado grande conlleva otros efectos perjudiciales. Por ejemplo, Stephen Cecchetti y Enisse Kharroubi (del Banco de Pagos Internacionales, BPI) sostienen que es malo para la productividad y el crecimiento.

Uno de los motivos es la distorsión en la asignación de talento. El sector financiero, que por lo general paga sueldos más altos, priva de mano de obra altamente capacitada y escasa a otras áreas de la economía en las que podría aportar más a la productividad. Cuando yo era director de la London School of Economics, me desconcertaba el hecho de que en una institución con una amplia oferta formativa en ciencias sociales y humanidades, no sólo finanzas y economía, más del 30% de los graduados de algunos años terminaban trabajando en finanzas. Muchos ingenieros salidos del London’s Imperial College aceptaban ofertas de bancos de inversión que les pagaban sumas cuantiosas para que inventaran complicadas estructuras financieras en vez de puentes o máquinas.

El capital financiero prefiero ladrillos a la innovación

Un segundo efecto negativo según Cecchetti y Kharroubi surge de la preferencia de los bancos por invertir en el sector inmobiliario (donde existen garantías) antes que en empresas tecnológicas, donde la inversión es más difícil de evaluar. Los cálculos de los autores sugieren que un alto grado de financierización de la economía (incluso muy inferior al nivel del RU en años recientes) puede ser un obstáculo al crecimiento.

Otros estudios sugieren que los efectos negativos comienzan a sentirse cuando el crédito al sector privado supera el 80‑100% del PIB. Durante la crisis financiera, en el RU ese ratio rondaba el 180%, y ya llevaba algún tiempo muy por encima del 100%. Y otros autores sostienen que un sector financiero voluminoso puede fortalecer el tipo de cambio y así restar competitividad a otras exportaciones.

La Universidad de Sheffield publicó hace poco una investigación más controvertida que va más lejos e intenta estimar el costo económico para el RU de haberse especializado en altas finanzas. Para el período que va de 1995 a 2015, los autores llegan a una cifra de 4,5 billones de libras (5,9 billones de dólares), equivalente a dos años de PIB a valores de 2018.

Si el análisis es correcto, tendríamos que fletar trenes Eurostar para mandar banqueros a París (bien cerrados, no sea que intenten saltar del tren antes de llegar al túnel del Canal). Trasladar Lombard Street al Boulevard Haussmann podría resultar un modo más eficaz de perjudicar a nuestros vecinos que todo lo que probamos los ingleses a lo largo de los siglos.

Pero ¿son cálculos suficientemente sólidos? Hay cierto dejo de credibilidad en el argumento de que en finanzas (lo mismo que en bienes de lujo) hay cosas buenas de las que es mejor tener menos que más. Pero el cálculo del presunto impacto sobre el crecimiento depende del supuesto de que si el sector financiero se va a otra parte, algunos de los profesionales despedidos tomarán puestos en otros sectores de la economía, en vez de irse siguiendo a los empleos financieros donde vayan. Nada garantiza que sea así, o que la pérdida de empleo en el sector financiero se compensará con crecimiento en otra parte. La actividad financiera no es la única causa del mal desempeño del sector fabril británico; también influyen una gestión deficiente y un mal clima de relación laboral.

Pero todo indica que el RU está a punto de embarcarse en un experimento real que pondrá a prueba estas teorías. A menos que en las negociaciones para el Brexit surja un avance sorpresivo que produzca un futuro régimen de libre comercio para servicios además de bienes, veremos con el tiempo un importante traslado de actividades financieras al continente y a Irlanda. Cuando suceda, si sucede, esperemos que los economistas del BPI (de los que todos se burlaban en Londres cuando estaba en la cima) tengan algo de razón.

Traducción por Esteban Flamini

Howard Davies es presidente del Royal Bank de Escocia.

© Project Syndicate 1995–2018 | Drew Angerer – Getty Images North America – AFP

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Santiago Kovadloff: “Pesimistas y optimistas son igual de cobardes, los que importan son los esperanzados”

Santiago Kovadloff: “Pesimistas y optimistas son igual de cobardes, los que importan son los esperanzados”

El escritor y ensayista disertó en el coloquio de Idea, el último jueves en Mar del Plata. Dio un fuerte discurso en el que llamó a construir una mejor Argentina hoy y dejar de postergarlo. Para el filósofo la claves está en la independencia de la justicia.

Por Santiago Kovadloff

22 de octubre de 2018

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Brindo mi gratitud a los organizadores de este encuentro, que ya son veteranos de la búsqueda. Yo llamaría “Idea, empresa consagrada a la exploración”. Querría dar inicio a estar intervención breve con un epígrafe, que es de la presidenta de este encuentro. Ella dijo: es indispensable que tengamos el coraje de soñar. En principio este verbo, el soñar, aparece como verso, la antitesis social del realismo, de tener los pies en la tierra, de saber dónde se está. El sueño parece ser una claudicación ante la realidad.

Ahora bien, vamos a caracterizarlo en consonancia con lo que si duda ella quiso decir, para que sepamos a lo largo de este encuentro, cuál es el costo de la disociación entre sueño y realidad. Soñar no es abstraerse de la realidad, es ir a su encuentro desde un repertorio de ideales. Los hombres que tienen ideales no provienen del pasado. El pasado condiciona el presente en el caso de nuestra Argentina con una pasión dominante, que es la monotonía de la repetición. Soñar es venir desde el futuro hasta el presente con ideales que uno aspira a que insida sobre el presente y permitan transformar lo monótono en sinfónico. Lo sinfónico implica que se ha encontrado una melodía común que solo puede interpretarse a través de distintos instrumentos complementarios. Hay sinfonía donde todos tocan lo mismo sin ser iguales.

Soñar, en suma, es estar desvelado por un presente mejor, y no por un futuro mejor. Solemos incurrir, el corazón es débil, en la idea de que queremos un mundo mejor para nuestros hijos y para nuestros nietos. Generación tras generación queremos un mundo mejor para nuestros nietos… Yo he sido hijo, he sido nieto, yo también quiero para mis hijos, para mis nietos… Acá también hay monotonía mis amigos. ¿Quién no adora a sus hijos y a sus nietos? Pero yo no quiero un mundo venidero mejor para ellos, yo quiero que ahora ellos vivan en un mundo mejor. Porque ahora están vivos, y porque yo estoy vivo con ellos. Y porque es con ellos que quiero que el mundo en que vivamos evidencie que hemos entablado una relación de complementación y no de melancólica esperanza.

Empecemos con lo evidente: la Argentina es un país que está hipotecado con el fracaso en la medida en que tiene deudas contraídas e impagas desde el momento fundacional. Los ideales del federalismo estaban vivos en Belgrano, y siguen predominantemente incumplidos. Los ideales de la integración hemisférica estaban vivos en San Martín, y siguen siendo más materia de sospecha y disidencia que de acuerdo y sostenibilidad.

Vivir en el marco de la ley, haber supeditado el poder político a la ley para que la política sea política sigue siendo una hipoteca con la que aún no hemos cumplido.

Y podríamos seguir enumerando porque hay una fascinación extraordinaria en el relevamiento de lo que no se pudo hacer. Hay un gran consuelo: fíjense ustedes que buena parte del realismo está asociado a la tendencia a decir que dado que todo es como es, todo será como ha sido. Esto es una claudicación del pensamiento, es una renuncia a asumir el desafío del tiempo. Es una negativa a hacer tarea. El hombre es una tarea, no ha venido a este mundo a realizarla en el sentido de consumarla de una vez por todas. Ha venido para ponerla en movimiento: más y más y más y más. ¿Hasta cuándo? Hasta nunca. La tarea no es para terminar, es para perfeccionar. Infinitamente. Un hombre se realiza, una mujer se realiza cuando muere en tarea. Porque hay dos manera de nacer y convendría que hubiese una sola de morir. Nacemos dos veces: una, obviamente paridos por nuestra madre. Y la segunda por nuestros proyectos. Y es conveniente morir una sola, es decir, con nuestros proyectos y no después de la muerte de ellos. Porque es terrible durar. Durar es haber sobrevivido a los propios proyectos.

Está en nosotros decidir si seremos un mundo de espectros, muy parecidos a gente que está viva. O seremos un mundo de realizadores, es decir, de seres apasionados por lo inconcluso, por lo que nació para ser progresivamente desarrollado y nunca terminado. ¿O hay finalización en un vínculo amoroso? O uno alcanza en la amistad ese nivel de desarrollo que le permite decir: “no, nosotros ya somos amigos, ya está, no tenemos más que reiterar la calidad de lo alcanzado”. ¿O uno, con uno, tienen una relación tal que no necesita, al mirarse al espejo, tratarse cada tanto de usted? Es conveniente desconocerse. Pero para desconocerse hacen falta preguntas. Pero no las preguntas surgidas del interés, nacidas de la conciencia de estar hipotecados con el fracaso.

Hacer del fracaso una fuente de aprendizaje es el punto de partida para la reconstrucción de otro sentido del horizonte: ni optimistas, ni pesimistas. Optimistas no, porque el optimista es igual al pesimista, ya lo hemos dicho muchas veces, los dos creen que las cosas son así, uno dice: se van a arreglar; el otro dice: no se van a arreglar. Los dos saben, ya lo entendieron… Son miserables, son cobardes. El hombre y la mujer que importan son el hombre y la mujer esperanzados. Los que ven matices que impiden tener una visión uniforme de la realidad, monotemática. Monocorde. Esos que dicen: sí pero no. Allí donde todo parece igual demos un matiz que nos diga que las cosas son distintas. Allí donde todo parece previsible, demos a irrumpir el viento saludable de lo imprevisible. ¿Y dónde está ese viento imprevisible en la Argentina de hoy? ¿Dónde lo vemos? Lo vemos en la justicia. En el esfuerzo que la justicia en la Argentina de hoy está haciendo para que la política se supedite a la ley, para que volvamos a ser un país constitucional, un país donde la palabra ordena los límites de la acción política. Un país donde el poder no es nunca sinónimo de absoluto. Donde no sea posible ir por todo, donde las instituciones sean complementarias y se fijen límites mutuos para poder trabajar en colaboración.

Se me dirá que esto es muy difícil. ¿Pero qué razonamiento es ese? ¿Por qué tendría que ser fácil? ¿De dónde sacamos que tiene que ser fácil? ¿Lo llamamos a Sarmiento para preguntarle qué fácil le resultó la escuela pública? ¿A Belgrano a dirigir el ejército del norte? ¿A San Martín a cruzar los andes? ¿A Vélez Sarfield a trabajar con la ley en la mano? ¿Al fiscal Nisman le vamos a decir qué es lo fácil? Esos dos tiros están acá. Y sepamos que están ahí. Y sepamos lo que hemos pagado por desoír la ley. Se me dirá que quienes hoy están empujando el esclarecimiento de lo sucedido son hombres también sospechosos porque vienen de un pasado oscuro. Señores, el amor es sucio. Lo que importa en el que lleva adelante una tarea es si la lleva. El arrepentimiento es posible y necesario. ¿O los hombres que nos dieron a nosotros la emancipación eran ángeles? Sepamos advertir que hoy la justicia en la Argentina está cambiando. Estamos en una situación de riesgo, y la cobardía vuelve a preguntar: ¿pero usted cree que se va a llevar hasta el final? ¡Miserables! Corramos el riesgo de llevarlo a fondo, y si fracasamos fracasemos pero a fondo. Seamos alguna vez dignos de la Constitución Nacional.

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