“La agricultura industrial está causando tasas de deforestación peligrosamente altas”

“La agricultura industrial está causando tasas de deforestación peligrosamente altas”

Hilal Elver, Relatora Especial de las Naciones Unidas visitó el país para elaborar un informe del acceso a una alimentación adecuada. Mostró preocupación por el modelo agrícola actual y  marcó la necesidad de promover una dieta más variada. También instó a luchar contra la malnutrición infantil.

Por Florencia Tuchin

26 de octubre 2018

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Cuatro millones de argentinos se enfrentan diariamente a una seria inseguridad alimentaria. Hilal Elver, experta en alimentación de las Naciones Unidas se mostró preocupada por estas cifras tras su visita de 10 días al país. También, advirtió sobre los riesgos que, para el país, implica la política oficial de privilegiar la agricultura industrial por sobre la familiar.

Entre el 12 y el 21 de septiembre, la relatora especial sobre el Derecho a la Alimentación del organismo se reunió con funcionarios de varios ministerios y reparticiones oficiales. También dos provincias: Buenos Aires y Chaco.

En Buenos Aires mantuvo reuniones con pequeños productores de La Plata y recorrió la Isla Maciel, en Avellaneda, donde habló con vecinos que recurren a comedores comunitarios para su alimentación diaria.

En Chaco, visitó los hogares y conversó con miembros de la comunidad Qom en zonas urbanas y rurales. Visitó, además, dos escuelas primarias y un hospital local. El informe final con sus conclusiones será presentado ante el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en marzo de 2019.

–¿Qué fue lo que más la impactó en su visita en la Argentina?
–Observé un aumento en la cantidad de personas que van a los comedores comunitarios o que se saltean una comida, y niños y niñas que se ven obligados a depender de los comedores escolares para tener su comida diaria. La crisis económica repercute en la calidad de los alimentos ofrecidos por estos espacios por el incremento de precios.

–¿Cuáles considera que son  los principales desafíos nacionales en torno a las políticas alimentarias?
–Todos los funcionarios de Gobierno con los que me reuní, me aseguraron que las consecuencias del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional no tendrían impacto alguno en los esquemas de protección social, ya que incluye una cláusula de garantía en este sentido. De todos modos, creo que los efectos indirectos de la crisis económica no pueden ser subestimados y deben tomarse todas las medidas necesarias para asegurar que los derechos de la población y sus medios de subsistencia no sean adversamente afectados. Mi preocupación no son solo los grupos más vulnerables sino también el impacto en la gran población de clase media de Argentina. Soy consciente que durante y aún después de la crisis financiera de 2001, una enorme cantidad de argentinos cayó por debajo de la línea de pobreza. A toda costa debe evitarse que se repita esta experiencia.

–¿Qué aspectos le preocupan del modelo económico?
–Entiendo los desafíos que enfrenta la Argentina. Pero soy crítica de esta decisión del Gobierno, de aprovechar la crisis económica actual para desmantelar el apoyo al sector de la agricultura familiar. El gobierno argentino debería apoyar el sector de la agricultura familiar en el país, a fin de proteger la disponibilidad de alimentos. La agricultura industrial está causando tasas de deforestación peligrosamente altas, con cifras cercanas a los 27 millones de hectáreas por año. En la última década, se destruyeron más de tres millones de hectáreas de bosques para dar lugar a la producción de granos y ganado. No solo debe considerarse la rentabilidad y el crecimiento económico a corto plazo.

–¿Cuál es su opinión respecto al uso de los plaguicidas?
–En Argentina, en los últimos 25 años la aplicación de plaguicidas aumentó diez veces su volumen, de 38 a 370 millones de kilogramos, con un incremento del área cultivada de un 50%, de 20 millones a 30 millones de hectáreas. El glifosato, que en 2015 la Organización Mundial de la Salud declaró como una sustancia probablemente carcinógena, se aplica indiscriminadamente en el país, sin tener en cuenta la existencia de escuelas o pueblos en las cercanías. El uso de plaguicidas está mínimamente regulado y frecuentemente se ignoran las normas internacionales de la FAO. Ni las guías de las empresas ni las leyes provinciales advierten a las comunidades vecinas de los riesgos para su salud o propia vida.

–En estos diez días en el país, pudo recorrer el Chaco ¿Cómo afectó la expansión de las actividades agrícolas a las familias de los pueblos indígenas?
–Las familias se vieron forzadas a dejar las zonas en las que vivían y, en algunos casos, tuvieron que migrar hacia las ciudades cercanas en busca de trabajo. Además, el desmonte como parte de la expansión de la frontera agrícola, limitó severamente la disponibilidad y el acceso a las plantas, así como a los animales de caza y la pesca.

Durante este viaje, realicé el seguimiento de una decisión del año 2007 como resultado de un reclamo que presentó el Defensor del Pueblo de la Nación ante la Corte Suprema de Justicia, y que involucra el fallecimiento de integrantes de la comunidad originaria Qom en la región conocida como El impenetrable. La Corte Suprema ordenó a los gobiernos nacional y provincial que tomaran una serie de medidas para asegurar que los habitantes de la región reciban atención sanitaria y alimentaria adecuadas. Este caso ilustra la importancia del papel que juega el Defensor del Pueblo de la Nación, por lo que es clave que se designe alguien para ocupar el cargo lo antes posible, para que pueda plantear los casos de violación de los derechos humanos. El cargo está vacante desde el año 2009.

–¿Los argentinos llevan una alimentación saludable?
–La dieta argentina tiende a mostrar una monotonía de alimentos, con un consumo concentrado en tres productos básicos: carne, leche y pan. Solo un 6% de la población consume la cantidad de frutas y verduras recomendada por la Guía Alimentaria de la Organización Mundial de la Salud. Argentina es el país de la región que consume la mayor cantidad de productos ultraprocesados per cápita por año (194,1 kg), y lidera el consumo de gaseosas, con 131 litros per cápita, por año. Como resultado de estos datos, Argentina es uno de los países de la región con los índices más elevados de obesidad.  El 7,3% de los niños menores de cinco años son obesos, el índice más elevado de América latina.

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